domingo, 30 de julio de 2023

LOS FONSECA: FAMILIA, HISTORIA Y OBRA. Parte I

Dedicatoria: Difícil es escribir algo más acerca de los Fonseca, después de lo publicado sobre esta familia por Luis Vasallo Toranzo y por Adelaida Sagarra Gamazo. Quienes, junto a José Navarro Talegón, han mantenido viva su memoria; logrando lo imposible, para que sus obras y monumentos se conserven. A todos ellos, mi agradecimiento y mi admiración.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres imágenes de libros publicados por los autores antes citados, en cuyas investigaciones vamos a basar nuestro estudio. Arriba: LOS FONSECA, LINAJE Y PATRONATO ARTÍSTICO, del profesor Luis Vasallo Toranzo; una monografía increíblemente documentada y perfectamente escrita, donde podemos conocer todo sobre esta familia del Renacimiento. Al lado, ARQUITECTURA EN TORO (1500-1650), también de Vasallo Toranzo; un estudio admirable que recoge los edificios toresanos construidos desde finales del siglo XV a mediados del XVII (actualmente, desaparecidos en su gran mayoría). Abajo, JUAN RODRÍGUEZ FONSECA, UN TORESANO EN DOS MUNDOS, de Adelaida Sagarra Gamazo. Una biografía de este famoso obispo y su labor como representante de la Corona para la empresa indiana (organizando la primera fase en la colonización y evangelización de América).



Los capítulos se desarrollan en un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas). Si desea leer el artículo entre líneas, bastará seguir las letras negrillas y las rojas destacadas.

ESTA ES LA PARTE PRIMERA,PARA LLEGAR A LA SEGUNDA, PULSAR: https://artesimbologiayhumanismo.blogspot.com/2023/07/los-fonseca-familia-historia-y-obra_30.html

Existe un índice general de artículos que contiene este blog, al que se llegará pulsando el siguiente enlace: https://artesimbologiayhumanismo.blogspot.com/2023/07/indice-de-articulos.html

EL PRESENTE ESTUDIO SE BASA EN UN TRABAJO ANTERIOR, QUE SE PRESENTÓ EN UNA SERIE DE CAPÍTULOS A LOS QUE SE ACCEDE A TRAVÉS DE ESTE LINK: https://leyendas-de-la-mota-del-marques.blogspot.com/2023/04/maria-de-fonseca-y-rodrigo-diaz-de.html





SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Tres imágenes de Olivenza, actualmente Badajoz y antaño portuguesa. Fue uno de los señoríos principales y primeros de los Fonseca.










A) LOS FONSECA DE PORTUGAL:

I)- ORIGEN MÍTICO Y VERDADERO DE LOS FONSECA:

Durante e Renacimiento y la Baja Edad Media, se extendió la “moda” de crear genealogías fabulosas; siendo uno de los más famosos escritores dedicado a este tipo de textos imaginados, Giovanni Bocaccio. Quien en su “Genealogía de los dioses paganos” relata cómo alguna de las familias nobles italianas, descendían de Marte, del dios Pan o del mismo Zeus. De un modo parecido y a la usanza renacentista, recogió la historia de sus antepasados un descendiente de los más ilustres Fonseca, hacia 1590; llamado también Don Alonso, que era caballero de la Orden de Santiago y procurador de la villa de Toro. Del que nos dice Adelaida Sagarra Gamazo (1) , que publicó EL LIBRO DE LOS FONSECA (2) ; donde se afirma que los orígenes más lejanos del apellido vienen de Centro Europa, descendiendo de la Casa Real de Hungría, cuyos miembros en el siglo XI se trasladaron a la Península Ibérica. Posteriormente, Adelaida Sagarra reconsidera esa idea de los ancestros húngaros; citando a los Hermanos Carrafa -especialistas en genealogía- quienes expresan sobre los Fonseca, se trata de nobleza portuguesa, tan solo oriunda del país vecino (3) . Por lo que menciona como tronco más conocido, a Men Rodríguez de Fonseca; que en 1085 se cree que estuvo en la Reconquista de Toledo (en los años de El Cid), pasando a Portugal con Enrique de Borgoña -uno de los más insignes monarcas lusitanos-.

Acerca del mismo tema, Eduardo Pardo de García y Valdés, nos habla de hechos paralelos; escribiendo en su estudio sobre esta saga: El nuevo arzobispo de Santiago, don Alonso de Fonseca Acevedo, procedía de un ilustre y antiguo linaje, con relaciones familiares en las casas reales de Portugal y España. Según el rev. P. Gándara, el linaje tien su origen en un caballero de sangre real húngara, llamado Paián, que vino a luchar en España contra los moros en el reinado de Alfonso VI. Descendiente de este caballero húngaro, figura, como segundo nieto en las genealogías que hemos consultado, un Men González de Fonseca, citado por Argote de Molina, como el primer caballero de este linaje. Men González de. Fonseca fue patrón del monasterio de Menhecia y marchó a la guerra de Portugal al servicio del rey Sancho I, donde se casó con doña María de Tabares y se establecen en este reino, siendo señores de Mora, Casiano, Condavinto, Castel Rodrigo, Tierra de Pañoya, Barroso, Ponte del Real, Daymez, Sosel, y muy especialmente, de Olivenza” (4) .

Sigue Eduardo Pardo de García y Valdés, describiendo el origen de la saga Fonseca en Portugal; diciendo textualmente -citando a José Santiago Crespo Pozo (en Blasones y Linajes del reino de Galicia; vol. II, 433)-: “Men González de. Fonseca fue patrón del monasterio de Menhecia y marchó a la guerra de Portugal al servicio del rey Sancho I, donde se casó con doña María de Tabares y se establecen en este reino, siendo señores de Mora, Casiano, Condavinto, Castel Rodrigo, Tierra de Pañoya, Barroso, Ponte del Real, Daymez, Sosel y muy especialmente, de Olivenza” . Completando la genealogía al recoger este autor el estudio de Gonzalo Argote de Molina (Nobleza de Andalucía, Jaén 1866) donde se afirma que: “Hijos de Men González de Fonseca y de doña María de Tabaries fueron, entre otros, don Vasco Méndez de Fonseca, muerto ,en 1277, que casó con María de las Medallas, conocida también como Mayor Martínez por otros autores, que fueron padres, a su vez, entre otros, de Vasco de Fonseca, obispo de La Guardia, y de Rui Vazques de Fonseca, que sigue la línea de este linaje, siendo embajador del rey de Portugal; casó este Rui Vazques con doña María González Moreiras, y de este matrimonio nació doña Mayor de Fonseca, que casó con Gil Fernández Carballo, maestre de la Orden de Santiago en el reino vecino, y Pedro Rodríguez Fonseca, que casó con Leonor Estébanez, que otros autores la llaman Mayor Pérez”. - SIC (4) -





SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Tres imágenes de Castelo Rodrigo (Figueira de Castelo Rodrigo; Portugal). Fue uno de los señoríos principales de los Fonseca durante los siglos XIII y XIV. Arriba, arco de paso a su muralla; al fondo se divisa el llano que llega hasta el Douro Superior (el primer Duero, que es fronterizo con España). Al lado, rollo de justicia y calles de la localidad. Abajo, el famosísimo aljibe árabe en la parte superior de la fortaleza.







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Castelo Rodrigo (Figueira de Castelo Rodrigo; Portugal, señorío que fue de los Fonseca). Es inigualable la riqueza en viñas, olivos y almendros de estas tierras regadas por el Duero -Douro Superior, en denominación de origen-. Al lado, su iglesia. Abajo, sus murallas.




Del mismo modo, Adelaida Sagarra, recoge la historia de los diferentes Fonseca más antiguos en sus dos grandes trabajos sobre esta familia -JUAN RODRÍGUEZ DE FONSECA, un toresano en dos Mundos" y "EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO ..." -ver cita (1) pag 75 y ss . Describiendo el modo en que sirvieron a sucesivos soberanos lusos; destacando los antes mencionados, llegados desde Hungría. Quienes, según nos dice la autora (siguiendo “El Libro de los Fonseca”), tienen su tronco común en dos caballeros Húngaros que durante la Reconquista vinieron a ayudar al rey de Castilla, Alfonso VI. Aquellos se llamaban Pierres y Payán, eran descendientes del primer monarca de Hungría; y llegaron en barco con sus parientes, para establecerse junto a sus servidores, entre el Duero y el Miño, en 1062. Más tarde conquistarían la Sierra de la Estrella en Portugal y llegaron a Quintana de Fuente Seca (Fuenseca), esperando hacerse con e lugar. El día antes de la batalla, aparecieron en el firmamento cinco luceros, que interpretaron como una señal de victoria; marchando a batalla y ganando a los moros el dominio de la zona. Haciendo suyo el escudo con cinco estrellas de gules (rojas) en campo de oro (amarillo). Lograron más tarde conquistar Soto de Luimir y con Coutiño; dividiendo entre Pierres y Payán las tierras conquistadas y quedándose el primero con Fuente Seca, que le dio apellido (Fonseca). Una vez asentado en su territorio, Pierres el de Fuente Seca, se casó con Inés Vázquez y así serían padres de Men González de Fonseca, primer señor de Quintana Fonseca; quien luchó con Alfonso VI en la conquista de Toledo, en el año 1085. (4b)

Men González de Fonseca, regresaría a Portugal, donde se establece en esta época una nueva linea dinástica real , al mando de un reciente monarca; casándose con Dordía González y siendo padres de Pedro y de Rui Méndez de Fonseca, quienes lucharon junto a Sancho y Alfonso II, de Portugal. Ambos hermanos se enrolaron en las guerras de Reconquista, muriendo Pedro en batalla y regresando Rui, que se casa con Urraca Ruiz; teniendo un hijo también llamado Men (González, o bien Ruiz). Este Men Ruiz de Fonseca sirve valerosamente a Alonso II de Portugal y a Urraca de Castilla, contrayendo matrimonio con María Pérez de Tabares. La siguiente generación que desciende de ellos, estuvo formada por Rui, Lorenzo y Vasco, González de Fonseca. Llegando el último a Consejero del rey Alfonso III, quien otorga numerosas prebendas a Vasco González de Fonseca. Del que regresando a su padre, Men R. (o G.) de Fonseca; hemos de destacar que fundó el convento de San Martín de Mancelos. Monasterio que la autora recoge como Mancellos, y que -sabemos- se sitúa a unos diez kilómetros de Amarante; recordando la Historia que fue creado por Men Gonçalvez da Fonseca (5) en el año 1110 -lo que nos puede hablar del entorno y hechos de esta familia durante el siglo XII-.

Después de los destacados miembros antes recogidos, hemos de seguir la saga con los ya citados “Vasco Méndez de Fonseca, muerto ,en 1277, que casó con María de las Medallas, conocida también como Mayor Martínez por otros autores, que fueron padres, a su vez, entre otros, de Vasco de Fonseca, obispo de La Guardia, y de Rui Vazques de Fonseca, que sigue la línea de este linaje, siendo embajador del rey de Portugal; casó este Rui Vazques con doña María González Moreiras, y de este matrimonio nació doña Mayor de Fonseca, que casó con Gil Fernández Carballo, maestre de la Orden de Santiago en el reino vecino, y Pedro Rodríguez Fonseca, que casó con Leonor Estébanez”. Más tarde nacería Pedro Rodríquez de Fonseca, quien combate en 1340, en la famosa batalla del Salado, junto a Alfonso XI de Castilla (padre de Pedro I). Este, a su vez, fue padre de Rui Pérez de Fonseca; por cuyos servicios, dice la crónica que le enriqueció mucho el rey Don Pedro; debiendo entenderse que se trata de Pedro I de Castilla -no de Portugal, que reinaba en mismas fechas que su homónimo lusitano-. Pues menciona entre los dones y tierras concedidos a aquel Rui Pérez de Fonseca, numerosos viñedos y pagos de cereal, situados en el término de Castelo Rodrigo. Un lugar hoy casi fronterizo con España (cercano a Almeida); que antaño dependía de la desaparecida Calábriga -por lo tanto, del episcopado castellano de Ciudad Rodrigo-.

La cita anterior nos revela que los hechos narrados son previos a 1369, cuando el monarca castellano (Don Pedro), fue asesinado por su hermanastro Enrique de Trastámara; entronizado el fratricida desde entonces, como Enrique II de Castilla. Confirma que Rui Pérez de Fonseca servía al rey hispano, asesinado por los Enríquez; la circunstancia de que seguidamente cite a su hijo, nacido de Doña Mayor Pérez y también llamado Rui Pérez de Fonseca. Del que -en este caso- se afirma que fue un hombre enfermo y por ello actuó como contador de los reyes Alfonso y Pedro de Portugal. Más tarde, habla EL LIBRO DE LOS FONSECA, del siguiente en línea (nacido de Rui y Leonor Rodríguez) llamado Pedro Rodríguez de Fonseca, último señor de Quintana de Fonseca (6) . En este momento debemos hacer un alto, pues ya los Fonseca se verían alejados de la Corte hispana, cuando los hermanastros del rey Don Pedro I de Castilla, ganan la guerra; después de lograr dar muerte al monarca, apuñalándole en Montiel en 1369. De este modo, entró la Casa Trastámara en nuestro país, anulando a la de Borgoña (legítima dinastía, que también gobernaba en Portugal). Estableciendo una nueva familia real, al proclamarse Enrique II, hasta entonces Conde de Trastámara y subiendo de esta forma al trono. Siendo primogénito de la amante de Alfonso XI (no de mujer legítima); nacido de los amores furtivos del padre de Don Pedro I. Al que el hermanastro Enrique mató por su mano y a traición; tal como Caín hizo con Abel. Momento histórico en que se romperían gran parte de las relaciones entre Castilla y Portugal.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Cuadro genealógico primero de los Fonseca. Arriba, panel entero, la larga genealogía que comienza en el Caballero Húngaro del que decía descender Alonso de Fonseca (de Toro).
Termina en este caso en la madre de Alonso I, Doña Beatriz de Fonseca y Botelho, hija de Pedro; exiliados en Toro tras la derrota de Aljubarrota (1385) ABRIR EL PANEL COMPLETO, PARA LEER. Abajo, el mismo cuadro en su parte primera: Desde el primer ancestro, hasta Pedro Rodríguez de Fonseca, casado con Leonor Estébanez.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Otros dos cuadros genealógicos de los Fonseca; en este recojo más hijos del famoso matrimonio exiliado en Toro en 1385. Arriba, desde Pedro Rodríguez de Fonseca, que combate en la batalla de Salado en 1340; hasta Pedro Rodríguez de Fonseca, que se exilia en Toro, en 1385. Abajo, desde Pedro de Fonseca de la batalla de Salado, hasta los hijos de Pedro Rodríguez de Fonseca, exiliado en Toro en 1385. Cuya descendencia fue: Pedro Rodríguez de Fonseca, obispo y cardenal (muerto en El Vaticano 1420). Leonor, fallecida antes que sus padres. Juan, alcaide de Tiedra, señor de Badajoz, del Consejo Real (asentado en Mérida). Beatriz, de cuya descendencia nace la más famosa saga; madre de Alonso de Fonseca (el viejo) y de Fernando de Fonseca, abuela de Alonso II de Fonseca y de Antonio de Fonseca (entre otros).




II)- LOS FONSECA Y LA CRISIS SUCESORIA EN CASTILLA Y PORTUGAL:

Como hemos dicho, durante una misma época (entre 1350 y 1370) gobernaba Portugal un rey homónimo al de Castilla, también llamado Pedro I; cuya “historia amorosa” tuvo mucho en común con la del progenitor del hispano. Pues este Don Pedro luso, padre de Fernando y de dos infantas, habidas con su primera esposa (Constanza de Manuel); se sabe que amaba con locura a una de las damas de compañía de su esposa, de origen gallego y llamada Inés de Castro. Por lo que en 1354, Pedro (ya viudo y todavía príncipe) decide contraer matrimonio morganático y secreto con la bellísima gallega Inés; que le dio cuatro hijos más (dos varones). Estas segundas nupcias y su nueva prole, hizo que los nobles portugueses intrigasen para evitar una reina extranjera o un cambio de dinastía; decidiendo asesinar a Inés. Al parecer, el turbio asunto tuvo el beneplácito del rey Alfonso (padre de Pedro) y su motivación se blandía en que Galicia podía intervenir en el orden hereditario del trono; pues Inés descendía del rey Sancho y era hermanastra de Juana de Castro, quien contrajo nupcias con Pedro I de Castilla (el luego asesinado por los Trastámara). Así, la negativa del monarca luso a que su hijo siguiera con Inés, se debía a que el referido matrimonio entre Juana de Castro y el castellano rey Don Pedro, fue nulo y un tortuoso hecho que le llevó a la ruina. Ya que el soberano hispano estaba antes casado con Blanca de Borbón, quien reclamaba su posición como reina y mujer. Motivo este por el cual Francia terminó apoyando a los hermanastros bastardos de Pedro de Castilla; quienes en el transcurso de una guerra civil por la corona, le asesinaron y subieron al trono (iniciando la Casa de los Enríquez).

Esta truculenta historia que había llevado a la tumba al monarca hispano, derrocando a la dinastía de Borgoña en tierras castellanas, imponiendo a la de Trastámara. Motivó que el todavía rey de Portugal (Alfonso) tolerase que algunos nobles asesinasen a Inés de Castro, amante de su hijo -con el fin de evitar los problemas vividos en el país vecino, por temas sucesorios-. Pero al enviudar, Pedro el portugués, enloqueció; envuelto en sed de venganza. Además, al verse solo, decidió amancebarse con una plebeya llamada Teresa Gille (al parecer, sirvienta de su segunda esposa, Inés); de la que nace un hijo natural más, de nombre Juan. Por todo ello este príncipe luso, dejaría un gran problema de estabilidad social y familiar, que hereda su sucesor, Fernando. Así pues, cuando en 1367 muere Pedro I de Portugal y su hijo fue proclamado como Fernando I; subió al trono con enorme preocupación, debido a la cantidad de hermanastros varones que tenía, y de diferentes ramas. No solo porque entre aquellos hubiera tres hombres, bien reconocidos y con posibilidad de hacerle frente; sino -principalmente- por lo que sucedía durante esos años en Europa (la guerra de los Cien Años) y la repercusión que había tenido en Castilla. Donde se había producido la sublevación de los bastardos Trastámara, que por entonces guerreaban contra su hermano (Pedro I, al que finalmente vencen y matan). Así pues, cuando le llega la noticia de que los sublevados en el país vecino, habían logrado en 1369 asesinar al rey legítimo y consolidarse como una nueva dinastía castellana (al mando de Enrique II de Trastámara). Fernando de Portugal encabeza una encarnizada lucha contra aquellos que considera usurpadores de ese trono hispano; organizando las conocidas “tres guerras fernandinas”. Donde los lusos fueron repetidamente vencidos, por las tropas de los afines a los Trastámara.

Finalmente, tras años de lucha y derrotas, el soberano luso se vio forzado a pactar con el reino vecino. Usando para ello la belleza y la existencia de su hija Beatriz, logrando renovar las paces con Enrique II de Castilla; proponiendo casarla con su primogénito. Así es como en 1383, se firma un tratado entre ambas naciones (conocido como el de Salvatierra); fijando el matrimonio y estipulando que si Fernando de Portugal muriese con la descendencia tal como en ese momento se encontraba -sin vástago masculino y siendo su hija mayor, Beatriz-. Ella heredaría la corona lusa y su marido (Juan I de Castilla, hijo de Enrique II) pasaría a reinar conjuntamente, en aquel país. Para no interferir demasiado en el gobierno lisboeta, ni dar a entender que dicho tratado era una “rendición”; pretendiendo mostrar que más bien se trataba de un pacto con intento de unificación. Se establece en Salvatierra, que mientras Beatriz y Juan no tuvieran un hijo mayor de catorce años, capaz de ostentar la corona portuguesa; la viuda de Fernando I, sería regente en Portugal (tratándose de una noble castellana, llamada Leonor Téllez de Meneses). Así se firmó el acuerdo y tan pronto como entró en vigor (solo unos meses más tarde de morir Fernando) fue rechazado por los nobles portugueses, debido a que Juan I se proclamó directamente rey del país vecino -argumentando que su mujer tenía derechos como primogénita única, de la corona-. Esta actitud del consorte de Beatriz, provocó una rebelión popular, que torpemente el castellano quiso apaciguar con las armas; terminando en una terrible guerra civil. La contienda duró unos dos años y fue encabezada por el hermanastro menor de Fernando I: Juan, maestre de la Orden de Avis; nacido de los furtivos amores del rey Pedro I con Teresa Gille(n), sirvienta de su segunda esposa (la asesinada Inés de Castro).

Desde el momento que relatamos, este bastardo Juan (maestre de Avis), se sublevó contra el tratado de Salvatierra; iniciando una matanza de ilustres personajes cercanos a la regente (Leonor Téllez de Meneses). Viuda de Fernando I, que aterrorizada ante la escabechina, terminó huyendo de Lisboa. Tras ello, ofrecen a la depuesta regente casarse con el mismo Juan de Avis (hermanastro de su marido) y dirigir conjuntamente la nación; pero Leonor lo rechaza. Finalmente, se reconocen derechos sucesorios al primogénito de Inés de Castro (segunda mujer de Pedro de Portugal) y se nombra a Juan de Avis garante de este nuevo orden. Tras ello, Leonor Téllez de Meneses, renuncia definitivamente a la regencia y pide ayuda a su yerno (Juan de Castilla) que entra en guerra plena contra el maestre de Avis y los sublevados. Por su parte, estos que se enfrentaban al rey castellano, exponen su rechazo ante los poderes de Inglaterra, argumentando que la dinastía de Trastámara era de origen bastardo. Afirmando que el padre del monarca que pretendía gobernarles (Enrique II); fue solo un usurpador al trono, proclamado tras apuñalar al verdadero soberano (Don Pedro I de Castilla).

Los hechos descritos tenían un argumentario dinástico perfectamente justificado y los ingleses aceptaron como legítima la sublevación de Lisboa; precisamente porque los hijos de Pedro I de Castilla, se habían establecido en Inglaterra (obligados a huir, tras el asesinato de su padre). De este modo, en 1386, los lusos y los británicos firmarían el Tratado de Windsor; por el cual Inglaterra y Portugal aceptaban que los reyes verdaderos de Castilla eran Juan de Gante y la hija de Pedro I, llamada Constanza. Lo que suponía una ramificación de la Guerra de los Cien Años; en la que por entonces se hallaban enzarzados los británicos con Francia. Pues los galos habían apoyado a los hermanastros de Pedro I de Castilla en su lucha por el trono, hasta lograr que lo asesinase Enrique, gracias a la famosa traición de Bertrand Dugesclin.

Consecuentemente, desde 1383 (ante la crisis entre Castilla y Portugal) se fue sucediendo la ayuda llegada desde las Islas Británicas, hasta las costas lusitanas; abasteciendo al ejército de Juan de Avis. Logrando los ingleses que en 1385 derrotasen al hispano Juan I, en la famosa batalla de Aljubarrota. Siendo así, como aquel hermano bastardo de Fernando I, se proclamó monarca; subiendo al trono con el nombre de Juan I de Portugal (dando origen a la dinastía Avis, paralela en su semblanza a la de Trastámara). Momento en que algunos de los nobles del país vecino se mantuvieron fieles a la reina Beatriz y a su marido (Juan I de Castilla); viéndose obligados a huir del lugar de origen. Siendo este el caso de Pedro Rodríguez de Fonseca, que terminó exiliándose en la ciudad zamorana de Toro, donde finalmente residió su señora y soberana, doña Beatriz de Portugal (primogénita de Fernando I de Portugal y monarca legítima de aquel reino que en 1385 la expulsó).




SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
arriba y al lado, fotografías de Tiedra y su castillo, del cual fue alcaide el heredero de Pedro de Fonseca; llamado Juan de Fonseca y Botello, cabeza de la saga que residió en Badajoz. Como veremos, estos Fonseca afincados en Extremadura, fueron señores de las tercias pacenses y terminaron siendo titulados como marqueses de Orellana (en 1610); y -en otra rama- marqueses de Lapilla (1643). Abajo, la colegiata de Toro, donde se enterraron los primeros Fonseca castellanos (llegados desde Portugal y sus descendientes que residieron en Extremadura).







SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba, cuadro genealógico de los descendientes de Pedro Rodríguez de Fonseca e Inés Botello, realizado por Vasallo Toranzo y presentado en su libro LA ARQUITECTURA EN TORO -ver (18) -. Abajo, la misma genealogía, tal como la recoge Luis Vasallo en su obra LOS FONSECA: LINAJE Y PATRONATO ARTÍSTICO -ver (13) -.




A) LOS FONSECA EN CASTILLA:

I)- LLEGADA DE LOS FONSECA A CASTILLA:

Decíamos en nuestro anterior estudio que el linaje de los Fonseca, de Toro, es de los más claros y señalados que conoce nuestra genealogía. Procediendo de uno de los pocos caballeros portugueses que permaneció fiel al rey Juan I de Castilla, cuando se pierde la batalla de Aljubarrota (en 1385). Recordaremos que aquella guerra hispano-lusa, fue el final de una gran crisis que comenzó entre los portugueses y los castellanos dos años antes, cuando muere Fernando I de Portugal. El problema entre ambos reinos se generó, debido a que la esposa del soberano español (la princesa Beatriz) era la primogénita y heredera legítima de la corona portuguesa; por lo que su marido -Juan I de Castilla- deseaba proclamarse rey consorte del país vecino. Sin poder hacerlo, pues la viuda del rey Fernando (el recientemente fallecido) estaba designada como regente, hasta que un hijo de Beatriz y de Juan I pudiera ocupar el trono luso (llegando a unificarlos posteriormente, si así lo deseaban).

Finalmente, con la ayuda de Inglaterra, los portugueses lograron vencer al rey de Castilla, en aquel lugar donde hoy se levanta el precioso Monasterio de Batalha; junto a Alcobasa, que conmemora este enfrentamiento. Una terrible derrota para Juan I, que no solo entronizo a los Avis; sino -además- fue el final de la Casa de Borgoña en territorio luso. Una dinastía de igual origen y sello que la familia real castellana, que acabó sus días cuando Inglaterra se alió con el caballero y maestre del la Orden de Avis (quien terminó siendo Juan I de Portugal). De este modo, los lusos pudieron hacer frente a los hispanos, proclamando una nueva línea de monarcas; independizándose de lazos con las familias de Castilla -tras Aljubarrota-. Desde esa fecha (1385), se considera que Portugal fue totalmente ajeno a los controles españoles, tras firmar un pacto con los ingleses -en vigor todavía-; quienes por entonces aprovecharon para atacar Galicia y otras tierras de dominio castellano. Una confrontación que comenzó cuando Juan I pretendió dominar Portugal y los lusitanos argumentaron que la Casa de Trastámara no era legítima. Aseverando y comunicando a Londres que los descendientes del verdadero rey de Castilla, se encontraban en Inglaterra. Por lo que no reconocían a Beatriz y menos a Juan I; pasando a considerar los nobles lusos, tan solo soberanos de Castilla, a los nietos de Pedro I -llamado El Cruel-. Que se hallaban huidos en territorio inglés, tras el asesinato de su padre. Calificando a la familia Trastámara de bastarda y de usurpadores, porque habían matado y depuesto a Pedro I; subiendo así al trono el abuelo de Juan I (Enrique II, que se proclamó monarca tras apuñalar a su hermanastro, el rey Don Pedro).

Por cuanto narramos, se entiende el mérito de los Fonseca; una de las pocas familias importantes portuguesas, que permanecieron fieles al monarca Juan I, tras perder en Aljubarrota. Quienes junto a los Acuña, Sosa, Portocarrero y pocos más; fueron los únicos grandes nobles del país vecino, que siguieron apoyando a la verdadera heredera del trono luso; la hija de Fernando I de Portugal: doña Beatriz, casada con el rey castellano. Aceptando así que Juan I, tuviera derecho a ser soberano consorte en esa nación; tal como marcaban los pactos firmados en vida con Don Fernando de Portugal (suegro de Juan). Destacaron entre aquellos leales a Castilla después de Aljubarrota; los Fonseca, siempre fieles a los referidos tratados y a Doña Beatriz. Entre los que fue figura principal, el Señor de Braganza; llamado Juan Alonso de Pimentel y Fonseca. Quien mantuvo Braganza para los hispanos, hasta que los lusos les cercaron, obligando a entregarla. Tras años de lucha entre los suyos, pretendiendo ganar adeptos para la corona castellana y para la causa de Doña Beatriz, necesitó regresar a tierras seguras. Llegando finalmente con los suyos, hasta las nuestras, donde ya reinaba Enrique III (hijo de Juan I) que le nombró conde de Benavente. El referido Juan Alonso de Pimentel y Fonseca, era hijo de Lorenzo Fonseca, caballero muy cercano al rey portugués Don Fernando, fallecido en 1383 (tras lo que se sucedió la crisis, que llevó al enfrentamiento hispanoluso).

Otro de los que fielmente servían a Don Fernando de Portugal y a su hija Beatriz, se llamaba Pedro de Fonseca; quien tras Aljubarrota, también se mantuvo leal a su Casa Real y a Juan I. De este modo se vieron obligados a exiliarse y vinieron junto a quienes huían de un Portugal que unido a Inglaterra, proclamaba una nueva dinastía y un reino, ajeno a los intereses hispanos. Este que recogemos, es el relato cierto y conocido, del modo en que los Fonseca llegan a Castilla después de 1385. Para establecerse como camareros y asesores de la reina Beatriz; quien al ver el desastre (después de Aljubarrota) decide solo dedicarse a cuidar y a facilitar la vida, de esos asilados portugueses, que la siguen, para vivir junto a ella. Pues tras la derrota de su marido (Juan I) y la proclamación del duro Juan de Avis como soberano luso; no cesaron de venir portugueses a las ciudades donde Beatriz residía, solicitando ayuda (principalmente a Toro). Fue así como aquella fiel y noble señora, ayudó a establecerse en Castilla a muchos de los inmigrados; con el fin de facilitarles medios de subsistencia. Pero también, para que estos asilados no regresasen a Portugal, sirviendo al nuevo soberano; con la intención de crear una oposición a la Casa Avis, en tierras fronterizas.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, capilla con la tumba de la princesa Beatriz de Portugal, en el Monasterio de Sancti Spiritus, el Real, de Toro -Zamora- (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado y abajo, Mausoleo de Beatriz de Portugal, en Sancti Spiritus El Real, de Toro -Zamora- (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Se observa detrás de esta, una segunda tumba, que pertenece a Teresa Gil (una rica dama portuguesa, que fundó el convento) Abajo, detalle del rostro de la que fuera esposa de Juan I de Castilla; hija de Fernando de Portugal y heredera al trono luso.







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos detalles del sepulcro de Da. Beatriz de Portugal; en el Monasterio de Sancti Spiritus El Real de Toro -Zamora- (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Al lado, un león come una cabeza; adorno en la tumba cuyo simbolismo se identifica con el tránsito a la muerte. Considerándose que el fallecimiento significa la fiereza del felino, el ascenso a los cielos se produce cuando el cuerpo es ingerido y pasa al interior de la fiera. Abajo, detalle de los coturnos de la reina.



II)- LOS FONSECA EXILIADOS EN TORO:

El linaje y primeros descendientes de la familia asentada en zona hispana, a partir de Pedro Rodríguez de Fonseca -el caballero fiel que termina viniendo a nuestras tierras, tras la batalla de Aljubarrota (en 1385)-. Es descrito por Eduardo Pardo de García y Valdés, del siguiente modo: Llegamos a la genealogía que tiene ya un mayor fundamento histórico, con don Pedro Rodríguez de Fonseca, señor de Olivenza, del cual hay memoria en la Crónica del rey don Fernando de Portugal. Fue hijo de Ruiz Pérez de Fonseca, hijo de los ya citados Pedro Rodríguez y Mayor Pérez, y de doña Inés de Acuña. Fue don Pedro Rodríguez de Fonseca guarda mayor del rey Juan I y casó con doña Inés Díaz de Botella, tía de Leonor Téllez de Henares, titulada reina de Portugal como presunta esposa del rey don Fernando. Fueron padres de Rui Pérez de Silva, el de Olmedo; de doña Beatriz de Fonseca, casada con Juan Alfonso de Ulloa y que sigue nuestra línea, y de don Pedro de Fonseca, que según Salazar y Castro murió en Portugal, y el papa Benedicto XIII, «atendiendo a la ilustre prosapia, ciencia y virtudes de Fonseca» le nombró cardenal en 1409, dándole el título de Sant Angelo. Hacia 1416 y siguientes años fue obispo de Astorga, acompañando a Peñíscola al papa Benedicto XIII durante su destierro” (7) .

Continuando con el análisis de esos descendientes de Pedro Rodríguez de Fonseca, que vinieron de Portugal tras Aljubarrota; explica el mencionado “LIBRO DE LOS FONSECAS” lo que resume Adelaida Sagarra -en obras mencionadas ver cita anterior (1) -. Trabajo genealógico del que ya hemos hablado, intitulado Libro de los Fonsecas que hizo don Alonso de Fonseca del hábito de Santiago y Procurador de Cortes de Toro, natural de Badajoz (Madrid, 10 de abril de 1590). Del que en sus magníficas obras, Sagarra Gamazo recoge como: Pedro Rodríguez de Fonseca sirvió a los reyes portugueses don Pedro y don Fernando, que le hizo a la merced de la tenencia del castillo y el señorío de la villa de Olivenza. Se casó con Inés Díaz Botella, pariente de la infanta doña Beatriz. Recibió nuevos juros de heredad, tierras, juzgados de barqueros, cañales de pescado en el Duero, donadíos en la Tierra de Barroso, etc.. Tuvo también «muchas quintanas y eredades e cassas e casares e juros que fueron de sus suegros que son en los montes de Extremadura, y otros entre el Duero y el Miño» (8) . Refiriendo que este caballero, fue fiel servidor de Pedro I y de Fernando I de Portugal; además de señor de heredades tan importantes como Olivenza y Tierras de Barroso -junto a Chaves-. Apareciendo en la referida genealogía -asimismo-, la mujer de Pedro Rodríguez de Fonseca, llamada Inés Díaz Botello; junto a la que iniciará la famosa dinastía de Los Fonseca castellanos. Quienes primero emigraron a Toro; para luego enriquecer la España del Renacimiento.

Sigue el relato mencionando que Juan de Avis se dirigió directamente al citado caballero Fonseca, intentando que se adhiriera a su bando; al ser conocido en la Corte lusa como un fiel seguidor de Doña Beatriz. Con ese fin, el sublevado envió un documento; misiva que se conserva y que Adelaida Segarra recoge, narrando como Juan I de Portugal, antes de ser entronizado: “Escribió personalmente a Pedro Rodríguez de Fonseca, invitándole a adscribirse a su causa, en los siguientes términos”. Recogiendo el contenido del mensaje -que podemos ver en cita (9) -; donde quien sería proclamado finalmente rey, exhorta al mencionado noble, para que se sume a los suyos y le apoye. Sigue la autora, con la negativa del principal portugués, que prefirió mantenerse fiel a a legítima heredera; lo que expone con las siguientes palabras:

Fonseca mostró la carta a Juan I, manifestando su lealtad inquebrantable a doña Beatriz. Se quedaría en Castilla sirviéndoles, aun a costa de perder su patrimonio en Portugal. Le fueron arrebatadas las villas de Mora, Coriano, Codacunto, Castel Rodrigo, Tierras de Bayona Barroso, Fuente del Real, Daymera, Olivenza, Sousel... y otras, si bien en su testamento, como hemos visto, figuraban como suyas, para expresar su derecho quebrantado. El Rey castellano pronunció entonces aquellas palabras -incorporadas al escudo y armas de la familia- «ni es, ni fue ni será, hombre como Fonseca», reforzándose así la adscripción absoluta del linaje Fonseca a la Corona de Castilla, su apoyo para cualquiera de los proyectos, objetivos e intereses del monarca en la evolución política bajomedieval. En recompensa recibió además Rodríguez de Fonseca, por juro de heredad la merindad del Algarbe” (10) .

Continúa la historia de Pedro Rodríguez de Fonseca y de su esposa, Inés Díaz Botello; ya establecidos en la villa de Toro, viviendo junto a la reina Beatriz, quien tras la batalla de Aljubarrota no quiso más que retirarse a esa localidad y desde allí ayudar a sus compatriotas exiliados. La mayoría de los principales que siguieron fieles a la antigua Corona, se asentaron en aquella ciudad toresana; entre los que se encontraban apellidos portugueses tan relevantes como los Acuña, los Portocarrero, los Sosa o el mismo Velasco Alvarez de Pereira. De este último, la autora recoge que Juan I le regaló el famoso Palacio de las Leyes, para premiar su fidelidad -citando a Navarro Talegón (11) -. Pasa más tarde Adelaida Sagarra a resumir los privilegios, señoríos y heredades que el rey de Castilla (Juan I) entrega a Pedro Rodríguez de Fonseca, para corresponder a su lealtad; finalizando la narración sobre aquel exiliado en la villa de Toro, con la frase: “Pedro Rodríguez de Fonseca alcanzó, antes de morir (1 de enero de 1419), los días de Enrique III; a quien acompañó a las Cortes que se celebraron en diciembre de 1393; y después los de don Juan II, que le confirmó todas sus mercedes y privilegios” (12a) . Leyendo los señoríos y “tercias” (12b) que le entregaron, comprenderemos que este portugués afincado en la ciudad zamorana, fue uno de los hombres más ricos de su tiempo (todo lo que explica la gran preparación que pudo dar a sus hijos y nietos; además de la influencia social que tuvieron y los importantes matrimonios que sus descendientes hicieron).

Sobre este personaje, recomendamos leer el estudio que presenta Luis Vasallo, en el primer capítulo de su maravilloso libro: Los Fonseca: linaje y patronato artístico (13) . En cuyo epígrafe 1º, nos dice que Pedro Rodríguez de Fonseca, exiliado desde Aljubarrota; antes del desastre tuvo sus dominios en las proximidades de Lamego y en las de Oliveza. Una situación fronteriza de sus posesiones que le llevó a participar en muchos de los contactos, cuando se propuso que la princesa Beatriz fuera esposa de Juan I de Castilla. Acompañando a su señora y emisarios en numerosos viajes; todo lo que le obligaría a mantenerse fiel -seguramente- por haber entablado cierta “amistad” con estos reyes (en opinión del autor). Sigue Vasallo Toranzo narrando que a su llegada a Toro y tras venir con “lo puesto” a nuestras tierras, Pedro Rodríguez de Fonseca recuperó muy poco, frente a lo que realmente tenía en su lugar de origen. Ya que a más de una casa en la villa toresana, tan solo le fueron entregadas las “Tercias” de Badajoz y algunas propiedades más. Todo lo que le llevó a cierto ostracismo social; aislándose más tras la muerte del rey Juan I (en 1490); acompañando a su viuda (Doña Beatriz), pero conservando cierta amargura por la poca recompensa recibida. Una situación que Luis Vasallo describe y recoge cuando habla del testamento de este noble exiliado, quien tras morir en 1419, deja un texto donde expresa esa falta de recompensa, tras su inquebrantable lealtad a la Corona de Castilla. Pese a ello, creemos no fue tanta la pérdida en tierra y poderes que sufrió; pues ya habíamos dicho que tras la muerte de Juan II; su hijo (Enrique IV) intenta reponer cuanto el señor de Olivença había perdido. Unos privilegios que en siguiente capítulo presentamos y que minuciosamente describe Adelaida Sagarra en su libro sobre esta familia -pag. 431 y ss. ver cita (12b) - .



SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, la Colegiata de Toro, en Zamora. Al lado y abajo, Sepulcros de María de Ulloa y de Pedro Rodríguez de Fonseca, en la colegiata de Toro (Zamora), a la que agradecemos nos permita divulgarlas. Tal como Vasallo Toranzo escribe, el heredero del mayorazgo de Pedro R. de Fonseca e Inés Botello, fue Juan R. de Fonseca; cuyo hijo mayor se llamó como el abuelo (Pedro Rodríguez de Fonseca). Quien dispone que en la Colegiata de Toro entierren a su familia. De este modo Pedro R. de Fonseca (el nieto) instituyó dos capellanías en esa iglesia; mandando se hiciera su sepulcro en el muro del evangelio, sito en la capilla mayor (donde manda que inhumen también a sus padres). Asimismo, en el otro lado (denominado muro de la epístola) se hallan las tumbas de su hijo Pedro -bisnieto del exiliado de Aljubarrota- y su esposa María Manuel.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Detalle de los sepulcros de María de Ulloa y de Pedro Rodríguez de Fonseca, en la colegiata de Toro (Zamora), a la que agradecemos nos permita divulgarlas.





BAJO ESTAS LÍNEAS: sepulcro de Pedro Rodríguez de Fonseca, marido de María de Ulloa.



III)- LOS HIJOS DE PEDRO RODRÍGUEZ DE FONSECA Y DE INÉS DÍAZ BOTELHO (exiliados en Toro):

Según narra Eduardo Pardo de García y Valdés: Fue don Pedro Rodríguez de Fonseca guarda mayor del rey Juan I y casó con doña Inés Díaz de Botella, tía de Leonor Téllez de Henares, titulada reina de Portugal como presunta esposa del rey don Fernando. Fueron padres de Rui Pérez de Fonseca, que murió muy joven; de Vasco Pérez de Fonseca; de doña Inés de Fonseca; de doña Isabel de Fonseca; de Juan Rodríguez de Fonseca; de doña Mencía de Fonseca, casada con Hernándo Manuel de Villena; de doña Leonor Rodríguez de Fonseca, casada con Arias Gómez de Silva, el de Olmedo; de doña Beatriz de Fonseca, casada con Juan Alfonso de Ulloa y que sigue nuestra línea, y de don Pedro de Fonseca, que según Salazar y Castro murió en Portugal, y el papa Benedicto XIII, «atendiendo a la ilustre prosapia, ciencia y virtudes de Fonseca» le nombró cardenal en 1409, dándole el título de Sant Angelo” (14) .

A su vez, recoge Adelaida Sagarra, en op. citadas y siguiendo EL LIBRO DE LOS FONSECAS; que cuatro serán los nacidos de la unión entre la prima de la reina Beatriz (Inés Botelho) y el famoso ricohombre portugués que “emigró” a Castilla (Pedro Fonseca). Imaginamos que alguno vivió su infancia en tierras zamoranas; aunque -de seguro- los mayores tuvieron que sufrir el drama de la guerra, y la incertidumbre del camino hacia el exilio (tras Aljubarrota). Los hijos habidos de este matrimonio fueron: Juan, Pedro, Beatriz, Mencía -junto a una, que premuere a todos, llamada Leonor-. Sobre los dos varones, escribe la autora:Pedro Rodríguez de Fonseca -abad de Valladolid, obispo de Sigüenza, y Cardenal de Santángel- fue elegido por el Papa Martín V para tramitar la unión de las iglesias Griega y Latina, porque el emperador de Constantinopla (Manuel Paleólogo) había solicitado un legado a tal efecto. Sin embargo don Pedro no pudo llegar a cumplir dicha comisión ya que de paso por Roma -donde destacó por sus intervenciones en la Curia- tropezó por una escalera en el Vaticano y se mató. Su hermano Juan fue el segundo señor de las Tercias del obispado de Badajoz, Guarda Mayor de Juan II, alcaide de la fortaleza de Tiedra, y del Consejo Real (15) .

En opinión de Luis Vasallo -idem cita (13) - ; Pedro Rodríguez de Fonseca e Inés Díaz Botello, engendraron al menos nueve hijos, de los cuales solo vivían cuatro al morir el padre. Desconocemos el nombre de los que fallecen antes que su progenitor y entre los hijos que no premurieron al Fonseca exiliado de Portugal, serán muy importantes los dos varones ya citados; llamado el primero Juan (que heredó las Tercias de Badajoz) y el segundo, Pedro (que llegó a cardenal). Aunque quizás mayor fue la relevancia de Beatriz, que dejó una saga inigualable de prelados y hombres de Corte, entre sus hijos y nietos. De los descendientes de Beatriz hablaremos más tarde; pues entre ellos se hallan personajes como: Alonso de Fonseca I (el viejo); Alonso de Fonseca II (el de Compostela) y Alonso de Fonseca III -todos ellos arzobispos, patriarcas de Alejandría y mecenas en Sevilla, Salamanca o Santiago-. A los que hemos de sumar otros muchos, con la relevancia de Hernando de Fonseca (ayo de Isabel la Católica, muerto en la batalla de Olmedo) o su hijo Antonio, Consejero Real, Contador y embajador de los Reyes Católicos. Al que se une su hermano, Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Palencia; embajador de Isabel la Católica en Flandes y Comisionado Principal para Indias (ministro de las Américas, recién descubiertas).

Regresando a otras hijas de Pedro Rodríguez de Fonseca y de Inés Botello; apenas se sabe algo de Leonor, que muere antes que sus padres y a cuyo viudo -Arias Gómez de Silva- se le entrega una parte de la herencia, al fallecer los progenitores. Asimismo, la menor (llamada Mencía), contrajo nupcias con Manuel de Villena. Mientras la mayor, que ya hemos mencionado y era Beatriz, será la que funda esa “famosa saga” de ilustres prelados y políticos al casarse con uno de los Ulloa (principales de Toro y señores la zona). Siendo la familia Ulloa una de las más importantes de Toro, aunque originaria de Galicia, donde fueron famosos sus “pazos” y castillos; habiéndose trasladado hasta la frontera del Duero, durante la Reconquista. A su vez, estos Ulloa fueron uno de los troncos fundamentales de la nobleza de Verín (nos referimos a los señores de Monterrey) de los que descienden linajes como el de la Casa de Alba. Pero antes de hablar sobre los descendientes de Beatriz de Fonseca y de Juan A. de Ulloa, vamos a centrarnos en sus dos hermanos mayores. El primero -dijimos- se llamaba Pedro de Fonseca, quien llegó a cardenal de Santángelo; mientras el segundo (Juan R. de Fonseca) fue el heredero del mayorazgo, recibiendo las Tercias de Badajoz




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, al lado: sepulcros de Pedro Rodríguez de Fonseca (bisnieto del exiliado de Portugal); y de su esposa María de Manuel. A sus pies, tumba de Diego Rodríguez de Fonseca, hijo de ellos, que fue obispo de Coria -colegiata de Toro (Zamora), a la que agradecemos nos permita divulgarlas-. Abajo, Detalles de la tumba de Pedro Rodríguez de Fonseca y de María de Manuel -colegiata de Toro (Zamora), a la que agradecemos nos permita divulgarlas-. Recordemos como habíamos dicho, siguiendo a Vasallo Toranzo, que Pedro Rodríguez de Fonseca (nieto del que llegó de Portugal tras Aljubarrota) dispone que en la Colegiata de Toro entierren a su familia. De este modo Pedro R. de Fonseca (nieto) instituyó dos capellanías allí; mandando se hiciera su sepulcro en el muro del evangelio; y del otro lado (denominado muro de la epístola) situó las tumbas de su hijo Pedro y la esposa de este, María Manuel. Siendo la tumba que está junto a ellos, la de su hijo Diego R. de Fonseca, obispo de Orense y Coria.



III-a) Juan R. de Fonseca y sus señoríos en Badajoz:

En lo que se refiere al descendiente mayor de Pedro Rodríguez de Fonseca e Inés Botello, llamado Juan Rodríguez de Fonseca; ya hemos dicho que heredó las posesiones pacenses. Acerca de él, recoge Adelaida Sagarra que: “fue el segundo señor de las Tercias del obispado de Badajoz, Guarda Mayor de Juan 11, alcaide de la fortaleza de Tiedra, y del Consejo. Según Alonso de Fonseca, acrecentó el mayorazgo con rentas valiosas, y la casa de la familia en Toro. En la Colegiata de Santa María, de dicha ciudad, dotó una capilla, y fundó dos capellanías sobre un juro de heredad que disfrutaba, con una dote de 3.000 maravedíes. Allí hizo trasladar los restos de sus progenitores en 1432”.

La misma autora, nos narra el modo en que los Fonseca se trasladan a Mérida, con motivo de unas revueltas en tiempos de Enrique IV; etapa desde la que los primogénitos de esta familia pasarán a residir en Extremadura, llegando a abandonar Toro. Escribiendo Sagarra Gamazo: “en un momento de graves revueltas en Badajoz, entre los vecinos, y en de servicio del Rey, Enrique le ordenó residir en aquella ciudad, como señor de las Tercias, para restablecer el orden y la sumisión a la autoridad real, reforzando así la unidad de intereses entre los Fonseca y la Corona. Al llegar, Juan Rodríguez de Fonseca intentó entrar por la Puerta de Mérida, pero le fue vedado el paso, a pesar de que mostró la provisión real que le capacitaba para aquella tarea de pacificación e hizo varios requerimientos. Por fin, gracias a su insistencia logró penetrar en la ciudad. El rey le concedió entonces autorización para hacer su casa en el castillo, «junto al Hospital de nuestra Señora la Blanca, que llaman de los Caballeros. Pidió una torre que da la cerca antigua del castillo allí auia. Dioseh la ciudad, fundó en ella su casa, defa qual están oy bibas las paredes, y portada con las armas de Fonseca y Ulloa, cuyo solar pertenece al sucesor de su casa e mayorazgo» (15b)

Se piensa que este Juan Rodríguez de Fonseca y Botello, nació en Portugal (donde todavía su padre era un poderoso señor); viniendo con cierta edad a Toro -tras Aljubarrota, en 1385-. De él conocemos que por sus hechos heroicos en Mérida, le concedieron el derecho de establecer el mayorazgo en un palacio levantado dentro de los muros de la Alcazaba; donde se dice que todavía permanece el escudo de los Fonseca. Asimismo sabemos que se casó en Toro, con Da. María (Guillén) de Ulloa; con la que tuvo tres hijos: Pedro, que fue guarda mayor de Enrique IV y perteneció al Consejo Real, vivió hasta su muerte en la villa zamorana. El segundo, Diego; fue obispo de Orense. El tercero, llamado Luis, parece que sería un prelado del que se tiene noticias que dotó alguna capilla en la Colegiata de Toro (16) . Del primogénito antes citado (Pedro Rodríguez de Fonseca y Guillén de Ulloa), es del que se conserva su tumba en la Colegiata de Toro, junto a la de su mujer María de Ulloa -ver imágenes anteriores-.

Antes de continuar con el relato de esta rama de la familia, haremos una parada para explicar lo que era el privilegio de “Tercias” en Badajoz, referido en numerosas ocasiones por Adelaida Sagarra Gamazo, que lo explica del siguiente modo: Pedro Rodríguez de Fonseca alcanzó, antes de morir (1 de enero de 1419), los días de Enrique III; a quien acompañó a las Cortes que se celebraron en diciembre de 1393; y después los de don Juan II, que le confirmó todas sus mercedes y privilegios" (...) “Como pago por sus servicios, Fonseca recibió los nombramientos de Guarda Mayor, Aposentador Real, Capitán de la Guardia Real, y comenzó a formar parte del Consejo. Además, le fue concedido el señorío de las Tercias del Obispado de Badajoz, que ya en tiempos de Enrique III -que le confirmó todos sus privilegios- incluiría una casa real en Toro. Por este derecho, Rodríguez de Fonseca percibía las dos terceras partes de las tercias de los diezmos del obispado de Badajoz, su tierra, y de la ciudad misma; es decir de las villas de Valverde (de Leganés), Albuñera, Talavera (la Real) , Almazarete, Fresnos, Torrequemada, Fuente de Omendo, Val de Sevilla, Los Revellados, Los Artos, Villar del Rey, Arroyo del Puerto y sus anexos. La percepción de las tercias era casi un ritual. Había un modo acostumbrado de diezmar en cada lugar. Por ejemplo, en Valverde, -desde tiempo inmemorial- se amontonaba todo el grano, dividiéndose en tres partes. La primera correspondía al obispado y cabildo de la catedral; la segunda al cura de Valverde; y de la tercera, se volvían a hacer tres tercias: dos para el rey o en su caso para aquellos quienes se las cediera -los Fonseca- y una para la fábrica. Así se hacía también en Albufera, Talavera, Almazarete, Villar del Rey y en las tierras comarcanas de Badajoz” -ver cita (12) -

Regresando de nuevo al segundo Señor de estas Tercias, hijo del exiliado de Portugal y llamado Juan Rodríguez de Fonseca; nos dice Luis Vasallo (17) , que el mayorazgo de las tercias de Badajoz se logra instituir en 1468, tras su muerte. Pasando a su hijo Pedro y a su esposa María (Guillén) de Ulloa; incluyendo en él las casas principales de Toro. Siendo de destacar que esta María de Ulloa es la hermana de Juan Antonio de Ulloa, con el que se casa Beatriz Fonseca (hermana de Juan). Por lo que el heredero del exiliado Fonseca se unirá a una Ulloa; mientras un Ulloa se casa con la mayor de este Pedro Rodríguez de Fonseca, que vino tras Aljubarrota. Siendo aquellos Ulloa señores de tierras muy cercanas a Toro, entre las que se encuentran Villalonso o Mota del Marqués (antaño Mota de Toro). Por su parte este Juan R. de Fonseca y su mujer (señores de las Tercias) ya dijimos que eran padres de Diego (obispo de Orense y Coria), de Pedro y de Luis; pero además tuvieron seis hijas: Catalina y Guiomar (monjas en Toro), Beatriz, Mencía, Isabel (que se casaron) e Inés, que quedó soltera.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos imágenes de Mota del Marqués, Valladolid; donde serán señores los Ulloa desde mediados del siglo XV. El primer señor de la Mota de Toro (como entonces se llamaba), fue Pere Yáñez de Ulloa, hermano de Juan A. de Ulloa, el marido de Beatriz de Fonseca (hija del exiliado de Aljubarrota). A su vez, el primogénito de este que vino de Portugal a Toro en 1385 (su hijo, llamado Juan R. de Fonseca, señor de las tercias de Badajoz), se casó con María de Ulloa, hermana de Juan A. y de Pere. Es decir, que una de las Ulloa Yáñez contrajo matrimonio con el heredero del mayorazgo Fonseca; mientras Juan A. Ulloa Yañez, lo hizo con la primera hija del mismo Fonseca. Debido a esta gran unión de familias, cuando en 1419 muere Juan A. de Ulloa, marido de Beatriz de Fonseca y Botello; el hermano del fallecido adopta y ayuda a los huérfanos. Siendo aquel Pere Yáñez de Ulloa, el principal protector del pequeño Alonso de Fonseca, hijo menor de la viuda y de su hermano; niño que tras recibir una educación inigualable, llega a ser uno de los principales Consejeros del rey Enrique IV y asesor de Isabel la Católica. Conocido este prelado como Alonso de Fonseca I (el viejo), fue arzobispo de Sevilla (estableciendo el señorío de Coca y Alaejos) y protagonizó pactos como el de Toros de Guisando; convirtiéndose en uno de los hombres más influyentes de su época. Aunque gran parte de su éxito se lo debió a su tío y protector, Pere Yáñez de Ulloa; un hombre muy cercano a Alvaro de Luna, quien le nombró primer señor de La Mota de Toro. Desde este momento, los Ulloa mantendrán el señorío de La Mota y hacia 1570 Felipe II hará a Rodrigo de Ulloa, primer marqués de La Mota.





SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Cuadros genealógicos, siguiendo a Vasallo Toranzo. Arriba, la de los Señores de las Tercias de Badajoz, desarrollada por mí, desde el primer heredero de Pedro Rodríguez de Fonseca (exiliado tras Aljubarrota). Abajo, la misma genealogía, tal como la recoge Luis Vasallo Toranzo en su libro sobre arquitectura en Toro -ver cita (19)-.



BAJO ESTAS LÍNEAS: genealogía de los señores de Las Tercias de Badajoz, tal como la recoge Luis Vasallo Toranzo en su libro LOS FONSECA: LINAJE Y MECENANZGO (13) .



Acerca del enterramiento de los Fonseca, escribe también Luis Vasallo -ver (20) - que Pedro Rodríguez de Fonseca (nieto), además de fundar el mayorazgo de las Tercias de Badajoz, instituyó dos capellanías en la Colegiata de Toro; mandando enterrarse en el muro del evangelio de esta iglesia, sito en la capilla mayor (donde ordena inhumar también a sus padres). Asimismo, en el otro lado (denominado muro de a epístola) se halla la tumba de su hijo Pedro y su esposa María Manuel. Siendo, según este autor, el sepulcro sito junto a ellos, el de Diego R. de Fonseca; hijo de María de Manuel y Pedro R. de Fonseca. Finalmente, añadiremos lo que narra Luis Vasallo sobre los descendientes de María de Manuel y Pedro R. de Fonseca; hijo de Pedro R. de Fonseca y María de Ulloa, que a su vez era primogénito de Juan R. de Fonseca (el señor de las tercias), heredero a su vez de Pedro de Fonseca (venido de Portugal). Recogiendo que el primogénito se llamó Cristóbal, pero murió y heredó el mayorazgo su hermano, de nombre Juan R. de Fonseca. Que lo recibe en 1506, como regidor de Toro y miembro del Consejo Real; quien decide restaurar la casa solariega (destruida durante la revolución de Los Beltranejos) e imitar en parte la labor de mecenazgo realizada por sus primos, los prelados llamados Alonso de Fonseca – ver (17) -.

Recoge el siguiente capítulo del libro citado de Vasallo Toranzo, un interesante episodio relacionado con este palacete de los Fonseca en Toro; que al parecer estaba muy cerca de la Colegiata, en las calles que actualmente se llaman Cuesta Empedrada y de la Merced. Cuya reconstrucción después de 1506 comenzó Juan (V señor de tercias pacenses), tataranieto de aquel Fonseca que llegó de Portugal (al que se entregó este hogar como casa, cuando tuvo que exiliarse). Un edificio que en 1506 se hallaba en muy mal estado, debido a la guerra entre isabelinos y beltranejos, aunque el poco uso y la falta de interés por rehacerlo, había aumentado su ruina. Siendo así como el nuevo señor de Fonseca decidió ponerlo en pie, contratando a los mejores canteros y arquitectos (entre los que se hallaba Felipe de Bigarny, famoso por sus obras en la catedral de Toledo). Pese a que no se logró completar la colaboración de este arquitecto y escultor con enorme prestigio; el mecenazgo sobre la antigua casona siguió, hasta que la obra fue terminada. Aunque el V señor de las Tercias de Badajoz, prefirió vivir en tierras extremeñas, al igual que sus ascendientes y descendientes; lo que nuevamente produjo que la casa fuera deteriorándose, volviendo a la ruina con los años. Llegando a venderse en el siglo XVII, ya totalmente caída. Mencionando Luis Vasallo como entre los enseres que allí había antes de su abandono, se encontraban objetos de gran valor comprados en la “almoneda de la Reina Católica”, al igual que una colección de tapices (existiendo uno dedicado a Gárgoris). Muebles, pintura y ajuar decorativo que se fue llevando a las casas de Badajoz; hasta dejar la de Toro deshabitada - ver (17) -. Provocando que cien años después estuviera en ruina; debiendo venderse el solar, debido a que de nada servía un terreno en la ciudad toresana a estos Fonseca de Badajoz. Rama mayor, que residieron en tierras pacenses y fueron hechos marqueses de Orellana, de Lapilla y de Monesterio; títulos entregados por Felipe III en 1643, al Señor de Orellana (Don Pedro de Orellana y Fonseca).

Por último, añadiremos que Luis Vasallo, en su gran obra ARQUITECTURA EN TORO, 1500-1650 -ver (18) - nos dirá que aquel palacio de los marqueses de Orellana y de Lapilla, en la villa de Toro, estaba en la Cuesta Empedrada. Por lo cual deducimos que sobre el mismo solar que se entregó a Pedro Rodríguez de Fonseca -el viejo-, cuando vino a refugiarse desde Portugal en 1385 (tras la batalla de Aljubarrota). Poniendo atención el autor en su ubicación, para que no lo confundamos con otro palacio de los Fonseca, que estuvo situado frente a la Colegiata (en la misma plaza; dando a calle de las Berceras) y que era de los señores de Villanueva de Cañedo -no de estos Orellana-. De cuanto hemos expresado, tal como podemos ver en plano y fotos, este solar señalado, fue la residencia inicial de los Fonseca, entregada por Juan II al exiliado hasta Toro. Siendo heredado por los primogénitos de la saga, como casa solariega y más tarde convertida en palacete. Aunque fue paulatinamente abandonado desde 1610, fecha en que sus propietarios fueron creados marqueses de Orellana; momento en que tan solo residen ya en zonas de Extremadura. Asimismo, recoge Luis Vasallo en la obra ya citada sobre arquitectura en Toro (19) ; la existencia de una casa más, propiedad de los Fonseca de Badajoz. En este caso de la familia que más tarde fue titulada como marqueses de Lapilla. Refiriendo un palacete, propiedad de Antonio de Fonseca, obispo de Pamplona; quien sabemos era hijo de Sancho Rodríguez de Fonseca y de María O´Campo -ver arriba cuadro genealógico-. Edificio construido hacia 1538 y situado en la Calle Bustos; y que tras la desaparición de su propietario, se vende a los Deza. Donde esta familia, también de origen portugués, residió antes de que construyesen su solar (frente a San Lorenzo); en un enorme palacio conocido como el de los condes de Fuentesauco.



JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
plano de Toro donde vemos marcado el palacio de los condes de Fuentesauco. Abajo, palacio de los condes de Fuentesauco, levantado sobre solares comprados a los Fonseca. No hay que olvidar que a su lado estaban las casas de Sancho (o Pedro) de Castilla y Fonseca; y que más adelante -en la misma calle- estuvo la casa de Beatriz de Fonseca y de Juan A. de Ulloa (edificio derruido en la guerra de isabelinos contra beltranejos).








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos planos más de Toro. Al lado, referencia y situación de la casa de Antonio de Fonseca, obispo de Pamplona, que vendió el solar a los Deza. Abajo, lugar en que se marca la situación del primer solar que tuvieron los Fonseca en Toro. Entre la Cuesta Empedrada y la Colegiata.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes de la casona sita entre la Cuesta Empedrada y la Colegiata; edificio que yo considero son los restos del palacio fundacional de los Fonseca. El primer solar que les entrega Juan I, tras Aljubarrota.









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos fotos más, de la misma casona; que se levanta entre Cuesta Empedrada y la Colegiata; que a mi juicio es el palacio primero de los Fonseca, heredado por los señores de las Tercias de Badajoz (luego marqueses de Orellana y Lapilla).









BAJO ESTAS LÍNEAS: De nuevo, los descendientes de Pedro R. de Fonseca, que llegó desde Portugal tras Aljubarrota. En el cuadro genealógico hemos destacado a su hijo Pedro (cardenal de Sant Angelo) y a su hija Beatriz (desde la que nace la saga de famosos prelados).




C) LOS FONSECA Y LA IGLESIA: Su “misterioso poder”.

I-) Pedro Rodríguez de Fonseca, cardenal de Santángelo:

Hemos estudiado como se exilió Pedro Rodríguez de Fonseca, casado con Da. Inés Díaz Botelho -prima de la princesa Beatriz-; quienes se establecen en Toro, donde criarán a sus hijos. De los cuales conocemos la historia de cuatro (Pedro, Juan, Leonor y Beatriz) entre los que destacaría el primogénito, un famoso prelado. Tal como relata Adelaida Sagarra, señalando como llegó a “obispo de Sigüenza, y Cardenal de Santángel. Fue elegido por el Papa Martín V para tramitar la unión de las iglesias Griega y Latina, porque el emperador de Constantinopla (Manuel Paleólogo) había solicitado un legado a tal efecto. Sin embargo don Pedro no pudo llegar a cumplir dicha comisión ya que de paso por Roma -donde destacó por sus intervenciones en la Curia- tropezó por una escalera en el Vaticano y se mató" (16) . La importancia de este personaje es enorme; ya que sabemos, fue un colaborador cercano al Papa Martín V, al que el Pontífice encomendó acabar con el Cisma de Oriente; es decir, unificar la Iglesia Ortodoxa con la Católica. Asimismo, su muerte en tan extrañas circunstancias, nos habla de unos hechos que hemos de estudiar en profundidad; pues el cardenal Pedro Rodríguez de Fonseca, fue uno de los pocos obispos hispanos, que tras ser nombrado prelado por el Papa Luna, finalmente se posicionó en su contra. Oponiéndose al de Luna cuando observa la senectud de este que reinaba en Peñíscola, en contra del pontífice romano Martín; lo que nos indica que Fonseca se enfrentó al llamado “Cisma de Occidente” (pese a haber pertenecido inicialmente a la Corte del llamado antipapa).

En este punto queremos profundizar, pues puede mostrar el origen de la importancia eclesiástica de la familia Fonseca; cuyo primer cardenal (al que le sigue una saga de obispos y arzobispos) colaboró estrechamente con Roma. Siendo uno de los pocos prelados hispanos que se atrevieron a ir en contra del Papa aragonés, Benedicto XIII. Al que la Curia de Italia declara cismático y expulsa como apóstata; precisamente en los años que hablamos (de 1415 a 1420). Por cuanto narro, hemos de considerar que Pedro Rodríguez de Fonseca -cardenal de Santángelo-; pudiera haber intervenido en todos los movimientos que por entonces realizaba el pontificado de Martín, desde Italia; para derrocar al que se mantenía en paralelo como Heredero de San Pedro -en la silla papal de Peñíscola-. Incluso, no es descabellado pensar que aquel primer Fonseca, participase de algún modo en el atentado que en esos días sufre el Papa Luna. Hablo de su envenenamiento en 1518, cuando tenía noventa años y que casi le produjo la muerte (dejándole maltrecho para el resto de su existencia). Tras haber ingerido arsénico, mezclado con azufre; ponzoña que históricamente sabemos, algún cardenal echó en sus comidas. Así fue como el nonagenario Pedro de Luna, sufre una grave crisis; que su médico personal pudo sanar al descubrir el origen del mal, logrando que viviera cuatro años más. Hablamos del converso Jerónimo de Santafé, quien le desintoxica con un remedio farmacológico, llamado desde entonces Tisana del Papa Luna (21) . Todo ello ocurre después de que Pedro de Luna fuera declarado antipapa y hereje en 1415; tras subir al trono de Roma, Martín V. Momento en que se pretende por todos los medios que el aragonés desista en su cargo, para unificar la Iglesia, que desde 1375 se había mantenido dividida. Siendo aquella lucha eclesiástica, el reflejo religioso de la confrontación sangrienta que se vivía en Europa, llamada Guerra de los Cien Años; enfrentando a Inglaterra con Francia, donde participaban los reinos de Italia, junto a los peninsulares ibéricos (durante más de un siglo).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba y Al lado, imágenes del Museo Lázaro Galdiano, de Madrid (al que agradecemos nos permita divulgarlas); una de las salas iniciales, donde podremos encontrar piezas del siglo XV. En la fotografía vemos en primer término, una escultura que representa a Pedro de Luna, el famoso Papa que estableció su Corte en Peñíscola. Detrás, la predela del retablo de Esperandeo de Santafé; uno de los conversos de la Conferencia de Tortosa, promovida por el Papa Luna, entre 1412 y 1415. Abajo, foto tomada en el Museo del marqués de Dos Aguas, en Valencia (al que agradecemos nos permita divulgarla). Se trata de una bella caja cerámica, fechada en el siglo XV, que representa al Papa Luna en su tumba.

Tras la caída del pontífice de Peñíscola -llamado el antipapa Luna- los conversos de Aragón se organizaron como una élite de poder; lo que les granjeó la enemistad de los cristianos viejos. Siendo fácil que aquellos neobautizados se hicieran con el mando del reino; porque -como hemos indicado varias veces-, los católicos de la época eran en su gran mayoría analfabetos; mientras casi la totalidad de la población de origen judío escribía en caracteres latinos y arameos. Ello, unido a los conocimientos de los rabinos (cuya formación duraba unos tres decenios; basada en la teología, medicina, física, matemática y astronomía); hizo de los nuevos cristianos una nueva clase alta, que ocuparía en pocos años los principales cargos aragoneses. Un hecho que se resolvió finalmente con La Inquisición, que en entró en Zaragoza por mano de Pedro de Arbués; a quien deciden asesinar los conversos, en la llamada “Conjura de los marranos”. Después de aquello, fueron quemados y apresados los personajes más destacados del poder, con origen judío; para exterminar esa nueva élite que ocupaba los más altos cargos aragoneses, tras la Conferencia de Tortosa.





SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres imágenes de La España Sagrada del Padre Flórez; en este caso las páginas 267 y ss. del tomo XVI; donde se habla de Pedro de Fonseca (primer cardenal y obispo de esta saga). Como podemos leer al inicio de esta biografía, considera al prelado, el más antiguo de los Fonseca; un arribista o aprovechado, cuyo único interés fue “arrimarse” al poderoso para medrar. Más tarde narra como al ser elegido Papa, Martín V; Pedro de Fonseca de nuevo “se posiciona” con el mas fuerte, poniéndose al lado de los italianos. Que le nombran otra vez cardenal (como había hecho decenios antes Pedro de Luna) y le otorga todo tipo de prebendas. Termina narrando. en la segunda y tercera hoja, el fallecimiento de Pedro Fonseca; cayendo por una escalera -comentando después su sepultura en El Vaticano-.






II) Papa y antipapa; lucha de poder en plena Guerra de los Cien Años:

De tal manera, tras la elección del Papa Martín V, el Vaticano pretendió que Pedro de Luna desistiera como heredero en el mandato de San Pedro. Aunque el aragonés decide “seguir en sus trece” y continuar siendo Benedicto XIII, sin dar su brazo a torcer. Pues realmente era el único Pontífice legítimo, tras el Cisma de Occidente; una división que desde 1378 había dejado la Iglesia Católica fraccionada en tres partes. Ruptura provocada cuando se eligió un primer Papa italiano, en un corrupto cónclave; por lo que muchos no lo aceptaron y establecen una nueva sede en Aviñón, declarándose Francia fiel al cardenal galo Roberto de Ginebra (entronizado como Clemente VII). A la muerte de este Pontífice franco, Pedro de Luna fue elegido por decisión unánime del cónclave; asumiendo su mandato de Avignón en 1498 y proclamado con setenta años de edad. Pero al no ser aceptado por los franceses, decide escapar a Nápoles, ante la persecución y la amenaza de ser asesinado; volviendo finalmente a tierras hispanas, para refugiarse en su lugar de origen (primero en las principales ciudades de Aragón y más tarde, en Peñíscola). Es entonces cuando tan solo Sicilia, Castilla, Escocia y Aragón, le reconocen en su trono de Pedro. Pero emprende una segunda batalla, pretendiendo crear una “nueva Iglesia” sincretizada con el judaísmo.

Así, convoca la Conferencia de Tortosa (1412-15) y promueve la conversión de centenares de miles de judíos; a los que en Aragón se les permite seguir con sus creencias y ritos. Con ello, serán innumerables los rabinos que aceptan la fe católica, tras la Disputa de Tortosa. Conferencia que fue protagonizada por el médico y amigo personal de Pedro de Luna, llamado Joshúa Ha-Lorquí; bautizado años antes como Jerónimo de Santafé. Uno de los grandes rabinos de Occidente, que en su ponencia proclamó la venida del Mesías reconociéndolo en Jesús de Nazaret, invitando a todos los sacerdotes judíos a bautizarse y sincretizar ambas religiones. Siendo el famoso Pablo de Santamaría (otro converso, finalmente nombrado obispo de Burgos) junto a Jerónimo de Santafé, quienes guiarán este Cónclave de Tortosa, cuyos debates se prolongarán por dos años (22) . Donde destacarán las opiniones del referido obispo Pablo de Santamaría (antes llamado Salomón Leví ) y las del médico del Papa, que dijimos era Joshúa Ha-Lorquí, bautizado por Vicente Ferrer, como Jerónimo de Santafé -apellido que tomarán varios de sus amigos rabinos aragoneses-.

Pocos años más tarde, numerosos prelados y obispos de Aragón o Castilla, eran conversos; promoviendo una nueva visión de la Biblia y de la fe, en base a doctrinas judáicas. A este problema social, que promovía envidias y recelos; se añadía el hecho de que las familias neobautizadas solían tener un enorme capital (cultural y económico). Por tratarse de sagas establecidas en diferentes reinos y hablar infinidad de idiomas -entre los que destacaba el hebreo y el latín-. Además, a esas dotes políglotas de los judíos y la capacidad de comerciar entre sus familias; se añadía estar asentadas en lugares muy distantes, lo que promovía la posibilidad de intercambios mercantiles por Europa entera. A ello, que se unía el sentido místico del estudio para los rabinos, cuya formación necesitaba unos treinta años y se componía de: Teología, medicina, física, matemática, astronomía, kábala y geografía. De tal manera, al bautizarse los hebreos, pudieron acceder a todo cargo de poder y prestigio, en un momento en que la población católica apenas sabía leer y escribir (tan solo lo hacía su élite). Mientras los judíos estaban enteramente alfabetizados, en lenguas vivas y muertas. Convirtiéndose así, esos nuevos cristianos, en una recién nacida clase social de enorme fuerza. Pues quienes antes no podían ocupar altos puestos, entrar en el ejército, ni menos ser prelados de la Iglesia (por su credo judío). Al convertirse, pronto pasaran a ostentar obispados, sillas cardenalicias, consejos de cuentas del reino y largo etcétera, que hizo de Aragón un Estado manejado por los neo bautizados. Hechos que se producen en tan solo unos decenios (desde 1400 a 1430), precipitándose tras la Conferencia de Tortosa; aunque se había potenciado principalmente durante el papado de Pedro de Luna -que se apoyó en los conversos para mantenerse en su trono eclesiástico-.

Tal como venimos narrando, no es difícil comprender que Pedro de Luna fuera un “hueso muy duro de roer” dentro del catolicismo; pues estaba transformando las bases de la Iglesia y provocando una nueva filosofía cristiana. Ética y principios morales, plenamente relacionados con el mundo judío, que comenzaron a fluir por Aragón y Castilla desde fines del siglo XIV y principios del XV. Ideología religiosa que -en gran parte- se mantuvo en España, seguida por los más famosos prelados. Hasta por inquisidores, como Cisneros; cuya publicación de la Biblia Políglota -impresa en griego, hebreo y latín-, fue tan polémica como mal vista por algunos sectores de la Iglesia. Tanto es así, que en mi opinión, ese fue el motivo para que se hundieran en el mar las primeras Biblias de Alcalá, enviadas por barco a Italia en 1517 -con el fin de que el Vaticano diera su visto bueno y las divulgase-. Tratándose (a mi juicio) de una maniobra eclesiástica, promovida desde Roma; para que desaparecieran casi todos los ejemplares de esta edición. Evitando de esa forma, el pontificado, tener que aprobar el trabajo de Cisneros; pero sobre todo, darlo a conocer al resto del cristianismo. Provocando un -supuesto- naufragio; para que no se volviera a hablar de “polígotas” ni de Biblias en hebreo y ajenas a la traducción Vulgata. Logrando con aquel hundimiento que de esos ejemplares editados en vida de Cisneros, apenas quedasen cien en España; siendo su reimpresión tan difícil como costosa (al tratarse de seis tomos, en cuatro idiomas -incluyendo las notas en castellano-).



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: dos imágenes con la calavera de Pedro de Luna. Arriba, carátula de un documental sobre este Papa y sus restos. Abajo, cartel de una exposición sobre el famoso pontífice, en el pueblo de Sabiñán, donde se conserva su expoliada tumba. El cráneo del Papa Luna, que vemos en imágenes; fue devuelto tras su reciente robo en el palacio del conde de Morata de Jalón. La historia de este interesante Pontífice (o antipapa, como quiera verse), no termina con su muerte. Pues tras fallecer, fue sepultado en Peñíscola, aunque muy pronto trasladaron sus restos a su pueblo natal de Zaragoza: Illueca. Allí se expuso la momia en una urna de cristal, lo que convirtió al lugar en un centro de peregrinación. Pero cien años más tarde, un fraile italiano, viendo la escena y la afluencia de gentes llegados de continuo hasta Illueca; decidió destrozar la referida hornacina. Por lo que hubieron de proteger la sepultura y sellar su tumba, emparedando los restos. Que permanecieron en tranquilidad hasta que tropas francesas -en 1700 (sirviendo a los Borbón)- los expoliaron de nuevo, tirando los huesos al cauce del rio Jalón. Allí recogió su cráneo el Barón de Gotor, quien los guardó en un fanal y los mantuvo en el palacio del marqués de Morata de Jalón (sito en Sabiñán). De ese palacete fueron robados en el año 2000, considerando que era una gran reliquia, para pedir un rescate. Finalmente, la Guardia Civil logró recuperar el cráneo, que fue entregado a la iglesia de Illueca; de donde había sido expoliado tres siglos antes.



III) Pedro de Fonseca, cardenal y el papado italiano:

La Políglota de Alcalá y el pensamiento de Cisneros, es uno de los casos de influencia judía en nuestra Iglesia hispana; aunque los hay a cientos (por no decir a miles). Tantos como existen ejemplos de edificios peninsulares con rasgos musulmanes o de arquitectura hebrea; un hecho que es tan normal como comprensible, pues en los siglos XIV y XV todavía convivían las tres culturas y los tres idiomas del monoteismo: Latín, arameo y árabe. Debido a ello, la síncresis que Pedro de Luna pretendió realizar, intentando aunar el mundo judío con el cristiano, tuvo una enorme repercusión filosófica y social. Principalmente porque basó su teoría de síncresis, en grandes rabinos y conocidos sabios. Tomando como ejemplo primigenio al maestro San Ramón Llull; venerado en tierras del Levante y en Aragón. Cuyos intentos por predicar en tierras de África y convertir a hebreos y musulmanes, no excluye la idea de que este filósofo consideraba a todos por igual -estudiando y recurriendo en sus planteamientos, a libros de sabios árabes o arameos- (23) . En esa labor por igualar a la población en un mismo credo; el Papa Luna se centró en la tolerancia, permitiendo la síncresis de cultos y de costumbres. Promoviendo la conversión de la mayoría de los judíos y que el islam pudiera convivir entre los cristianos; quienes contrataban albañiles y tenían sus campos plenos de agricultores musulmanes (pensando, que poco a poco se bautizarían).

Tras lo expuesto, hemos de añadir que con la Guerra de los Cien Años (1337-1453), el mundo eclesiástico de la época, se había enrarecido tanto como el político. Sufriendo los avatares de un conflicto que durante más de un siglo enfrentó a británicos y franceses, en batallas convertidas en verdaderas carnicerías. Una situación de extrema violencia entre reinos católicos, que desde el mundo hispano se veía relacionada con el abandono de Las Cruzadas; argumentando que la lucha de religión aunaba a los cristianos. Por lo que León, Castilla, Aragón o Portugal, pretendían mantenerse un tanto al margen de esa Guerra de los Cien años; debido a que su pugna era unida y común. Prefiriendo enfrentarse a los musulmanes, que por entonces dominaban el Sur peninsular y atacaban las costas mediterráneas del Levante. Todo ello lleva a una situación en que La Península Ibérica se intenta separar del resto de Europa, mientras Inglaterra y Francia pretenderán influir en la política interior de sus reinos (apoyando a nuevas dinastías o provocando guerras civiles entre familias candidatas a la Corona lusa o a las hispanas). El resultado final fue el ascenso de nuevas Casas Reales; mientras a su vez, se producía un cisma religioso. Donde Aragón y sus territorios (Sicilia principalmente) junto a Castilla y Escocia, tuvieron su propio Papa, llamado Pedro de Luna -legitimado en Avignon-.

Pero Italia, no desesperaba en su intento por que los pontífices fueran principalmente nacidos en su tierra y pertenecientes a las grandes familias romanas. Pretendiendo unificar de nuevo el catolicismo para liderarlo; intentando acabar con el mencionado Cisma que se produjo en 1478. División, que comenzó en los reinos itálicos, a la que se sumaron decenas de Cardenales; debido a la falta más absoluta de equidad en la elección de los Pontífices. Una situación que -ya dijimos- aprovecharía el rey de Francia, logrando así tener un Papa “autóctono” y en Avignon. Pontificado galo que en principio había sido apoyado por todos los reinos europeos, exceptuando Italia e Inglaterra (como fiel reflejo de esa Guerra centenaria, entre británicos y galos). Aunque tras fallecer el primer Papa de Avigñon (Clemente VII), la elección de Pedro de Luna, sería muy mal recibida por los francos; tanto que el recién elegido, decide huir a Nápoles (temiendo por su vida). Siendo así como logra instaurarse en sus tierras de Aragón, todavía reconocido por muchos; pese a lo que su trayectoria pro semita le hace caer paulatinamente en desgracia.

De tal modo, ante una situación tan sincrética del Papa Luna; se aúnan franceses y británicos. Al observar que tras la Conferencia de Tortosa (1412-1415), en Aragón se estaba iniciando no solo un pontificado paralelo, sino una nueva religión de amplio carácter judaizante. Logrando finalmente, Martín V, ser elegido en 1415 y admitido por las fuerzas galas e inglesas; deponiendo a los que llamaron “antipapas”: Los otros dos herederos de San Pedro, que reinaban en “Cisma”; llamados Juan XXIII y Benedicto XIII. Pero mucho antes de que se acordase la unificación católica bajo la Tiara del italiano Martín V; se había sucedido en la Península Ibérica un importante pontificado, dirigido por el genial Pedro de Luna, cuyo deseo era unir las tres religiones monoteistas, bajo el mando de la cristiana. Idea que le granjeó los peores enemigos; oponiéndose al de Peñiscola antisemitas como San Vicente Ferrer. Que nunca reconoció a Pedro de Luna en el trono de San Pedro (pese a ser su paisano y amigo); prefiriendo adherirse a los de Avignon y apoyar a otros candidatos galos. Prodigándose Vicente Ferrer en maquinaciones, para que los reyes de Castilla y Aragón no aceptasen el pontificado del aragonés. Todo lo que parece, nacía del odio hacia los judíos que desprendía este valenciano, llamado Ferrer; que a hierro y fuego quería bautizar a todo el que no fuera católico. Mientras el de Luna, prefería rodearse de una corte de conversos, potenciar la síncresis y lograr que los súbditos fueran aceptando el cristianismo, sin obligación plena por abandonar sus cultos de origen.



ARRIBA: Grabado del siglo XVIII que representa Peñíscola idealizada. Agradecemos al Ayuntamiento de Peñíscola, su página dedicadas a imágenes antiguas de esta villa; de la que hemos obtenido la que vemos (24) .




SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres preciosas fotos de Peñíscola, tal como las divulga el “portal” CASA ISCOLA (a la que agradecemos nos permita divulgaras). Asimismo, nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Peñíscola su página dedicadas a imágenes antiguas de esta villa; de donde la hemos obtenido -ver cita (24) -.




Así pues, el que siempre se mantuvo en sus trece (Benedicto XIII) tomó fama como personaje culto y tolerante; rodeándose de lo mejor de cada religión -fueran musulmanes, judíos o católicos-. Unos hechos que para los intolerantes, resultaban más que peligrosos; sin aceptar un trono de San Pedro entorno al que médicos o físicos hebreos y arquitectos mudéjares, camparan a sus anchas. Por su parte, el pontífice de Peñíscola decidió crear nuevos prelados, buscando a familias desconocidas e individuos inteligentes. Llamando a su Corte, a personajes como Alonso Carrillo de Albornoz, Jordán de Urriés y Pedro de Fonseca -que todavía no habían ocupado cargos de relevancia en La Iglesia-. Quienes, sin titubear, aceptaron al de Luna como Papa; que les nombró cardenales desde 1508. Vistiendo pronto de púrpura a los tres, que hasta entonces habían sido simples capellanes; y otorgando el título de Cardenal de Sant Angelo, a Pedro de Fonseca (en 1509 y legado en nunciaturas). Así entenderemos por qué en esos días, Jordán de Urriés, escribía un tratado en defensa de Benedicto XIII, como único Papa de la Iglesia; tras vestir su túnica cardenalicia de San Jorge en Velabro. En este estado iniciaron sus mandatos los tres nuevos príncipes eclesiásticos; enfrentados incluso al rey de Aragón, que postulaba las tesis de San Vicente Ferrer (contrario a Pedro de Luna). Pero cuando se produce el cónclave que elige a Martín V, Papa -en el año 1415-; los tres cardenales antes mencionados, deciden apostatar de su nombramiento y optar por el italiano. Un hecho, sin duda debido a que Pedro de Luna entonces tenía ochenta y ocho años. Por lo que -viendo lo poco que le quedaba al Papa aragonés- Fonseca, Carrillo y Urriés deciden en 1416 aceptar al italiano y dirigirse a su antiguo benefactor; rogando que reconociera el mandato del recién elegido Martín y renegase de su pontificado.

Este hecho fue recibido con dolor por quien les había togado de púrpura, que les denominó desde ese momento “los hijos degenerados”; prodigándose en protestas sobre la falsedad de esos tres prelados (únicos que se pasaron al bando contrario). En este estado y situación, la Historia admite que en las disputas entre Pedro de Luna y sus tres cardenales renegados -que apoyaban al recién elegido en Italia-. Uno de ellos se dispuso a envenenarle -o bien todos-. Logrando echar en sus alimentos azufre con arsénico; lo que en 1418 le produjo al viejo Papa una grave crisis. Ante la que pronto actuó su médico personal y amigo, Jerónimo de Santafé (antes Rabí Joshua Ha-Lorquí); que logró recuperar la salud del nonagenario. Quien viviría cinco años más, echando pestes continuadas sobre sus cardenales apóstatas (Carrillo, Fonseca y Urriés); a quienes destituyó y a los que se atribuye este envenenamiento fallido del Papa Luna.


Sea como fuere, al poco tiempo aquellos “hijos degenerados” de Pedro de Luna, fueron premiados por Martín V; restaurando a los tres en su dignidad cardenalicia, concediéndoles prebendas y nombramientos. Mientras Pedro de Luna se enfrentaba a las secuelas del arsénico, llegándole la muerte con noventa y cinco años (en 1423); condenado como hereje antipapa y soportando la traición de aquellos a los que tanto había ayudado. En lo que se refiere a Pedro Fonseca, sabemos que al apostatar de su primer cargo, dejándolo definitivamente en 1418 (tras el envenenamiento fallido en Peñíscola); sería el mejor recibido por el nuevo pontífice italiano, cuando en 1419 presta obediencia a este Martín V. Siendo nombrado “Legado del Papa en Castilla” y obispo de Sigüenza; confirmado como cardenal, bajo el encargo de extirpar todo movimiento en favor de Pedro de Luna en tierras hispanas. Unos hechos que pudo ver y conocer su anterior mecenas, Pedro de Luna, declarado ya como el antipapa. Quien había ascendido meteóricamente a Fonseca desde 1409. Convirtiendo a ese simple capellán de la princesa Beatriz y chantre de Ávila; en Cardenal de Sant Angelo y prior de Valladolid (a más de hacerle obispo de Sigüenza). Todo lo que no supuso que Pedro de Fonseca conservase un atisbo de fidelidad a su señor y bienhechor, Benedicto XIII; contrariamente a lo que había hecho su padre. Cuando al perder el rey Juan I la batalla de Aljubarrota (en 1385), decidió mantenerse leal al monarca de Castilla y a su soberana, la princesa Beatriz; debiendo por ello exiliarse en Toro.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos imágenes más de esta preciosa villa donde el Papa Luna tuvo su Corte, tal como las divulga el “portal” CASA ISCOLA (a a la que agradecemos nos permita divulgaras). Asimismo, nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Peñíscola -ver cita (24) -.





SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres fotos relacionadas con el papado y España, en este caso de Játiba. Arriba, el Hospital Real, fundado por Jaime I. Al lado, Alfonso de Borja, papa Calixto III (estatua frente a su palacio) . Abajo, Rodrigo de Borja , papa Alejandro VI. Añadimos esta serie de imágenes, al tratar sobre el Papa Luna; porque la elevación de Calixto III a cardenal y luego al pontificado, se debió en gran parte, a su primera mediación con los del Cisma de Peñíscola. Mostrando siempre Alfonso de Borja, una gran inteligencia y lealtad; rasgos que se observaron desde su juventud, cuando le descubrió Pedro de Luna, habida cuenta sus dotes y conocimientos jurídicos. Así fue nombrado canónigo de la Catedral de Lérida, donde conocieron la amistad entre el Pontífice de Peñíscola y este joven sacerdote; quien se mantuvo fiel a su papado y a cuya muerte intervino como mediador. Cuando quiso sucederle en el “trono de Pedro” cismático, su cardenal principal: Gil Muñoz. Una situación que resultaba otro quebradero de cabeza para Alfonso V de Aragón y sus reinos en Italia. Quien, no deseando más problemas con la curia romana, mandó a este joven prelado (llamado Alfonso de Borja); para que convenciera al sucesor del antipapa, desistir en reclamar la Tiara de Peñíscola. El “intermediario” de las órdenes reales, que siempre se había mantenido fiel al de Luna, no levantó malos pensamientos; logrando convencer al séquito del recién fallecido, que “no siguieran en sus trece”.

De este modo logró que el elegido como nuevo Pontífice (antipapa), no se proclamarse y finalmente Alfonso de Borja fue nombrado obispo de Valencia (debido a su inteligencia y a sus dotes como mediador). Siguió estudiando teología y leyes; destacando por su sabiduría, hasta ser nombrado cardenal. Viviendo por entonces en Roma, donde repetidamente medió entre los Orsini y los Colonna, para evitar enfrentamientos en estas dos familias que literalmente “manejaban” La Iglesia. Su buen hacer y sus enormes conocimientos jurídicos hicieron que en 1455 le nombrasen Papa, como Calixto III; llegando así al cierre del Cisma de Occidente; teniendo Aragón finalmente un súbdito suyo sentado en la silla de San Pedro. Se sabe que como Pontífice, Calixto III (Alfonso de Borja) fue inmejorable y su conducta austera, justa y limpia. Tan solo pecó de nepotismo, otorgando a sus sobrinos cuantas prebendas pudo; lo que hizo que Rodrigo de Borja llegase a Papa, unos decenios más tarde -principalmente gracias al buen recuerdo dejado por su tío Alfonso-.



Lo antes expuesto, hace comprender la mente y forma de ser del prelado Pedro de Fonseca, quien de niño debió sufrir tremendamente con el asilo de su padre en Toro. Cuando, tras la propuesta de Juan de Avis, para que su progenitor tomase partido hacia la causa rebelde, abandonando al rey hispano. Decidió, que pese a la derrota sufrida por los castellanos en Aljubarrota, seguiría leal a su soberana Beatriz; sin obedecer al que consideraba un falso monarca -entronizado como Juan I de Portugal-. Todo ello, quizá configuró un tipo de personalidad en Pedro de Fonseca (hijo), que le llevó a no ser fiel a su mecenas, Pedro de Luna; quien lo había ensalzado hasta las más altas cumbres eclesiásticas (pese a su origen luso y a su único cargo, como Capellán de la princesa Beatriz, prima de su madre). Asimismo, haber nacido en Portugal, permitió a Pedro Fonseca entroncar con facciones que deseaban derrocar a Benedicto XIII; ya que finalmente, tan solo Castilla y parte de Aragón apoyaban al pontífice de Peñíscola. Por cuanto, unas cosas y otras, convertirían finalmente en un verdadero maestro en intrigas de curia y clero; a este trepador y primogénito del fiel caballero luso, que hubo de exiliarse en Toro.

Tales fueron los honores concedidos por el Vaticano a Pedro de Fonseca, llegando a ser elegido para acabar con el Cisma de Oriente; argumentando Martín V que había sido el artífice que logró terminar con el Cisma de Occidente. Esta confianza ganada con el Papa Martín, nos lleva a pensar que si -como dice la Historia- Pedro de Luna fue envenenado por un cardenal suyo, enviado desde el pontificado italiano. Lo más seguro es que Pedro de Fonseca fuera quien echó la ponzoña sobre los alimentos, quizá mientras los degustaba junto a este, en Peñíscola; pues sabemos que el envenenamiento de arsénico con azufre, tiene remedio -simplemente lavando el estómago con tisanas-. No siendo extraño pensar, que tras haber intentado matar al “antipapa”, jugándose la vida (en 1418); el prelado Fonseca fuese cubierto de honores por el papado de Italia. Quien poco tiempo después le llamó a Roma para encargar una segunda misión “similar”; pero esta vez consistente en acabar con el Cisma de Oriente. Es decir, unificar la Iglesia Ortodoxa bajo la fe Católica. Así fue nombrado legado papal (en 1421) y enviado a Constantinopla, hacia donde partió un año después. Del mismo modo, se le encomendó dirimir los conflictos sobre Nápoles, entre el Vaticano y el reino de Aragón. Legado que se dispuso a cumplir, mientras se le asignó también solventar los problemas entre el rey de Aragón y los intereses del papado en Nápoles. Saliendo Pedro de Fonseca desde Valencia, acompañado por el gran monarca aragonés Alfonso V (en 1422); aunque antes de su llegada a Roma, “accidentalmente” murió, cayendo por una escalera en el Convento de San Cosme. Todo lo que cierra la vida de este enigmático personaje, que -a mi modo de ver- fue defenestrado antes de que pudiera enredar más, entre el poder de Roma y los aragoneses. Falleciendo en estas extrañas circunstancias; premuriendo en un año al Papa Luna, que tanto le había ayudado... .

Para finalizar diremos, que a -mi juicio- el secreto de la enorme fortaleza que la familia Fonseca tuvo en la Iglesia; residió en los servicios prestados al papado de Roma por este Pedro (hermano de Beatriz y tío de los numerosos prelados, que nacieron tras él). Pues, como sabemos, fue el que protegió a su sobrino Alonso (hijo de su hermana Beatriz y de Juan A. de Ulloa); cuando al poco de nacer y quedar huérfano de padre, es llevado a un seminario. Niño que asimismo sería adoptado por el hermano de su progenitor (Pere Yáñez de Ulloa), que se esmera en que reciba una cuidada educación. Llegando así a ser aquel huérfano recogido por Pedro Fonseca y por Pere de Ulloa; Alonso I de Fonseca (el viejo) arzobispo de Sevilla y de Santiago. Quien a su vez protege a varios de sus sobrinos, logrando una saga inigualable de obispos y arzobispos en la España del Renacimiento.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba, genealogía de los Fonseca, tal como la expone Eduardo Pardo en su libro sobre esta saga (25) . Abajo, la primera generación de los Fonseca, que viene a España tras la derrota de Aljubarrota (desarrollada por mí, tal como ya vimos en imagen anterior). Destacamos con marco rojo y negro y una estrella de igual color, Pedro de Fonseca. Al otro lado, su hermana Beatriz, de la que nace la saga de prelados famosos en la España del Renacimiento.



BAJO ESTAS LÍNEAS: genealogía de Beatriz de Fonseca, tal como la desarrolla Vasallo Toranzo en su libro LOS FONSECA: LINAJE Y MECENAZGO (13) .




D) LOS DESCENDIENTES DE BEATRIZ DE FONSECA Y DE JUAN A. DE ULLOA (la saga toresana de los Fonseca).

Luis Vasallo habla de este matrimonio como “la rama más fecunda del árbol Fonseca” (26) ; al tratarse de los padres y nietos de infinidad de prelados con enorme importancia, tanto como de consejeros reales y de famosos guerreros. Acerca del marido de Beatriz Rodríguez de Fonseca, narra el autor que pertenecía a “los segundos” de la famosa y muy noble familia de los Ulloa, de gran importancia en Galicia; aunque en este caso se trataba de los señores de Mota de Toro (hoy del Marqués). Asimismo, sabemos que este esposo de Beatriz, llamado Juan Antonio de Ulloa; junto a su hermano (Pere Yáñez de Ulloa) fueron letrados en las Cortes de los reyes Enrique III y Juan II. Conociéndose además, que el Papa Benedicto XIII (Pedro de Luna) dispensó al marido de Beatriz Fonseca, de años de lecturas en la universidad, para lograr doctorarse sin esa titulación necesaria -idem (26)- . Pudiendo hacerlo, tras una embajada en la que viaja hasta Roma, en el año 1397; para defender al Pontífice español, frente al Vaticano. Todo lo que narramos, ratifica la unión de esta casa de Ulloa y la de Fonseca a la causa primera del Papa Luna; al que tristemente traicionó y posiblemente envenenó en 1418, el cardenal Pedro R. de Fonseca (tío de Beatriz). Más siguiendo con la historia de Juan A. de Ulloa, sabemos que tras su presencia en Roma, fue nombrado “Alcalde de Corte”, lo que suponía ser destinado a un lugar donde existían problemas, para actuar como alcalde y solventarlos. Así lo hizo don Juan A. de Ulloa en Sevilla desde 1397 hasta 1407; y su buena actuación le vinculó de por vida con esta ciudad donde testó y murió en 1419 -idem (26) -.

Tras aquellos nombramientos en Sevilla y su benéfico mandato; fue ascendiendo a los más altos cargos, junto a su hermano Pedro (Pere Yáñez de Ulloa). Participando en el Consejo Real, llegando a ser uno de los que decidieron acerca de la candidatura del príncipe Fernando (regente de Juan II); proponiendo que fuera presentado como posible rey de Aragón -en el Compromiso de Caspe-. Asimismo, su patrimonio se acrecentó al ir ocupando estos cargos, teniendo principales posesiones en Santa Ma. de Nieva, Toro, Valladolid y Segovia; a más de en otros pueblos cercanos (como Morales y Mota). A su muerte, la familia no quedó desvalida, gracias a la fortaleza de la viuda (Beatriz) y a la protección de su hermano (el cardenal de Santángelo). A esta ayuda del prelado Pedro de Fonseca , se unió el cuidado que dio a los huérfanos su tío paterno, Pere Yáñez de Fonseca; muy cercano a Don Álvaro de Luna (por entonces Valido del rey Juan II). Todo ello permitió casar a los hijos del desaparecido Juan A. de Ulloa, con algunas de las más grandes casas de Castilla y con personajes de enorme valía personal. Mientras, a su vez, este tío suyo (Pere Yáñez, señor de La Mota) pudo ir cuidando la educación de los huérfanos, a los que se preparó de un modo inigualable -en las universidades y en la milicia-. Sobre esa estirpe y su descendencia, Vasallo Toranzo nos dice que de Beatriz de Fonseca y de Juan A. de Ulloa, nacieron al menos siete hijos (vástagos que a continuación pasaremos a estudiar) -idem (26) -.

Terminaremos el bosquejo acerca de este matrimonio, con un relato que Luis Vasallo incluye en sus obras; mencionando la triste historia final de Beatriz, que murió octogenaria y expulsada de su hogar durante la guerra entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja. Sucediendo los hechos en 1474, cuando Toro se subleva a los partidarios isabelinos y Juan de Ulloa se adueña de la villa, dejándola al mando del rey de Portugal (Alfonso V). Momento en que expulsan a Beatriz de Ulloa de su casa en esta localidad, debiendo refugiarse en Alaejos, la anciana matriarca de los Fonseca. Tras ver como se derribaba aquel edificio, perteneciente a los Ulloa y donde había vivido desde que se casó con Juan A. de Ulloa (primo del que decreta su exilio). De tal manera, sabemos que la casa fue hecha escombros en 1474, un año después de la muerte de su nudo propietario. Pues en 1419 había sido heredada en usufructo por Alonso de Fonseca (el viejo), que se convirtió en Arzobispo y muere en 1473. El hijo preferido de Beatriz, que en nuda propiedad la mantuvo; teniendo allí tan solo unas habitaciones, para usar cuando visitaba en Toro a su madre. Una matriarca de los Fonseca que sufrió un doloroso final, pues en 1467 vio morir a su hijo Fernando y en la fecha en que se expulsa de la ciudad a la anciana, hacía pocos meses que había fallecido el arzobispo Alonso (llamado “el viejo”). Por cuanto así, triste y casi con noventa años, tuvo que exiliarse en la villa de Alaejos; localidad que, junto a la de Coca, había pasado a manos de su nieto Alonso de Fonseca y Avellaneda (primogénito de Fernando, el hijo que murió luchando en Olmedo). Pese a ello, este tema tan doloroso, fue un golpe de suerte para la rama de los Fonseca nacidos desde Beatriz; pues al conocer los hechos, se hicieron partidarios de Isabel y de Fernando. Participando con fiereza en la batalla de Toro; con lo que lograron un enorme prestigio social y militar (27) .




SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: genealogías de los Fonseca, desarrolladas por mí. Arriba, su relación con otras familias y con la casa real de Enrique IV. ABRIR ELL CUADRO, PARA VERLO COMPLETO. Abajo, descendientes de Beatriz de Fonseca. Recomendamos abrir las imágenes al completo, para poder leerlas bien.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Lugar donde estaba la referida Casa de Juan A. Ulloa, en la que residió Beatriz de Fonseca y su familia hasta 1474 (cuando fueron expulsados de Toro y derruido el edificio). Narra Luis Vasallo (27) , el modo en que se derribó el hogar de los Fonseca; que se encontraba entre las calles toresanas de Moratinos y la de Botellos, con fachada a la Puerta de Morales. Más tarde, el solar fue heredado por Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Palencia que deseó reedificarlo, en memoria de sus abuelos. Recogiendo esta historia Vasallo Toranzo, en su obra dedicada a la arquitectura toresana; donde nos habla del modo en que este prelado intentó su rehabilitación, aunque no pudo llegar a completarla (debido a los altos costes del proyecto que se propuso levantar). De este modo, el edificio, pasó a manos de sus sobrinos; quienes lo abandonaron y finalmente fue vendido por los descendientes, cuando se hallaba ya en muy mal estado (a comienzos del siglo XVII). Al lado, mapa en Toro, situación de la casa. Abajo, fotos de la manzana entre calle Puerta de Morales, Botellos, Moratinos y Dely Tejero; un enorme solar donde se situaba el palacio de los Ulloa y Fonseca (Juan A. y Beatriz).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Lo que queda del referido palacio de los Ulloa y Fonseca, destruido ya en 1474; tras expulsar de Toro a la matriarca y propietaria del solar (Beatriz de Fonseca). Como podemos ver, estaba junto al palacio de los Condes de Fuente Sauco, un solar que -sabemos- vendió otro descendiente de esta Beatriz (Antonio de Fonseca, obispo de Pamplona). Muy cerca de terrenos de la misma familia y también frente a San Lorenzo, se hallaban las casas de los hijos de Beatriz de Fonseca y Ulloa (hija); la primogénita de esta otra Beatriz de Fonseca y Botello, que vivía en el palacio destruido en 1474 (al ser expulsada de Toro). Recordemos que Beatriz de Fonseca y Ulloa, estaba casada con Pedro de Castilla; nieto del rey Pedro I, y ambos se encuentran enterrados en San Lorenzo, de Toro.




Asimismo y sobre el matrimonio de Juan A. Ulloa y Beatriz Fonseca, nos dice textualmente Eduardo Pardo de García y Valdés que ella era “Hija del señor de Olivenza, muerto el 2 de enero de 1419, y de Inés Díaz de Botella fue, como ya hemos dicho, doña Beatriz de Fonseca, dama de la reina, que había casado con don Juan Alfonso de Ulloa, vecino de Salamanca y consejero del rey don Juan II. Hijos de este matrimonio fueron:

A) Doña Beatriz de Fonseca, que casó con don Pedro de Castilla, hijo del infante don Diego, que era hijo bastardo del rey don Pedro I de Castilla, y fueron padres de Pedro «el Mozo»

B) Doña Catalina de Fonseca y Ulloa, que casó con Diego González Acevedo, hijo del doctor Juan González de Acevedo y de Aldonza Díez de Maldonado, que siguen la línea de obispos de Santiago.

La línea de los prelados compostelanos viene por doña Catalina de Fonseca, que debió de morir entre 1470 y 1473, que había casado con Diego González de Acevedo. De este matrimonio quedaron dos hijos: don Luis Acevedo, que casó con Ginebra das Mariñas, y don Alonso de Fonseca, que será el trigésimo arzobispo de Santiago de

Compostela.

Don Alonso de Fonseca Acevedo, arzobispo de Santiago, tuvo con doña María de Ulloa, señora de Cambados, dos hijos:

-Don Diego de Acevedo y Ulloa, nacido posiblemente en Salamanca en el año 1476 y muerto en 1496, casó con doña Francisca de Zúñiga en 1493, que, ya viuda, casará con el segundo conde de Villalba, don Fernando de Andrade, capitán general de Sevilla, muerto en 1542. De este matrimonio fue hija doña Teresa de Andrade y Ulloa, que casó con Fernando Ruiz de Castro y Portugal, IV conde de Lemas.

C) Don Alonso de Fonseca y Ulloa, arzobispo de Sevilla, que había nacido en Toro en 1418 y muerto en Coca en 1473.

D) Don Pedro Ulloa y Fonseca, que casó con Isabel de Quijada y fueron padres de otro Alonso de Fonseca, que fue obispo de Avila (28-1-1469 hasta el 26-VIII-1483), de Cuenca (hasta el 24-V-1493) y más tarde de Osma, donde construyó los cubos y torreornes de las puertas de la villa del Burgo.

E) Don Fernando de Fonseca y Ulloa, primer señor de Coca y Alaejos, maestresala del rey Juan II, que murió el 13 de septiembre de 1463 -contiene errores, ver cita (28)-.

Casó en primeras nupcias con doña María de Avellaneda y en segundas con Teresa de Ayala. De su segundo matrimonio tuvo por hijos:

1. El famoso Antonio de Fonseca, contador mayor de los Reyes Católicos; casado con doña Francisca de Alarcón, con descendencia, y que debió de morir, don Antonio, en Coca en el año 1532.

2. Don Alonso de Fonseca, muerto el 16 de agosto de 1505, que casó con doña María de Toledo, de la casa de Oropesa

3. Don Juan Rodríguez de Fonseca, nacido en Toro en 1451. Estudió en Salamanca, probablemente hajb la dirección de Nebrija, que más tarde le dedicó alguna de sus obras. Después de ocupar una serie de cargos religiosos, es nombrado obispo de Badajoz (20-II-1495), Córdoba (6-IX-1499), Palencia (4-XI-1504), Burgos (5-VII-1514) y, en encomienda, el arzobispado de Rosano en Italia (20-VI-1519). Fue también ministro de Indias desde 1493 hasta su muerte, ocurrida en Burgos el 13 de noviembre de 1524.

4. Finalmente, doña Beatriz de Fonseca, casada con Luis de Zúñiga” (29) .

Sobre esta larga saga toresana desde la que nacieron infinidad de personajes ilustres, entre los que destacaron al menos cinco obispos y Consejeros reales; junto a varios famosos guerreros y hasta Contadores del reino. Nos dice Adelaida Sagarra: “Doña Beatriz de Fonseca fue quien inició la línea sucesoria de la casa de Coca y Alaejos, que coincidió en sus orígenes con la de los marqueses de Villanueva de Cañedo. Ella reforzó los vínculos entre los Fonseca y Toro, al casarse con el doctor Juan Alfonso de Ulloa, natural de esa ciudad, hermano del doctor Pedro Yáñez de Ulloa. Fueron ambos hijos de don Juan Pérez de Ulloa, nacido en Santa María de Pujeda, -Tierra de Villamayor de Andrade, en Galicia- y de doña María Yáñez de Andrade, que habían hecho su casa en Toro. Doña Beatriz y don Juan Alfonso tuvieron varios hijos: Pedro de Ulloa y Fonseca; y Alonso, Fernando y Catalina, que adoptaron por primer apellido el Fonseca” (30) . A la última frase de la profesora Sagarra Gamazo, añadiremos que a través de los archivos de genealogía, nos consta que los descendientes de Beatriz R. de Fonseca y de Juan A. de Ulloa, no serían tan solo los enumerados por ella; obteniéndose los siguientes vástagos del referido matrimonio:



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Los descendientes de Beatriz de Fonseca y de Alonso de Ulloa. Arriba, cuadro mío, siguiendo a Vasallo Toranzo. Abajo, gráfico presentado en el anterior estudio. En el esquema que publiqué existía un error, en la sexta hija (llamada Leonor y que yo consideré se trataba de Gutierre de Fonseca y Ulloa; un personaje ajeno a Beatriz de Fonseca).





ABAJO: El mismo croquis aumentado y corregido. En él hemos dado un orden alternativo a los hijos del matrimonio. Recomendamos abrir las imágenes al completo, para poder leerlas bien.




NOTA: El orden en que presentamos los descendientes de Beatriz de Fonseca y Juan A. Ulloa no es el de su nacimiento, sino el modo en que suelen recogerse en las fuentes de genealogía. En esta relación destacamos en negro a los hijos de Beatriz Fonseca y Juan de Ulloa; en azul sus cónyuges; en verde los nietos; en morado los bisnietos; y en naranja, a tataranietos y más que choznos. Además, anotaremos en rojo un número para cada hijo:


1º hija- Beatriz de Fonseca y Ulloa; nacida hacia 1414, usó el apellido materno (al modo portugués). Se casó con el nieto del rey Don Pedro I de Castilla; llamado Pedro de Castilla y Salazar. Cuyos sepulcros podemos ver en la maravillosa iglesia románico mudéjar de Toro, dedicada a San Lorenzo. Fue su hijo, Pedro de Castilla y Fonseca, conocido como Pedro de Castilla “el Mozo”.

1-a) Pedro de Castilla y Fonseca (el mozo): Sabemos de él, que hacia 1469 le fue otorgada la encomienza de cuidar y custodiar a la reina Juana de Avis, esposa de Enrique IV; mientras este se encontraba en guerra y asediado por enemigos. Debido a ello, pidió ayuda al arzobispo Alonso I (el viejo) y la mandó el soberano a la fortaleza de Coca. Desde allí, este señor de Coca (Alonso I) la envió secretamente a Alaejos, donde vivían sus hermanos, los Castilla y Fonseca. En este lugar fue confinada o bien cuidada Juana de Avis, actuando como Maestersala Pedro de Castilla y Fonseca (cuidador de la reina) y la dejó embarazada de dos gemelos; por lo que la soberana tuvo que huir a escondidas -a los seis meses de quedar preñada y cuando ya no podía ocultar su estado-. Así llegó a Cuéllar; bajo el cuidado de Beltrán de la Cueva (otro amante de esta reina Juana); finalmente pudo parir en Buitrago a dos mellizos, que se llamaron:

Pedro Apóstol de Castilla y Andrés Apóstol de Castilla -nacidos en enero de 1469 (fecha dudosa, antes de 1471 seguro)-. De estos nacen varias familias, entre las que se halla una rama que pasó hasta Canarias en el siglo XVI.

Cuando hablemos de Alonso I, arzobispo Fonseca; diremos que tras la reconciliación de esta familia y el rey Enrique IV, hacia 1468 y en una reunión celebrada en La Mejorada de Olmedo; el obispo Fonseca el Viejo (una vez restablecido en su cargo y devueltas sus posesiones) ofrece al monarca protección para su mujer. Proponiendo que llevasen a la reina Juana de Avis al castillo de Coca y trasladándola luego a Alaejos. Allí llegaría en 1468-69 la soberana; que en 1462 ya había parido a su hija Juana, supuesta hija Beltrán de la Cueva y no del monarca. Por lo que no es raro que unos meses después de estar en Alaejos, la reina estuviera embarazada de seis meses, gracias al “cuidado” de su mayordomo: El primogénito de los Castilla y Fonseca (Pedro el Mozo), quien fue padre de dos gemelos nacidos en enero de 1470 (fecha dudosa, quizá en 1469). Sin lugar a dudas, este embarazo no solo se debió a los amores entre la “alegre” Juana de Avis y Pedro, el Mozo; sino, quizás, a un intento por legitimar su soberanía, la de su marido Enrique IV y a la dinastía Trastámara. Ya que aquellos dos bastardos eran tataranietos directos de Pedro I de Castilla. El rey asesinado por el tatarabuelo de Enrique IV (Enrique II); motivo por el que no reconocían portugueses a la “Casa de los Enríquez”.

2-a) Sancho de Castilla y Fonseca: Mencionado por Vasallo Toranzo (31) ; en cuyo libro sobre la arquitectura de Toro habla de una casa de la calle de San Lorenzo, que fue de D. Sancho de Castilla, hijo de Beatriz de Fonseca. Ello, implicaría la existencia de un segundo hijo; aunque se tiene como unigénito a Pedro. También podría tratarse de un error y que el edificio referido perteneciese a Pedro de Castilla y Fonseca. La ubicación del inmueble es frente a la iglesia de San Lorenzo, donde están enterrados los padres.




SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
El lugar donde estuvo la casa de Sancho (o bien Pedro) de Castilla y Fonseca. Frente a San Lorenzo y junto al posterior palacio de los condes de Fuentesauco (marcados en la fotografía de abajo). Arriba, fachada de San Lorenzo y al lado, la calle de entrada a esta plaza.








BAJO ESTAS LÍNEAS: foto de la plaza de San Lorenzo; el ábside de la iglesia y los edificios frente a esta plaza.






JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos imágenes de un palacete de Tordesillas, en la Plaza de San Pedro. Sus trazas son del siglo XV y sus blasones corresponden a las familias: Castilla, Fonseca, Castro y Ulloa. Al lado, podemos ver los escudos que adornan la magnífica rejería, decorando la fachada que se observa en imagen de abajo.







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes de este palacio, donde se observan de nuevo los escudos de las familias Castilla y Fonseca. Sabemos que el apellido de la madre de Pedro de Castilla y Fonseca (apodado El Mozo; que dejó embarazada a la reina Juana de Avis) eran Fonseca y Ulloa, lo que cuadra con el lado derecho del blasón que antes hemos visto. Asimismo, los del padre de este Pedro el Mozo eran: Castilla y Salazar, no correspondiendo el segundo, con el blasón inferior derecho, que debería ser las ocho estrellas de Salazar. Desconocemos por qué lleva este escudo los emblemas de la casa Castro, aunque es posible que se trate de una “creación”, colocando el apellido de la primera mujer del rey Pedro I, para hacer ver que el linaje de este Castilla y Fonseca era el de los Castilla y Castro (descendientes de Juana de Castro, esposa del rey). Es decir, sustituyendo el blasón de Sandoval o el de Salazar (de la amante de Pedro I) por el otro de los Castro, cuyo hijo puede considerarse el verdadero heredero al trono. Por cuanto creemos, que este escudo que se añadió a la fachada (laureado y sobre el que luego se puso una cruz, en época clásica); inicialmente fue el de Pedro de Castilla y Fonseca, padre de los gemelos nacidos de Juana de Avis. Deseando los que aquí habitaron, ser los descendientes directos y legítimos de Pedro I. Debido a ello, no tendría el escudo yelmo y fue laureado, decorándolo con una cruz; pues de haberlo rematado con casco de guerrero, este tendría que mirar a su izquierda (como sucede con todo bastardo).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes relacionadas con Pedro de Castilla, casado con Beatriz de Fonseca y padre de Pedro el Mozo. Al lado, tumba de Pedro de Castilla y de Beatriz de Fonseca en la iglesia de San Lorenzo, en Toro (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). Abajo, casa en Alaejos que pudo pertenecer a Pedro de Castilla y Salazar; pues en su escudo izquierdo podemos ver esos blasones de los Castilla (un castillo) y de los Salazar (trece estrellas en sotuer). Además, el yelmo mira a la izquierda, indicando que es bastardo. El otro escudo sobre la fachada (a nuestro lado derecho) me resulta desconocido y ajeno a las familias Fonseca o Castilla. Ello, nos hace pensar que quizás el blasón de Pedro de Castilla y Salazar, procede inicialmente del castillo de Alaejos, que fue destruido por los Comuneros en 1520 y posteriormente expoliado. Pudiendo haberse puesto siglos más tarde en este edificio de la plaza, sobre una terraza y junto al otro (ajeno a esos linajes).



BAJO ESTAS LÍNEAS: Estirpe y descendencia de Pedro de Castilla y Salazar, casado con Beatriz de Fonseca y Ulloa. Su único hijo (Pedro), habría dejado embarazada en 1468 a Juana de Avis, reina de Castilla y mujer de Enrique IV. De este trance, nacerían Pedro Apóstol de Castilla y Andrés Apóstol de Castilla; quienes no conocieron a su madre, debido a que la repudia el monarca (en el tratado de Toros de Guisando), al conocer que estaba esperando hijos ilegítimos. Nacieron esos gemelos en secreto, en Buitrago de Lozoya (a comienzos de 1469) y no fueron bautizados hasta 1470, en Medina del Campo. Más tarde, la madre sería recluida en el Convento de San Francisco, en Madrid, donde aparece envenenada en 1475; poco después de que su hija Juana (La Beltraneja) se casase con el rey de Portugal y se sublevase contra su tía Isabel. Proclamándose Juana I, reina de Castilla; en Trujillo (mayo de 1475). De Pedro Apóstol de Castilla y su segunda mujer (Juana de Mendoza); nace una larga saga que pasa a Canarias, cuyos descendientes actualmente perviven.



2º hijo- Pedro Ruiz de Ulloa y R. de Fonseca -Pedro de Ulloa y Fonseca-, con nombre a la castellana (tomando el paterno primero), fue: Señor de Villal-Barba y Señor de Villanueva de Cañedo. Casado con Isabel de Quijada, descendiente de los Quiñones; hija del Señor de Villagarcía de Campos (Juan de Quijada). Según transmite Vasallo Toranzo, tuvieron ocho hijos; cuatro varones y cuatro mujeres. Dos de las hijas, profesaron como monjas en el Convento de Sancti Spíritus de Toro; las otras se casaron con Juan de Avendaño y con Pedro Solís. Peor suerte tuvieron sus hijos, pues tres mueren sin descendencia; uno de ellos asesinado en Castronuño durante la guerra de los Isabelinos y Betranejos. Más tarde, luego fallecen sus hermanos y tan solo queda Alonso de Fonseca y Quijada el obispo del que luego se hace el mayorazgo. Este prelado Alonso reedifica las principales casas de Toro de su familia, junto a la plaza de la Colegiata; un inmenso palacio que llegaba desde allí, hasta la calle Virgen. Narrando Vallejo Toranzo que la decora con piezas de la Almoneda de la Reina Católica, compradas en 1505. Sobre su hijo asesinado, sigue diciendo el autor que tuvo un hijo llamado Gutierre de Fonseca, un hombre violento que zanjó la disputa de su padre con Rodrigo de Ulloa, matando al alcaide de Toro (Juan Vázquez). Este primogénito del obispo Alonso, llamado Gutierre hereda el mayorazgo y para arreglar su asesinato le casaron con una hija de Rodrigo de Ulloa, llamada Catalina de Ulloa a Gutierre, que muere en 1515 (32) .

2-a) Beatriz de Ulloa y Fonseca Quijada, que se casó con Juan de Avendaño y Mendoza; señor de Urquizupues.

2-b) Blanca de Fonseca, casada con Pedro de Solís, III señor de Solís.

2-c) Alonso de Ulloa Fonseca y Quijada; obispo de Ávila, Cuenca y Osma; señor de Villanueva de Cañedo. Fue uno de los más fervientes defensores de la reina Isabel I, como pretendiente a la corona (en las luchas contra Juana la Beltraneja). Siendo su labor importantísima en la Batalla de Toro, donde guió a las tropas de Fernando e Isabel, para tomar la ciudad. Como dato curioso diremos que fue el restaurador del Castillo de Villanueva de Cañedo, (en Topas, a pocos kilómetros de Salamanca); donde creó un maravilloso palacio para que allí viviera su amante: Teresa de las Cuevas. Con ella tuvo cuatro hijos: Gutierre (legitimado como vástago) y heredero del mayorazgo; Fernando, Ana e Isabel.

2-d y e): dos hijas, que profesaron como monjas en Sancti Spíritus de Toro.

2-f, g y h): tres hijos que mueren muy jóvenes; uno de ellos asesinado en Castro Nuño, durante las guerras contra La Betraneja.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
imágenes del castillo de Villanueva de Cañedo, que fue comprado por el obispo Alonso de Ulloa Fonseca y Quijada, para su amante Teresa de las Cuevas; con la que tuvo cuatro hijos. La fortaleza, reconstruida durante el siglo XV, se entrega a los Reyes Católicos. Años después lo adquiere el obispo Alonso de Ulloa y Fonseca, quien lo remodela, convirtiéndolo en un bello palacio del Renacimiento. Desde entonces se denominó Castillo del Buen amor, debido a que fue decorado y remodelado por el prelado, con un enorme cariño, para mantener allí a su amada y a los hijos que tuvo con ella (Gutierre, Fernando, Ana e Isabel, de Ulloa Fonseca y de las Cuevas).

Tras la muerte de los descendientes del obispo Ulloa y Fonseca, este castillo conocido como el del Buen Amor, tuvo varios propietarios, entre los que se destacó el duque de Sexto y el famoso marqués de Ivanrey. Finalmente, hace medio siglo, lo adquiere una meritoria familia de Salamanca; cuyo hijo fue un famoso Abogado del Estado y alcalde de la ciudad (Fernando Fernández-Troconiz). Tras mantenerlo como finca de recreo durante decenios, decidieron restaurarlo y convertirlo en un hotel de lujo (respetando su estructura y arquitectura). Gracias a la familia Fernández-Troconiz, no solo se ha conservado perfectamente el edificio; además, se ha logrado que muy cerca de Salamanca haya un hotel-fortaleza, de alto lujo y privado.



Antes de terminar las anotaciones sobre esta estirpe de los Rodríguez de Fonseca y Quijada (que catalogamos como segunda); indicaremos algunos datos que nos ofrece también Luis Vallejo sobre sus palacios. Explicando en su libro “Arquitectura en Toro” (33) que hubo dos grandes edificios construidos en la villa, por esta rama de los Fonseca y Quijada. El primero, fue el famoso palacio de los señores de Villanueva de Cañedo, situado frente a la Colegiata, con fachada a la plaza de esta iglesia y entre las calles Caballeriza del Conde y calle Berceras. Ocupando una enorme manzana, donde -según Vasallo Toranzo- edificó un enorme edificio Gutierre de Fonseca (el homicida ya mencionado, que hubo de casarse con la Ulloa para reparar la muerte del alcaide de Toro). De tal modo, el autor cita que en 1511, este hijo del obispo Alonso Fonseca Quijada y de su amante Teresa de las Cuevas, arrendó un horno a cambio de que fueran entregándole ladrillos cocidos, para elevar una casa en Toro. Levantando un gran palacio, con dos torres (hoy desaparecido) y donde sabemos que en 1519 se aposentó Juana de Castilla -llamada la loca-; debido a que en Tordesillas había una epidemia de Peste. Asimismo, hay documentos que afirman como en 1525 se construye en su interior una gran galería, ya que en su parte trasera tenía enormes jardines interiores -aunque del referido palacio, el único rastro que existe es un escudo en la calle Caballerizas-.

Asimismo, Luis Vallejo, cita otra casona que perteneció a esta línea de la familia Fonseca Quijada -idem (33) -; sita en la Calle Reina, muy cerca del posterior palacio de los marqueses de Alcañices. Gran edificio donde se recuerda que estuvo preso Pedro I, a mediados del siglo XIV; cuando la terrible madre de este monarca le engañó para que cayese en manos de sus enemigos (logrando capturarle en Toro). Este palacete lo compraría ciento cincuenta años más tarde Alonso de Fonseca y Quijada; el obispo enamorado de Teresa de las Cuevas, para la que también adquirió y remodeló el castillo del Buen Amor (en Topas, Salamanca). De quien hemos de recordar, era padre del famoso Gutierre; violento personaje que levantó el edificio de la Calle Berceras y del que hemos hablado antes -al tratar sobre el palacio de los Villanueva de Cañedo (señorío y lugar donde se halla el castillo del Buen Amor, en la comarca de Topas)-. Continuando con el palacio que compró su padre, el romántico prelado Alonso de Fonseca Quijada -donde habitaba, en Toro-. También nos dice Vallejo Toranzo que fue vendido a su muerte y adquirido por un antecesor de los marqueses de Alcañices, llamado Francisco Enríquez. Quien picó los escudos de Fonseca que lucía a su entrada y mutiló la arquitectura; para regalarlo finalmente al arzobispado (pasando a llamarse por ello “del Obispo”). De tal modo, al hacerse el enorme palacio de los marqueses de Alcañices, una parte, se adosó como “resto” a su fachada. Por todo lo que durante el siglo XVII fue dejándose en desuso, desvirtuándose su estructura; llegando al XX casi derruido -aunque recientemente se ha recuperado (al menos en su fachada, tal como podemos ver en las fotos siguientes)-.





SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes de la calle reina y de los edificios antes citados. Arriba, el palacete que fue del obispo Alonso de Fonseca y Quijada, totalmente reconstruido. Al lado, situación del edificio, junto al palacio de los marqueses de Alcañices. Abajo, el enorme palacio de Alcañices en Toro.






JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, señalado en el mapa de Toro, donde estaba el palacio de los Señores de Villanueva de Cañedo. Abajo, En este lugar que vemos en foto, estuvo el famoso palacio de los señores de Villanueva de Cañedo; entre la plaza de la Colegiata, la Calle Caballerizas del Conde y la Cuesta Berceras. Muy cercano al más antiguo solar de los Fonseca, que entregó Juan I a Pedro Rodríguez de Fonseca, tras el exilio de Aljubarrota.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, la Calle Berceras y Cuesta Empedrada, donde se situaba la parte posterior del palacio de los Señores de Villanueva de Cañedo. También estaba junto a esta cuesta, la casona mencionada y entregada al del primer Fonseca asentado en Toro; con fachada a esta Cuesta Empedrada. Abajo, plaza de la Colegiata y lugar donde se asentaba el palacio de los señores de Villanueva de Cañedo, en el que habitó Juana la Loca durante la epidemia de peste de Tordesillas, en 1519.



ABAJO, genealogía de la segunda Estirpe nacida de Beatriz de Fonseca y Juan A. Ulloa (esquema mío).




SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, cuadro genealógico de los señores de Villanueva de Cañedo, realizado por Vasallo Toranzo y presentado en su libro LA ARQUITECTURA EN TORO -ver (18) -. Abajo, la misma línea, tal como la recoge en su obra LOS FONSECA: LINAJE Y PATRONATO ARTÍSTCO -ver (13) -



3º hijo- Hernando -ó Fernando- de Fonseca Ulloa: famoso guerrero, asesor militar y consejero de los Reyes Católicos que hereda el señorío de Coca y Alaejos, desde su hermano menor (Alonso de Fonseca I, “el viejo”, arzobispo de Sevilla, que los había fundado). Debemos creerle nacido antes de 1510 y por lo tanto sería cinco, o diez años, mayor que el referido Alonso; al que yo considero uno de los últimos hijos de Beatriz de Fonseca y Juan A. de Ulloa. Sabemos que ocupó el cargo de Ayo de Isabel la Católica; actuando como protector o cuidador de esta princesa, cuando era una niña y vivía casi en el abandono de la Corte. Educada desde 1555 a 1562 como una “noble más”, en Arévalo; tras la muerte de su padre (Juan II). Por su parte, Fernando de Fonseca se convirtió con e tiempo en una especie de “condotiero” hispano; siendo el brazo armado del famoso Alonso I (el viejo), que ocupó sedes episcopales de la importancia de Santiago, Ávila o Sevilla. Al que ayudó y apoyó en todo; habida cuenta que este arzobispo Fonseca participó activamente en la política y hasta en las peores intrigas. Interviniendo también Fernando Fonseca en las pugnas de la nobleza, durante las guerras civiles entre Enrique IV y sus hermanastros. Siguiendo primero la causa de unos y luego de otros, pero debiendo aceptar, finalmente, la candidatura de Alfonsito, el hermano de Isabel la Católica (muerto en 1468, un año después que él). A este Hernando o Fernando; Alonso I de Fonseca (el viejo), lega su herencia, testando en 1460 en favor de él, dejando los señoríos y mayorazgos que el obispo había establecido en Alaejos y en Coca. Siendo Fernando el segundo en ocupar este rango; que no llega a recibir del todo, pues premuere a su legador; luchando en favor del rey Alfonsito en 1467. De este modo, aunque el arzobispo Alonso Fonseca I deja a Fernando el mayorazgo de Coca y Alaejos, debido a que necesitaba ausentarse de común y no podía atender estos castillos. Los señoríos revierten de nuevo al que los había entregado, debiendo ejercer Alonso “el viejo” como dueño de ambas localidades, hasta que le llega la muerte en 1573 (momento en que el mayorazgo pasará a su sobrino, el primogénito de Fernando). Por su parte, ambos hermanos se ven obligados a participar en la guerra y sublevación de algunos nobles, desde 1464; apoyando al bando de Alfonso el infante (tras haberse manifestado fieles a los rebeldes). Debiendo presentarse Fernando en la Batalla de Olmedo en 1467, junto a ciento cincuenta soldados -que él pagaba, para defender las referidas filas del hermano de Isabel (la posterior reina Católica)-. Allí encontrará la muerte Hernando, tras recibir un lanzazo del mismo Beltrán de la Cueva; favorito real, que iracundo buscó al Fonseca, para “darle su merecido”. Ya que esta familia, poco antes era partidaria del rey Enrique.

Esta relación entre Beltrán de la Cueva y los Fonseca, hizo que previamente a alcanzar Olmedo, los partidarios de Enrique IV parasen en Coca, donde el arzobispo Alonso intentó que desistieran ir a batalla; sin lograr el prelado persuadir al rey para que no se enfrentase contra los que apoyaban a su hermanastro. Recodemos que a Beltrán de a Cueva se atribuía la hija primera de Enrique IV (Juana la Beltraneja) y fue el que finalmente mata a este Fernando de Fonseca en Olmedo, al seguir la causa de Alfonsito. Ya que tras el nacimiento de Juana y los escarceos de su madre (esposa del rey) con Beltrán de la Cueva y otros; decide el infante Don Alfonso sublevarse contra su hermanastro, proclamándose rey en 1465 (con apenas doce años). Más tarde y tras fallecer Alfonso -en extrañas circunstancias-, se celebraron esponsales entre Juana la Beltraneja y el duque de Guyena (teniendo la niña apenas ocho años). Todo lo que hizo pensar que -posiblemente- el rey había ordenado envenenar a su hermano Alfonsito, muerto en 1568. Finalmente, la reina Juana de Avis queda embarazada de un sobrino de los Fonseca (Pedro de Castilla y Fonseca), debiendo repudiarla Enrique IV en Guisando; pacto en el que Alonso de Fonseca el viejo actúa como uno de los más importantes representantes. Tras el repudio, aumentaron las sospechas de que su hija (la princesa Juana) viniera desde el Valido (Beltrán de la Cueva), sin ser engendrada por el rey. Todo lo que hace que Isabel (hermana de Alfonsito y hermanastra del rey) se proclame soberana de Castilla en 1575, cuando muere Enrique IV; siendo esta La famosa Reina Católica. Cuando tratemos sobre el Señorío de Coca y Alaejos, volveremos a la figura de Fernando de Fonseca; padre de Alonso, Antonio y Juan. Los dos primeros fueron famosos guerreros y el tercero un influyente prelado en tiempos de los reyes Católicos.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
tres imágenes de la tumba de Fernando de Fonseca y de su segunda mujer, Teresa de Ayala; sepulcro conservado en Santa Ma. la Mayor de Coca (a la que agradecemos nos permita divulgar la fotografía). Esta iglesia y sus tumbas se construyen bajo el mecenazgo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca Ayala y de su hermano Antonio (quien tras morir el prelado, en 1524, sigue con las obras hasta que él fallece -en 1532-). Las trazas fueron planteadas y levantadas por los arquitectos Juan de Ruesga y Diego Rodríguez (que había trabajado con Antonio Fonseca en el castillo, cuando este lo hereda). Los sepulcros se encargaron por el prelado (Juan R. Fonseca) a Bartolomé Ordoñez; quien realizará todas las tumbas que podemos encontrar en el templo mayor de Coca. Arriba, vista general de las magníficas esculturas; cuya calidad y estado tan solo podremos ver en lugares como la Catedral de Burgos. Al lado, mi mujer junto a ellas, para comprender la escala. Abajo, detalle del sepulcro visto de frente.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: dos fotos más de la tumba de Fernando de Fonseca y de su segunda mujer, Teresa de Ayala; en Santa Ma. la Mayor de Coca (a la que agradecemos nos permita divulgar la fotografía). Detalles de las maravillosas esculturas de Bartolomé Ordóñez. Añadiremos que en la inscripción pone que ambos murieron en 1463; aunque esa es la fecha de fallecimiento de ella (Teresa de Ayala); pues Fernando de Fonseca cae en la Batalla de Olmedo, en agosto de 1467.






BAJO ESTAS LÍNEAS: descendientes de Fernando de Fonseca, en las dos estirpes creadas por sus matrimonios con María de Avellaneda y con Teresa de Ayala.



Fernando de Fonseca tuvo dos mujeres que dejaron descendencia (y otra que le sobrevivió, sin hijos):

DESCENDIENTES DE FERNANDO DE FONSECA Y ULLOA, EN SU PRIMER MATRIMONIO CON María de Avellaneda y Fajardo, Degadillo y Quesada (Nieta de Alonso Yáñez Fajardo, II señor de Alhama, de Molina, de Mula y de Lebrilla). Fue madre, junto a Hernando Fonseca, de: Alonso Fonseca y Avellaneda, III Señor de Coca y Alaejos. Título heredado desde su tío, el arzobispo Alonso Fonseca “el Viejo”; que lo lega al que su hermano, Fernando (padre de este Alonso) y que murió en la batalla de Olmedo en 1467. Por lo que al fallecer el arzobispo, pasa definitivamente el título al sobrino.

I-3a) Alonso de Fonseca Avellaneda -III señor de Coca y Alaejos-: Casado con María de Toledo, hija de Fernando Álvarez de Toledo, I conde de Oropesa (rama principal de los actuales duque de Alba) y de Mencía Carrillo. Debemos suponerle nacido en fechas similares a la Reia Católica (hacia 1552) y sabemos que murió en 1505; a consecuencia de los problemas que surgieron cuando su primera hija (María de Fonseca) no quiso casarse con su primo -el hijo de su hermanastro, Antonio-, tal como se había estipulado, para que el mayorazgo pasase a un nieto de ambos. Su aparición en la vida pública sucede cuando muere su tío el arzobispo Alonso (el viejo) y él se declara heredero del señorío de Coca y Alaejos. Momento en que muchos de sus primos rechazan esta herencia, argumentando que el testamento del prelado se había perdido; exigiendo que se repartan las riquezas y señoríos del famoso arzobispo de Sevilla y Santiago. Debido a ello, Alonso de Fonseca y Avellaneda se ve forzado a tomar testimonio de sus hermanos y de sus criados, quienes reconocen ante un juez que el viejo clérigo siempre quiso legarle a él todos sus bienes. Una tesis que se apoyaba en el hecho de que aquel anciano obispo, antes los había legado a su padre (Fernando); dejando así todo, Alonso I de Fonseca (el viejo) a su hermano mayor; quien no pudo continuar con la posesión cuando muere en Olmedo, en 1467. Pese a ello, fueron varias las pugnas judiciales entre primos, por la referida herencia; aunque al reconocer los tres hijos de Fernando que el clérigo quería dejar todo a este Alonso (primogénito familiar), los pleitos se resolvieron finalmente a su favor (34) .

Tal como recogemos, desde 1473, momento en que hereda el señorío de Coca y Alaejos, junto a la fortuna y enseres de su tío (Alonso, el viejo); salta a la vida social, como uno de los principales representantes de los Fonseca. Es así cuando participa en las guerras entre beltranejos e isabelinos, tomando parte muy activa en la famosa Batalla de Toro. Que -en parte- se gana gracias al asesoramiento prestado por este Alonso de Fonseca y Avellaneda, junto al de su hermanastro, Antonio Fonseca y Ayala. Debido a que eran originarios de Toro y conocían no solo las peculiaridades de esta villa, sino también a muchos de sus principales, con los que pudieron hablar para que cambiasen de bando. Asimismo, el hecho de que Juan de Ulloa, al declararse beltranejo, como alcaide, pusiera Toro en manos de los portugueses, expulsando en 1474 a la anciana Beatriz de Fonseca de la ciudad. Avivó más el instinto guerrero de estos familiares de la exiliada, especialmente de sus nietos Alonso y Alfonso, cuando tuvieron que refugiarla en Alaejos. De ese modo fue como lucharon en favor de Isabel, sin dudas ni recelo; logrando ocupar puestos de gran importancia tras la victoria de Isabel, cuando fue declarada definitivamente reina (después de la derrota de los beltranejos) (35) .

Asimismo sabemos, que tras heredar Alaejos y Coca; se centró en la reconstrucción del primer castillo, decorándolo a modo mudéjar (tal como por entonces era la moda llagada desde Andalucía y que hasta Alaejos venía de poblaciones tan cercanas como Medina del Campo, Madrigal o Arévalo). Consecuentemente, hasta que no finalizó la guerra entre isabelinos y beltranejos (en 1480), Alonso no comenzó las obras del castillo de Coca, que acometió con enorme ilusión un decenio más tarde y sin reparar en gastos (invirtiendo en ellas más de quince millones de maravedíes, lo que hoy serían unos 15.000.000 de euros). Para realizarlas se sirvió de una familia de alarifes que ya conocía, llamados Al Farax; cuyo yerno era uno de los más sofisticados arquitectos mudéjares. El famoso Ali Caro, que terminó el castillo con tanta profesionalidad como ilusión, pasando a bautizarse al finalizar la obra, adoptando como nombre y apellido, el de su patrono: Alonso de Fonseca. Tras haber logrado crear un edificio que Torres Balbás calificó como la más bella obra hispano árabe, del Renacimiento (36) . Acerca de este castillo, sus peculiaridades estéticas y sus sistema defensivo, hemos tratado ampliamente en nuestra parte primera de la LEYENDA DE MARÍA DE FONSECA Y RODIGO DE MENDOZA (37) . Del mismo modo, recomendamos leer lo que escribe Luis Vallejo en su libro “LOS FONSECA: LINAJE Y MECENAZGO”, en el capítulo intitulado “Alonso Fonseca y el gusto morisco”; donde describe minuciosamente cómo era la moda hispano-árabe del Renacimiento.

Terminaremos el relato sobre la vida de Alonso de Fonseca y Avellaneda, narrando los pormenores sucedidos con su hija María, cuyo noviazgo y boda parece que le llevó a la tumba. Tal como relatamos más abajo, cuando resumimos la vida de María de Fonseca. Quien se negó a casarse con su primo (boda acordada por su padre y su tío Antonio); llegando a celebrar un matrimonio secreto con Rodrigo Díaz de Mendoza, conde de El Cid. Tras aquello, todo fueron problemas y terminaron encarcelando a la madre (por haber consentido el enlace de conciencia); al igual que María fue hecha presa, después de negarse a admitir su destino como esposa de un primo suyo. Todo lo que creo un sinfín de problemas al padre, que muere en 1505, tras los pleitos y reclamaciones que su hermano Antonio le pone, al no haberse celebrado la boda concertada entre María y su hijo (Pedro).






SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: el castillo de Coca, tal como lo reconstruyó Alonso de Fonseca, entre los años 1485 y 1500 (bajo la dirección del alarife Ali Caro).








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
imágenes de la tumba de Alonso de Fonseca y Avellaneda, acompañado de su madre, María de Avellaneda y Fajardo (primera mujer de Fernando de Fonseca); sepulcro conservado en Santa Ma. la Mayor de Coca (a la que agradecemos nos permita divulgar la fotografía). El curioso hecho de que Alonso no se halle junto a su esposa (María Álvarez de Toledo); nace del enfrentamiento que hubo entre ambos cónyuges, al consentir la mujer que su hija (María) se casase en secreto con en conde de Cenete (Rodrigo Mendoza). Tras ello hubo una verdadera confrontación familiar, en la que el marido culpaba a la progenitora de haber motivado la desgracia de todos; pues él había concertado la boda con su hermanastro, para que los primos se casasen y el mayorazgo no saliera de la línea Fonseca. Así fue como María fue obligada a casarse con su primo Pedro, tras enormes problemas y años de discusiones (incluido de encierros); engañada al comunicarle que el conde de El Cid (su marido) había sido degollado por orden de la Reina Católica. Aunque al enterarse de que Rodrigo vivía y estaba preso en Simancas, todo fue a peor; sin aceptar las condiciones de su boda. De tal manera y por estos motivos, la madre fue apresada en Alaejos durante años; mientras María pasó a residir algunos días en Medina, junto a Isabel la Católica, quien la intentó convencer de que aceptase la boda. Aunque, no logrando que lo hiciera y tras morir la soberana; fue encerrada en una torre en Zamora y más tarde en Arévalo. Poco después, su padre, moría a consecuencia de los problemas y pleitos demandados por su hermano Antonio; quien al final se hizo con el castillo, reclamando el mayorazgo como suyo. Al lado, vista general del magnífico sepulcro labrado por Bartolomé Ordóñez. Abajo, las tumbas y mi mujer a su lado, para comprender escala.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
dos fotos más del sepulcro de Alonso de Fonseca y Avellaneda, junto a su madre María de Avellaneda y Fajardo (primera mujer de Fernando de Fonseca); conservado en Santa Ma. la Mayor de Coca (a la que agradecemos nos permita divulgar la fotografía). Vista superior y detalle de los rostros. Como podemos observar, las estatuas de Bartolomé Ordóñez y las tumbas, son de una calidad inigualable; tan solo comparables con las que podemos ver en catedrales como la de Burgos.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: de nuevo, el sepulcro Alonso de Fonseca y Avellaneda, con su madre, María de Avellaneda y Fajardo, en Santa Ma. la Mayor de Coca (a la que agradecemos nos permita divulgar la fotografía). Detalles de las cabezas de los representados en la maravillosa tumba, que encargó su hermano (Juan R. de Fonseca) y esculpió B. Ordóñez hacia 1520.







Alonso de Fonseca y María de Toledo fueron padres de:

I-3a.a) MARIA DE FONSECA Y TOLEDO: Casada con Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, conde de Cenete y del Cid. Padres ambos de: Mencía, Catalina y María de Mendoza.

Tal como hemos narrado en la leyenda sobre “MARÍA DE FONSECA Y RODRIGO DÍAZ DE VIVAR: Romeo y Julieta del Renacimiento español” (38) ; esta hija primera de Alonso, quedó prendada cuando conoce al primogénito del cardenal Mendoza. Un guerrero ya maduro y viudo, a quien el padre había puesto el nombre y apellidos de El Cid, debido a que cuando Rodrigo nació, el progenitor aun era un prelado sin gran fuerza en la Corte, siendo imposible reconocer a sus vástagos. De tal modo se crió el primer hijo del prelado Pedro de Mendoza entre la nobleza, pero como bastardo; siendo adiestrado para la guerra y las artes, tal como educaban a los descendientes del Marqués de Santillana. Finalmente, tras sus luchas y logrando haber sido nombrado marqués de Cenete y conde de El Cid; después de enviudar y viajar por Italia, conoció a la joven María de Fonseca, quedando los dos enamorados. Pese a ello, el tío de la novia se negó a tal boda, reclamando que María debía casarse con su hijo (Pedro) para que el mayorazgo quedase en la familia. Trato al que se vio obligado a acceder el padre de ella (Alonso), hermanastro de Antonio; quien había heredado Coca y Alaejos, gracias a la ayuda y autorización de este que ahora le exigía casar así a los hijos de ambos. Pese a ello, el matrimonio con su primo Pedro (casi diez años más joven) no gustaba a la pretendida, ni a su madre -la mujer de Alonso-; por lo que en junio de 1502 celebraron una boda secreta (en Coca).

No quiso, o no pudo enterarse el padre de tal enlace -de conciencia-, llevado a cabo en las cercanías del castillo (algunos dicen que entre los pasajes de este) y cuando propuso Alonso a su primogénita el matrimonio con su primo Pedro (unos siete años menor); ella se negó. Pronto se enteraron todos de la situación de la prometida, pues los recién casados pidieron ayuda al cardenal Cisneros y a la Reina Católica, para que diera por válido el matrimonio secreto. Aunque ni el prelado, ni menos la soberana, atendió a sus razones. Tanto insistieron y tan fuerte fue la negativa de María a seguir las órdenes paternas, que Isabel I (muy enferma) le escribió desde Medina del Campo varias cartas, solicitando que fueran a hablar con ella la madre y la hija, para que aceptasen el matrimonio concertado por su progenitor. Ya que su tío (Antonio de Fonseca) había sido una de las personas más influyentes en la Corte de los reyes Católicos -actuando como capitán general, embajador y contador del reino- (39) .

Finalmente, ante la insistencia del conde de El Cid por validar su matrimonio en el Vaticano y la renuncia de María a casarse con su primo; fue la misma reina quien mandó capturar a Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, encarcelándole en Simancas (para evitar que asaltase el castillo de Coca y rescatara a su mujer, tal como e se había propuesto). En este momento (primavera de 1504), dicen a María que Isabel la Católica había mandado degollar al marqués de Cenete, tras tenerle preso, acusado de intentar asaltar el castillo de los Fonseca. Accediendo la “viuda” a casarse con su primo, solo por no quedarse sola. Celebrándose la boda en verano de 1504, en el patio del castillo de Alaejos y asistiendo toda la familia; especialmente sus tíos: Antonio (padre del novio) y Juan (obispo de Paencia y embajador de los Reyes Católicos). Pese a ello, parece que la novia se negó a consumar el matrimonio, por lo que el problema legal debió volver a los inicios. Dicen que el asunto y la boda llegó hasta oídos de la reina Isabel, quien al saber que María contrajo matrimonio creyendo que el marqués de Cenete había sido mandado decapitar por ella; consideró todo una tremenda situación. Fue así como se llevó en octubre de 1504 a la recién casada hasta Medina del Campo, donde le dio alojamiento y respaldo, pero sin soltar de prisión al verdadero marido (Rodrigo). Allí recogió en sus estancias a María de Fonseca, a quien dieron su apoyo y amistad las damas de la Corte que asistían a la reina Católica (muy enferma y a punto de morir). Viviendo la recién llegada junto a mujeres de la talla de Beatriz Galindo y las más ilustres nobles de Castilla, que prestaban su ayuda a la soberana y se compadecían de la pobre enamorada (40) .

Pero al morir Isabel I, en noviembre de 1504, los familiares vinieron a buscar a María hasta Medina del Campo, para encerrarla en una torre de los condes de Alba y Liste (o Aliste). Allí, en tierras de Zamora estuvo encerrada durante casi un año, mientras que el marqués de Cenete fue liberado por el nuevo regente (Fernando el Católico). Momento en que dicen, aprovechó este Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, para atacar el castillo de Coca. Sin tener éxito en su asalto, porque uno de sus criados le traicionó, llevando una misiva hasta Alonso (el padre de María), comunicando que su señor se disponía a tomar la fortaleza. Fue este el único asedio que sufrieron en toda su historia las torres de Coca; en el que -además- la traición obligó a retirarse a los que decidían entrar en ellas. Pues sabiendo el de Fonseca que venía Rodrigo con la intención de hacerle preso, para liberar a su hija María. Preparó aceite hirviendo, que derramó sobre el celoso conde de El Cid, cuando se dispuso este a parlamentar junto a las murallas. El vertido de esta brea ardiendo casi mata al enamorado marqués de Cenete, del que se dice quedó marcado en su cara; debiendo retroceder el de Mendoza y desistir en su misión. Por su parte, a tantas agresiones y problemas, se unió un pleito que demandaron a Alonso (señor de Coca) su hermano Antonio y su hijo (Pedro), pidiendo el mayorazgo para él o para su primogénito; que se había casado con María. De tal modo, cargado de problemas y teniendo encarcelada todavía a su mujer Mayor de Toledo, en Alaejos; testó Alonso de Fonseca, desheredando a María y a su esposa (Mayor), muriendo en 1505 (41) .

Fue en esos días de 1506, cuando llegó a España Felipe el Hermoso, instituyendo una nueva Corte en Burgos; grupo de nobles al que se incorporó el marqués de Cenete y conde de El Cid, bajo la promesa ante el “nuevo rey” de no volver a ver a María (ni menos, atacar a nadie, para recuperarla). Durante este tiempo, se disputaba el gobierno y la regencia de Castilla; habiendo propuesto las Cortes de Salamanca, que fueran reyes Juana y Felipe, bajo el mando de Fernando el Católico. Por todo ello y debido a la mala relación entre el nuevo monarca -Felipe el hermoso- y su suegro, los Fonseca cayeron en desgracia. Momento en que el de Cenete logró que María fuera trasladada a Burgos, para ser internada en una celda de Las Huelgas Reales. A los pocos meses (septiembre de 1506), murió el mencionado “rey Felipe” (de un síncope o envenenado) mientras jugaba a la pelota en Burgos. Allí se encontraba Rodrigo Díaz de Vivar, que aprovechó el enorme revuelo de la ciudad; para llegarse hasta el monasterio de las Huelgas y sacar a María. De este modo, en pocos días, logró alcanzar el castillo de Jadraque, junto a su amada. Donde se encerró, para nunca más ser molestado; quizás bajo un pacto de aceptar la muerte de Felipe el Hermoso, a cambio de rescatar a su enamorada. Fue así como llamaron a un monje una semana después, para que de nuevo bendijeran la unión entre Rodrigo y María; quienes un año más tarde tuvieron su primera hija, a la que pusieron por nombre Mencía de Mendoza y Fonseca -idem (41) -.

Durante un largo tiempo residieron en Jadraque, cuyo castillo y palacio mejoró el conde de El Cid; pero poco después fueron a Granada, donde nacerían sus siguientes vástagos. Que fueron tres más: Rodrigo, que muere de niño, Catalina -la segunda- y María, que será la última (aunque heredó los títulos de la madre, por muerte sin descendencia de sus hermanas). Finalmente se trasladan a Granada, donde en tierras del Cenete (o Zenete) decide Rodrigo elevar un palacio dentro del castillo de La Calahorra. Creando uno de los más bellos monumentos del Renacimiento, en memoria de su amor por María; terminando en menos de un año el palacio de La Calahorra, del que hemos hablado extensamente en nuestros anteriores artículos -ver cita (37) y consultar nuestra LEYENDA SOBRE LA MOTA DEL MARQUÉS -.

Para terminar, recogeremos las palabras que escribí sobre Rodrigo y María, en la referida leyenda. Donde narraba como fueron recibidos en Andalucía, por el conde de Tendilla, primo de Rodrigo, que les alojó un tiempo en la Alhambra. Aunque con el paso de las semanas, la relación familiar se tensó, al saberse la fortuna que deseaba gastar el conde de El Cid, para reconvertir el castillo de La Calahorra en un palacio de tipo italiano y con jardines semejantes a la Alhambra. Finalmente, la construcción del enorme edificio, en memoria del amor entre María y Rodrigo, comenzó en 1509; viniendo para diseñarlo algunos de los mejores arquitectos de España y de Italia (como Lorenzo Vázquez o Michele Carlone). A los que acompañaron grandes alarifes, maestros del mudéjar, encargados de los patios y de las zonas hispano árabes (los zaragozanos Ybraym Monferriz y Mahoma de Brea). Logrando completar el edificio en tan solo cuatro años; y pudiendo vivir en él sus señores desde 1513. Más tarde, diversas vicisitudes llevarían a Rodrigo y María a necesitar viajar, pasando sus días entre Ayora (actualmente Albacete, antes Valencia) y La Calahorra de Granada. Finalmente, tras veinte años de amor, con todo tipo de problemas; y doce de matrimonio, medianamente normalizado. María de Fonseca cayó enferma y falleció en 1521. Al morir ella, de nuevo el marido quiso ir a la guerra, luchando ferozmente contra la revuelta de Las Germanías -los Comuneros de Valencia-; siendo hecho preso en Játiba en 1522 y muriendo de fiebres un año más tarde (después de que su hermano Juan, le hubiera liberado del famoso fuerte llamado de Xátiva) -ver (42) -.





SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, cuadro de María Carrera que representa el castillo de El Cid, en Jadraque. La fortaleza fue comprada a mediados del siglo XV, por el cardenal Mendoza, para rehabitarlo y convertirlo en un palacio. Lo regaló a su hijo (Rodrigo Díaz de Vivar); cuando en sus primeras nupcias, contrajo matrimonio con la hija de los duques del infantado -aunque al poco de estar allí los recién casados, enviudó de ella-. Finalmente, vivieron en este castillo María de Fonseca y su enamorado Rodrigo, antes de pasar a residir en La Calahorrra (Zenete, Granada). Al lado, La Calahorra en Guadix, junto alto del Mulhacén; exterior del castillo convertido en palacio por Rodrigo, marqués de Cenete y conde de El Cid -para rememorar el amor infinito hacia su esposa María de Fonseca-. Abajo, dibujo mío de María y Rodrigo. Él, desde un retrato tomado de su tumba en el convento de Santo Domingo de Valencia. Ella, en un retrato imaginario, desde una descendiente de los Fonseca de Toro.





SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, tumba de María de Fonseca y Rodrigo Díaz de Vivar (marqueses del Zenete y condes de El Cid); en el Monasterio de Santo Domingo, de Valencia (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Al lado, los sepulcros que encargó a Italia su hija Mencía y que fueron hechos por Giovanni Orsolino y Iovanni Carlone. Abajo, foto antigua tomada de la web VALENCIA EN BLANCO Y NEGRO, de Julio Cob; donde vemos el sepulcro desde sus pies.







I-3a.a/ 1º,2º,3º) Mencía, Catalina y María de Mendoza:

Las tres hijas de Rodrigo Díaz de Vivar Mendoza y de María Fonseca Toledo, fueron famosas por su enorme belleza y cultura. La mayor, llamada Mencía (43) , nació en el castillo de Jadraque en 1508 y a los dos años desde que sus padres huyeran de Burgos. Fue educada por el gran humanista de Valencia, Luis Vives; un hecho que le marcó de por vida. Al morir su padre, en 1523; heredó el condado de El Cid y el marquesado de Cenete y se trasladó a Burgos, junto a la Corte de Carlos V; donde se casó con el famoso Nassau (Enrique III, conde de Nassau y de Breda, camarero del emperador). Narra Giovanna de Calderón, que ese matrimonio fue concertado por el Emperador, para que la afortunada noble no se casase con los Alba (familia de su madre); con el fin de que las familias españolas no tuvieran tanta fuerza y trasladar el poder hacia Europa. Había una enorme diferencia de edad entre ambos novios, pues él celebraba su tercer matrimonio, con más de cuarenta años; mientras Mencía era una quiceañera. Pese a todo, no le intimidó la situación y tan solo pidió la colaboración de Pedro Mártir de Anglería, para lograr enormes beneficios y prebendas, por desposarse con ese íntimo amigo del rey Carlos I (siéndole concedidas las baronías de: Alberique, Alcocer, Alazquer, Gabarda y Ayora -entre otras-). Tras su sonada boda en Burgos, en la que se celebraron hasta torneos y justas; vivió entre Flandes y su castillo de Jadraque, convertida en mecenas de humanistas y pintores. Llegando a ser muy amiga de Erasmo de Rotterdam, de Ene Gossaert y otros pintores, como Van Orley, a los que mantenía en su palacio de Breda (convertido en un centro de mecenazgo). Debido a la edad del marido, pronto quedó viuda (en 1538) aunque tan solo por dos años; pues en 1540 volvió a casarse, pero esta vez con Fernando de Aragón, duque de Calabria, hijo del destronado rey de Nápoles.

Este segundo esposo de Mencía, era nieto de Alfonso V de Aragón y -asimismo- viudo de la famosa Germana de Foix; la segunda y última mujer de Fernando el Católico. Contra la que se sublevó el pueblo valenciano, en la guerra de Comunidades (llamada Germanías). Revolución que resolvió principalmente el Conde de El Cid, padre de Mencía; muriendo a consecuencia de haber sido apresado en el castillo de Játiba durante meses -luchando en favor de Carlos V-. Por cuanto se entiende que, su hija, años después se casara con el que había sido marido de Germana de Foix (Fernando de Aragón); que así fue nombrada virreina de Valencia. Narra Giovanna de Calderón, como en los prolegómenos de la boda -también concertada por el Emperador- el novio no deseaba casarse, debido a que la pretendida exigía que expulsasen a su amante del reino valenciano; aludiendo (además) que Mencía estaba bastante gorda -todo lo que Carlos I consideró “chiquilladas”-. Tras su sonada segunda boda, celebrada en Ayora, ya no pudo volver a Jadraque; al no heber en ese castillo estancias suficientes para alojar a su servicio (pues, solo capellanes, tenía casi cuarenta). Dedicando su vida al mecenazgo y a la ayuda a universitarios, tanto como al estudio y a las escuelas de Valencia; donde intentó fundar una con enseñanza trilingüe. Llegó a formar una inmensurable colección de arte y una de las bibliotecas más importantes de la nación (tan solo comparable con la de su abuelo, el cardenal Mendoza). Convertida probablemente en la mujer más rica y culta de España; siempre reclamó el mayorazgo de Coca y Alaejos, que finalmente le fue restituido a los herederos de Antonio de Fonseca -tan solo, después de que muriese en 1523; este al que ella consideraba un usurpador y que era su tíastro-.

Falleció Mencía en 1454, sin descendencia y sus títulos pasaron a su hermana menor, llamada María. Debido a que ya había desaparecido su otra hermana (siguiente en línea de sucesión); la segunda hija de Rodrigo y María, llamada Catalina. Quien contrajo matrimonio con el marqués de Berlanga, muriendo muy joven y sin descendencia (en 1526). Así fue como los títulos y numerosas posesiones de Mencía de Fonseca fueron heredados por su hermana María; casada con su primo Diego Hurtado de Mendoza, hijo del duque del Infantado (a cuya familia regresaron las posesiones de los Mendoza). Heredando María el título de condesa de El Cid y Marquesa de Cenete, cuyos descendientes aún perviven. Para finalizar este bosquejo biográfico que hemos hecho sobre la primera hija de Alonso de Fonseca y Avellaneda (María), junto al de su marido e hijas; en cita (44) recogemos lo que Óscar Perea Rodríguez, narra acerca del marqués de Cenete y de María de Fonseca, en su tesis doctoral dedicada a la literatura de la época.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos retratos de Simon Bening, que se conservan en el Museo de Berlín (al que agradecemos nos permita divulgarlos). Arriba, Enrique III de Nassau, conde de Breda; que se casó en 1524 con Mencía de Mendoza, hija de Rodrigo y de María de Fonseca. Abajo, Mencia de Mendoza y Fonseca, hacia 1533, con unos veinticinco años; pintada por Simón Bening.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
dos imágenes de la tabla flamenca llamada “La Virgen de la mosca”, expuesta en la sacristía de la Colegiata de Toro (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Como podemos ver en el detalle (al lado), el manto rojo de La Virgen tiene una mosca pintada; realizando un juego óptico, para dar la sensación de que se ha posado realmente sobre el cuadro. Esta obra se atribuye a varios pintores, entre los que destacan: Michael Sittow, Gerard David, Adrian Isenbrand, Ambrosius Benson -e incluso, de Mabuse-. Actualmente, entre los expertos que más conocen el tema (José Navarro Talegón y Luis Vasallo), se considera posiblemente un Van Orley. Asimismo, estos investigadores, la datan posteriormente a 1515; por lo que jamás podría proceder de la “almoneda de la Reina Católica”. Es así, como Vasallo Toranzo cree que pudo ser legada por Juan Rodríguez de Fonseca y Ayala (obispo de Palencia y embajador de los Reyes Católicos en Flandes) hijo tercero de Alonso de Fonseca Avellaneda, el III señor de Coca y Alaejos. También considera la posibilidad de que fuera comprada, después de que este prelado falleciese en 1523, pensando que pudo traerla a Toro su hermano Antonio. Aunque la hipótesis que prefiere, es que se encontrase en el legado que Juan R. de Fonseca deja a su hermano Antonio y a su sobrina (Mayor), formado por una enorme colección de arte. Del mismo modo, Vasallo Toranzo mantiene que pudo tratarse de un regalo realizado en Flandes por Margarita de Austria, a Antonio de Fonseca y Ayala; cuyos descendientes regalarían a la Colegiata, la tabla (45).

De tal modo, la obra procedería desde la colección de Margarita de Austria, hermana menor de Carlos I, que fue casada con el príncipe Juan (fallecido adolescente) y más tarde enviudó de su segundo marido; quedando en Flandes como educadora y tutora de Carlos I (cuando los padres del futuro emperador tienen que venir a España). Es Luis Vasallo, uno de los que defienden esta teoría; idea con la que otros expertos pretendieron también atribuir la tabla a Michael Sittow; ya que en el inventario de la colección de Margarita de Austria, aparece un cuadro que representa a Isabel la Católica, obra de Sittow. Pero el problema ante esta hipótesis, es que la obra no puede fecharse antes de 1515 (por su trabajo y técnica) y no tiene relación estilística con la pintura de Sittow. Debido a ello, Vasallo Toranzo considera que es un Van Orley, adquirido por Margarita de Austria y más tarde regalado -o comprado- por Antonio o por Juan Rodríguez de Fonseca; finalmente, legado a la Colegiata de Toro.

Pero esta nueva hipótesis vuelve a tener un problema; pues Juan Rodríguez de Fonseca viaja por última vez como embajador a Flandes en época de los Reyes Católicos (antes de 1505); cuando van Orley era un adolescente desconocido -ya que su fecha de nacimiento se calcula entorno a 1590-. Por lo que hasta 1517, el pintor no realizó los primeros retratos reales; un tiempo muy tardío, para que Juan Rodríguez de Fonseca conociera su obra y la adquiriese. En lo que se refiere a posteriores viajes de los Fonseca a Flandes, sabemos que Antonio tiene que huir de Castilla en agosto de 1520, tras la quema de Medina del Campo. Pasando a Portugal y llegando desde Lisboa a los Países Bajos. Un momento terrible para la familia Fonseca, que ve como la turba comunera destruye sus palacios, castillos y casonas; logrando convertir en escombros su vivienda en Medina, la de Valladolid y la fortaleza de Alaejos. Momento en que Antonio de Fonseca no tenía otro destino, ni mayor problema, que el de acabar con la guerra de Comunidades y establecer el orden imperial en Castilla. Motivo por el que no parece lógico que viajase con cuadros a su venida desde Flandes; llegando como capitán, para disolver las tropas sublevadas.

Por todo lo expuesto, me atrevo a proponer otra hipótesis sobre el origen de La Virgen de la Mosca, que más abajo razono. Pues, a mi juicio, esta tabla también podría proceder de una donación realizada por Mencía de Mendoza; la hija mayor de Rodrigo y María Fonseca. Cuyos bisabuelos se hallaban enterrados en esta Colegiata de Toro; quien reclamó siempre los señoríos de Coca y Alaejos, al ser la primogénita del primer hijo de Fernando de Fonseca (muerto en Olmedo en 1467). Pasando a mantener Mencía un pleito con su tío Antonio, por este mayorazgo; litigio que hasta la muerte de aquel al que acusaba de usurpador, no se resolvió. Fallando el juez en 1532 en favor del tiástro; precisamente cuando ya han de realizar la testamentaría de Antonio Fonseca (quien había sido embajador, contador y capitán de los ejércitos de los Reyes Católicos). El motivo último para perder la demanda, parece que fueron las famosas “Leyes de Toro”; dejadas por Isabel la Católica como testamento y promulgadas tras su muerte. Leyes a las que se dieron lectura en 1505, dentro del famoso palacio (del que tristemente solo nos queda la fachada); donde se estipula que toda aquella hija que se casase sin el consentimiento de su padre, sería desheredada. Un hecho que refería y afectaba directamente a María de Fonseca y a su boda con el conde de El Cid. Lo que impedía esa reclamación sobre el mayorazgo de Coca y Alaejos; siendo así, como su primera hija (Mencía) perdió el pleito de sucesión, al morir su tío Antonio.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
dos imágenes relacionadas con la tabla “La Virgen de la mosca”, expuesta en la sacristía de la Colegiata de Toro (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, detalle de un retrato atribuido a Michael Sittow, que representa a Catalina de Aragón; hija de los Reyes Católicos y esposa de Enrique VIII de Inglaterra (propiedad del Museo de la Historia de Viena, al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Abajo, detalle de la Virgen de la Mosca, donde vemos el insecto, en línea con el libro que sujeta el primer personaje y abajo, la espada “con una leyenda”. Iconografía con la que, a continuación, nos atrevemos a dar un distinto significado a esta tabla.




MENCÍA DE MENDOZA; JUANA I (la loca) Y LA VIRGEN DE LA MOSCA:

Previamente a comenzar nuestro comentario, hemos de señalar que el cuadro antaño estuvo firmado como Fernando Gallegos; una inscripción apócrifa que se borró de la tabla, al recuperarla en los años setenta. Asimismo, se sabe, que fue restaurado a comienzos -o mediados- del siglo XVI; seguramente, después de traerla a España desde Flandes (debido a que se encontraba en mal estado). Algunos expertos consideran que quien la restauró por entonces, la firmó como Fernando Gallegos; una hipótesis que resulta extraña, pues en aquel tiempo, Fernando Gallegos era un pintor muy recordado y tan famoso como hoy puede serlo Picasso. Por cuanto, si el que retocó la tabla hacia 1540, fue el que inscribió Fernando Gallegos en su zona baja, significaría que este fue un discípulo directo (o un seguidor) de aquel artista, al que quiso atribuir un cuadro que nunca fue suyo. Pudiendo suponerse que ese restaurador sería Lorenzo de Ávila, gran admirador de Gallegos, que trabajaba en la Colegiata de Toro durante esta época (desde 1520 a 1540). Se sabe, además, que quien retocó la obra; añadió brocados y dorados en toda ella; incluyendo por su mano los bordados de la Magdalena y de Santa Catalina; además de motivos decorativos arquitectónicos en el fondo. Afirmando, quienes han descubierto estos hechos (en razón a trazos, sobre veladuras y barnices iniciales); que aquel que rellenó las referidas zonas, fue también el que añadió la mosca. Un hecho con el que no estamos de acuerdo, pues existen dos copias conocidas de esta tabla (una, en colección privada de Londres y otra también, en manos particulares de Paris); conteniendo ambas el insecto en su centro.

Con todo lo que hemos expuesto, vamos a dar una nueva interpretación y línea de un posible origen, del referido cuadro, tan misterioso -con una virgen, un díptero y la supuesta representación de Isabel la Católica-. Creyendo que no sería extraño considerarlo una donación hecha por Mencía de Mendoza, al templo donde estaban enterrados sus ancestros más antiguos -de España-. Un regalo a la iglesia mayor de Toro, posiblemente solicitando apoyos, debido al pleito entre ella y su tío Antonio. Lo que explicaría un legado realizado por Mencía a esta localidad, de la que procedía su familia; con el fin de pedir ayuda para resolver a su favor el litigio de mayorazgo. Cuya peor traba eran las famosas Leyes de Toro, que impedían heredar a una hija que se casase sin el consentimiento del padre (como sucedió con María de Fonseca). Por lo tanto, no sería extraño que esta gran mecenas del arte regalase este cuadro, que se atribuye a Van Orley; un pintor que vivió en Breda, acogido en el palacio de la noble casada con Nassau (señor de aquella ciudad). Asimismo, pudo ser encargada y legada la obra por Juana I -llamada la Loca-, que en esos años vivió junto a la Colegiata toresana; debiendo trasladarse desde Tordesillas (entre 1519 y 1521), debido a una epidemia de peste.

De tal modo y partiendo de estas hipótesis, la iconografía -a mi juicio-, podría llegar a interpretarse de la siguiente forma: En primer plano, hemos de considerar el retrato de Isabel la Católica, del que muchos niegan su veracidad. Aunque la figuración de esta soberana se demostraría por la lectura que he realizado de la espada (situada bajo ella). Un gran mandoble, que es el símbolo del martirio de Santa Catalina de Alejandría (muerta por este arma); pero también de la proclamación de Isabel como reina. Pues las soberanas de Castilla se presentaban ante sus súbditos con manto, corona y un gran espadón. De tal forma, si leemos la inscripción del filo, a mi juicio debemos interpretar: NOBILI ISABEL I REGINA (NOVLi ISA/ I REGna); una interpretación que demuestro en imágenes, más abajo. Lo que significaría que, sin lugar a dudas, este personaje en primer plano, se trata de Isabel I, La Reina Católica; pero en un retrato no solo noble, sino quizás también “nubil”; es decir “joven y casadera”. Representando a Isabel I, en esa edad apta para mantener matrimonio, lo que explicaría la anteposición de la palabra NOBILI o NUBIL; pues “noble” es una expresión que no se ajusta a una majestad.

Todo lo expuesto, nos llevaría a pensar que -además- esta reina Isabel, simbolizada como una santa Catalina y en su edad más adecuada para la boda; representaría también a su hija (Catalina). Siendo una alegoría de Catalina Aragón y Castilla, reina de Inglaterra; a la que Enrique VIII le dio una terrible vida, en los años que se fecha el cuadro (entre 1520 y 1540). Ello, explicaría que la primera en escena sea una “Catalina de Alejandría”, con un libro abierto; quizás recordando las obligaciones de casarse de las princesas y nobles (descritas en Las Leyes de Toro). Expresando que la consecuencia de esas bodas, como la concertada por los Reyes Católicos para su hija Catalina; provocó un nefasto matrimonio y una tristísima vida (en plena soledad, en las Islas Británicas; soportando amantes y a un marido loco, que llegó a matar a sus mujeres). De aquí, quizás, la importancia de la espada, lo que llevaría a fechar el cuadro hacia 1536, cuando decapitan a Ana Bolena (un hecho que debió ser una terrible noticia en España, sabiendo que su princesa Catalina vivía en aquel país ya separado del Vaticano). Pudiendo aludir esta tabla como Doña Catalina de Aragón, vivía por entonces, secuestrada y bajo el peligro de morir como Catalina de Alejandría lo que sucedió con la desafortunada Bolena-. De ello, la importancia de la espada en primer término de la escena.

En segundo lugar, vemos a una Virgen sosteniendo al Niño, con una mosca posada en su manto; insecto que simboliza una inmundicia, un pecado, un error. Hay quienes consideran que este detalle se añadió posteriormente; sea como fuere, significa suciedad e impureza. Asimismo, es de destacar que La Virgen porta en su mano una pera y no una manzana, tal como debe ser conforme al dogma y a la iconografía; que marca con esta fruta como María no pecó y por lo tanto no “comió de la manzana”. Entregando esa pera a la dama que se halla en la derecha de su trono (nuestra izquierda); una cortesana muy semejante en rasgos a la anterior (por lo tanto parecida a Isabel la Católica). Mujer que se identifica con María Magdalena -antes de convertirse-, por sus vestimentas tan lujosas; aunque -a mi juicio- la aparición de La Magdalena, cuando Jesús era un niño de pocos años, es una incongruencia histórica, siendo obvio que ella nace mucho después que Cristo. Por lo que, en mi opinión, esta figura debe interpretarse como Santa Isabel (prima de la Virgen). Lo que explica que María le entregue una pera (no una manzana, del pecado); simbolizando el nacimiento santo de Juan el Bautista; primo de Jesús, que vino al mundo también bajo el anuncio de San Gabriel y de unos padres tan ancianos, que no se les supone relación carnal. Además -a mi juicio- esta Santa Isabel, representaría probablemente a Isabel de Castilla, reina de Portugal; primogénita de los Reyes Católicos y fallecida, para enorme desgracia de sus padres . Una escena que de nuevo nos lleva a la tragedia familiar de Isabel y Fernando, que perdieron la gran mayoría de sus hijos (en vida), además de ver que la única que quedaba en el Mundo, se volvía loca.

Al otro lado del trono de la Virgen (nuestra derecha), estaría San José, con un libro abierto en la mano (calvo y viejo). Esta nueva figuración, como un anciano que lee, ha llevado a pensar que no sería el padre pensado de Jesús -el aquí representado-; tratándose de un Doctor de la Iglesia o de un personaje histórico (proponiéndose a San Agustín y también, un retrato del cardenal Cisneros o de Diego de Deza). Ello, debido a esta extraña iconografía de San José, que es común en los cuadros flamencos (de anciano); tal como podemos ver en imágenes más abajo. Asimismo, sus lentes en la mano y la lectura de un libro, podría aludir a algún juez o clérigo que interpreta las referidas Leyes de Toro (promulgadas en 1505 y que permitían desheredar a las hijas que se casasen sin permiso del padre). Aunque, personalmente, me inclino a pensar que se trata de un San Zacarías; el marido de Santa Isabel, al que le visitó también el arcángel San Gabriel para comunicarle que iba a ser padre (pese a su vejez). Por lo que expreso, en el cuadro estarían unidos los dos familiares de la Virgen (Santa Isabel y San Zacarías); quizás simbolizando los patronos de Isabel la Católica; la primera por su nombre y el segundo, por ser el santo que guardaba antaño Arévalo. La ciudad donde se crió la reina y en cuyas murallas se custodiaba una magnífica estatua románica de este santo, que se atribuye al maestro Mateo. Siendo la iconografía de San Zacarías esta que encaja con el personaje masculino en la Virgen de la Mosca; ya que el progenitor de Juan el Bautista era un sacerdote del templo, al que se representa portando escritos o con la menorah judía (ver en imágenes más abajo, San Zacarías de Arévalo).

Por último, en otra imagen, a continuación; hemos recogido el modo en que se sitúan en línea: la mosca, el libro con las dos páginas abiertas por los dedos de Santa Catalina y la espada (en primer plano). Todo lo que simbolizaría la inmundicia (la mosca), las leyes (el libro -quizá con un error-) y el poder (representado en la espada, que también alude al martirio de la santa). Refiriendo la escena alegórica, seguramente, a la triste vida que tuvo Isabel I de Castilla, junto al terrible destino de sus hijas Isabel y Catalina. Siendo la mosca, el símbolo de ese “pecado” biográfico, junto al libro (las leyes del poder, las obligaciones); tanto como el mandoble representaría la coronación, pero también la guerra y el dolor. Por lo que considero, esta tabla como una alegoría de la triste vida de Isabel reina, y de sus hijas. Una obra que pudo ser legada por Mencía de Mendoza; y realizada hacia 1530, cuando vivía en su palacio de Breda el pintor Van Orley. Además, hemos propuesto otra opción; considerando que se tratase de un regalo hecho por Juana la Loca, después de vivir en Toro (entre 1519 y 1521; frente a la Colegiata). Debiendo trasladarse desde Tordesillas, por una epidemia de peste; pasando esos años a residir en el palacio de los señores de Villanueva de Cañedo -Gutierre de Fonseca y Catalina de Ulloa- . Quienes habían terminado por entonces de construir el edificio. Explicándose así, perfectamente, el significado que hemos dado esta obra (como una alegoría a la triste vida de Isabel I). Al considerarlo una donación y encargo de su hija, Juana I; quien siempre se lamentaba del terrible destino de su familia. Siendo así, de nuevo, una referencia a las Leyes de Toro, que la proclamaron reina de Castilla, en 1505. Pese a todo lo dicho; también pudo tratarse de un legado de los Fonseca, tal como expresa Luis Vasallo Toranzo en sus conferencias y libros.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: dos imágenes relacionadas con la Virgen de la Mosca. Arriba, tabla de La Epifanía, propiedad de la iglesia de San Pedro y San Atilano, en Zamora (a la que agradecemos nos permita divulgar la imagen). En ella vemos un San José anciano, iconografía normal en los cuadros flamencos de esta época. Abajo, un San Jerónimo del Museo de la Catedral de Segovia (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Se trata de una tabla flamenca, posterior a la que estudiamos; donde se aprecia una mosca en el hombro del santo (como símbolo de pecado o de inmundicia).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
dos imágenes de la espada que aparece bajo Santa Catalina (Isabel reina) en La Virgen de la Mosca. En ella hemos leído claramente: NOBILI ISABEL I REGINA (NOVLi ISA/ I REGna). “Noble Isabel I, reina”; pero también interpreto: “Núbil, Isabel I, reina” (joven-casadera, Isabel I, soberana).





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
dos imágenes del San Zacarías de Arévalo, junto al que he situado a mi mujer, para que comprendamos la escala. Se trata de una escultura románica, magnífica (cercana al maestro Mateo); que custodiaba la muralla de Arévalo. Antaño estaba situada en la puerta de paso hacia el palacio, donde se crió Isabel la Católica. La iconografía del santo es la que hemos señalado: Vestido de sacerdote y portando escritos del templo (debido a que Zacarías era rabí de Salomón). Por lo que coincide con el personaje masculino que vemos en La Virgen de la Mosca; demostrándose que junto a La Virgen están: Santa Isabel y San Zacarías.





ESTA ES LA PARTE PRIMERA,PARA LLEGAR A LA SEGUNDA, PULSAR: https://artesimbologiayhumanismo.blogspot.com/2023/07/los-fonseca-familia-historia-y-obra_30.html


..................................

CITAS:

..................................


(1): EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

ADELAIDA SAGARRA GAMAZO

ANUARIO 1993 INSTITUTO DE ESTUDIOS ZAMORANOS "FLORIÁN DE OCAMPO" Consejo Superior de Investigaciones Científicas (C.S .l.C.) DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE ZAMORA.

En este trabajo comenta los orígenes de esta familia, tomándolos desde los datos que aporta el referido LIBRO DE LOS FONSECA

Asimismo, habla de ellos en su obra

JUAN RODRÍGUEZ DE FONSECA, un toresano en dos Mundos

Adeaida Sagarra Gamazo, Diputación de Zamora; ZAMORA 2006

pag 73 y ss, LOS FONSECA MIEMBROS DE UNA ELITE TORESANA

.

(2): Alonso de FONSECA. El título exacto es Libro de los Fonsecas que hizo don Alonso de Fonseca del hábito de Samiago y Procurador de Cortes de Toro, natural de Badajoz, Madrid, 10 de abril de 1590. (Lo citaremos como Libro de los Fonsecas). Está depositado en el Archivo de la Casa Ducal de Alba (En adelante A. A.) en la sección documental del señorío de Coca y Alaejos, (citaremos Coca), caja n 232, n 6.

.

SIC: CITA TOMADA DEL LIBRO DE ADELAIDA SAGARRA GAMAZO, VER (3).

.

(3): SIC: "Los hermanos García Carraffa, en su Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispanoamericana puntualizan esta cuestión, barajando -por supuesto-- el posible ascendiente húngaro: «Se desconoce de manera precisa el origen de este linaje, no obstante su gran lustre y antigua nobleza ... Unos tratadistas creen que es originario de Portugal. Otros afirman que su primitiva casa radicó en Galicia. Otros dicen que procede del Rey don Ramiro 11 de León. Y otros finalmente, aseguran que desciende de la casa real de Hungría”

.

(4): EL ARZOBISPADO DE SANTIAGO EN TIEMPOS DE DON ALONSO II DE FONSECA

EDUARDO PARDO DE G. Y VALDES

HISPANIA SACRA REVISTA DE HISTORIA ECLESIASTICA DE ESPAÑA VoL. XXX 1977 (pag 8)

.

(4b): tal como lo narra Adeaida Sagarra Gamazo, en JUAN RODRÍGUEZ DE FONSECA, un toresano en dos Mundos

pag 73 y ss, LOS FONSECA MIEMBROS DE UNA ELITE TORESANA

.

(5): "En el año 1110 Mem Gonçalves da Fonseca y Maria Paes Tavares ordenaron la construcción de un convento, en el monasterio de Mancelos, que alojó a una comunidad de cartujos de la orden San Agustín hasta 1540". SIC: WIKIPEDIA: art. MANCELOS https://es.wikipedia.org/wiki/Mancelos

.

(6): ADELAIDA SAGARRA GAMAZO libro EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA cita (3)

SIC:"Una vez asentado en su territorio, Pierres se casó con Ynes Basquez, y fueron padres de Men González de Fonseca, a quien los Carraffa denominan Men Rodríguez de Fonseca. Ambas fuentes coinciden en señalar que este contrajo matrimonio con doña Dordia González. Fue -según la Enciclopedia Heráldica ... - señor de Quintana de Fuenseca o Fonseca, «floreciendo» hacia 1100. Algunos autores afirman que «se halló en 1085, en la conquista de Toledo y que pasó a Portugal con don Enrique de Borgoña, a quien trajo en dote aquel estado su esposa doña Teresa, hija del rey don Alfonso VI de Castilla»

A partir de esta generación se diversifican los testimonios. Alonso de FoQseca hablaba de dos hijos de doña Dordia y don Men, Rui y Pedro Méndez de Fonseca. Pedro murió en la guerra; Rui participó también en la reconquista y se casó con Urraca Ruiz. Su hijo Men Ruiz de Fonseca sirvió a los reyes don Sancho y don Alonso II de Portugal, muy valerosamente. Contrajo matrimonio con doña María Pérez de Tabares, con quien tuvo dos hijos: Vasco y Rui Méndez de Fonseca. Vasco Méndez llegó a ser privado del rey don Alonso, que le recompensó generosamente por sus servicios con haciendas y mercedes, además de la que él pudo adquirir por su cuenta. Así, le fueron concedidas en la villa de Mora «cassas, vinnas, eredades, guertas y riberas, e defessas e haceñas, en Cafara, cassas y eredades de pan llevar, e vinnas e defessas, en Oda, cassas y eredades de pan llevar e cañares de pescaso ... ».

Vasco Méndez casó con doña Mayor Martín, de la que nacieron tres hijos varones: Ruiz Lorenzo Vázquez de Fonseca, y Vasco Fonseca, que sería obispo de la Guardia. Los Carraffa, en cambio, presentan una sucesión diferente, aunque coinciden en algunos puntos clave: denominan al hijo de don Men Rodríguez de Fonseca, Gonzalo Méndez, añadiendo que sirvió al rey Alonso de Portugal y que se casó con Urraca Ruiz. Su hijo Men González de Fonseca -Men Ruiz de Fonseca en el Libro de los Fonsecas ... - fue señor de Quintana de Fonseca, peleó junto a Sancho 1 que le concedió repartimientos en Portugal, y fundó y dotó el monasterio de Mancellos”.

PAGS 425/426

SIC:

Don Pedro Rodríguez de Fonseca sirvió a don Dionís y a don Alonso IV de Portugal, combatiendo en sus filas en la batalla del Salado, en 1340. Se casó con Mayor Pérez y fue padre de Rui Pérez de Fonseca, vasallo de Pedro I. Fue muy rico y, además de su patrimonio, recibió grandes mercedes de la Corona: en Fuente del Real una heredad de pan llevar y dehesas: en el Vito, casas y heredades de pan llevar; «e guertas e aceñas a do llaman agua dos pejes»; en Castil Rodrigo y sus términos, casa, viñas y tierras de cereal. Todo ello estaba guardado - los privilegios rodados- entre los papeles antiguos, en el memorial familiar. Casado con Leonor Estévanez -Los García Carraffa le hacen marido de Mayor Pérez, hija de Pedro Estévez- tuvo un hijo, Rui Pérez de Fonseca, que fue caballero contino de don Alonso y de don Pedro I de Portugal. Según Fonseca, «era enfermo y no pudo dar a conocer su persona y anssise hac;e a que (hay) poca rrelación del»23. Este Rui Pérez se casó con Leonor Rodríguez, y, al enviudar, con Inés Acuña o da Cunha, con la que tuvo un hijo, Pedro Rodríguez de Fonseca, que fue el último señor de Quintana de Fonseca”.

Pag 427

CITANDO A

A. y A. GARCÍA CARRAFFA. Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispanoamericana . Tomo XXX III.

.

(7): Idem cita (4) EL ARZOBISPADO DE SANTIAGO EN TIEMPOS DE DON ALONSO II DE FONSECA

EDUARDO PARDO DE G. Y VALDES

HISPANIA SACRA REVISTA DE HISTORIA ECLESIASTICA DE ESPAÑA VoL. XXX 1977 (pags. 8 y 9)

.

(8): ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 428; op. cita (3) SIC: citando: Libro de los Fonsecas, (1). A. A. Coca, caja 232, n/6, fol. 7r.

.

(9): ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 429 EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA «Ben saveis pho "dereito que tenho e me perteneçe ser rey de Portugal e como con toda ha berdade e justiçia me han alçado por rey della en Lisboa adonde emfico façiendo justiçia de mis contrarios e merçe a os que para mi selen e guardan a minha voz, por tanto os rruega e amonesto que luego que bos esta deren minha parte, bos benhais a mi e se vos dara libremente os castellos e façienda que tendeys echa vos en este reyno e se bos guardara todo justiçia como a homes fidalgos se costuma guardar ... »zs. [de Lisboa a 16-ill-1393 (sic. 1383)].

.

(10): SIC ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 430 EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

.

(11): ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 431; cita (31): Vid. NAVARRO TALEGÓN, José. Catálogo monumental de Toro y su Alfoz. Caja de Ahorros de Zamora. Zamora, 1980. Pág. 53.

.

(12a): ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 431, 432 EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Como pago por sus servicios, Fonseca recibió los nombramientos de Guarda Mayor, Aposentador Real, Capitán de la Guardia Real, y comenzó a formar parte del Consejo. Además, le fue concedido el señorío de las Tercias del Obispado de Badajoz, que ya en tiempos de Enrique III --que le confirmó todos sus privilegios- incluiría una casa real en Toro. Por este derecho, Rodríguez de Fonseca percibía las dos terceras partes de las tercias de los diezmos del obispado de Badajoz, su tierra, y de la ciudad misma; es decir de las villas de Valverde (de Leganés), Albuñera, Talavera (la Real) ,

Almazarete, Fresnos, Torrequemada, Fuente de Omendo, Val de Sevilla, Los

Pag 431

Revellados, Los Artos, Villar del Rey, Arroyo del Puerto y sus anexos (....)

Pedro Rodríguez de Fonseca alcanzó, antes de morir; 1 de enero .de 1419-, los días de Enrique IV, a quien acompañó a las Cortes que se celebraron en diciembre de 1393; y después los de don Juan II, que le confirmó todas sus mercedes y privilegios”.

Pag 432

.

(12b): Explica la misma autora que por una “Tercia” se debe entender: EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

La percepción de las tercias era casi un ritual. Había un modo acostumbrado de dezmar en cada lugar. Por ejemplo, en Valverde, -desde tiempo inmemorial- se amontonaba todo el grano, dividiéndose en tres partes. La primera correspondía al obispado y cabildo de la catedral; la segunda al cura de Valverde; y de la tercera, se volvían a hacer tres tercias: dos para el rey o en su caso para aquellos quienes se las cediera -los Fonseca- y una para la fábrica”.

IDEM CITA ANTERIOR.

.

(13): VASALLO TORANZO, Luis

Los Fonseca : linaje y patronato artístico / Luis Vasallo Toranzo

Valladolid: Ediciones Universidad de Valladolid, 2018

PEDRO RODRÍGUEZ DE FONSECA, pag. 25

.

(14): Idem cita (4) EL ARZOBISPADO DE SANTIAGO EN TIEMPOS DE DON ALONSO II DE FONSECA

EDUARDO PARDO DE G. Y VALDES

HISPANIA SACRA REVISTA DE HISTORIA ECLESIASTICA DE ESPAÑA VoL. XXX 1977 (pags. 9 y 10)

.

(15): Añade ADELAIDA SAGARRA GAMAZO ( , pag 434: “Según Alonso de Fonseca, acrecentó el mayorazgo con rentas valiosas, y la casa de la familia en Toro. En la Colegiata de Santa María, de dicha ciudad, dotó una capilla, y fundó dos capellanías sobre un juro de heredad que disfrutaba, con una dote de 3.000 maravedíes. Allí hizo trasladar los restos de sus progenitores en 1432”.

.

(15b): EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 430:

.

(16): ADELAIDA SAGARRA GAMAZO , pag 435 , EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

.

(17) (16b): Op. Cita (13) pag. 26 y 27

Los Fonseca : linaje y patronato artístico / Luis Vasallo Toranzo

Valladolid: Ediciones Universidad de Valladolid, 2018

.

(18) (16c) : ARQUITECTURA EN TORO, 1500-1650 // Luis Vasallo Toranzo //Diputación de Zamora 1994

pag. 243

.

(19): Idem op. Anterior, pág 242

.

(20): SIC pag 435 EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

ADELAIDA SAGARRA GAMAZO

.

(21): Pulveris Papae Benedict. Compuesta principalmente por: Semillas de coliandro, semillas de anís, semillas de hinojo, semillas de alcaravea, semillas de comino, díctamo, raíz de regaliz, canela.

.

(22): Pags 27 a 29 del estudio de EUSEBIO COLOMER, S. J.

RAMÓN LLULL y EL JUDAÍSMO EN EL MARCO HISTÓRICO DE LA EDAD MEDIA HISPANA

C:\Users\user\Downloads\326563-Text de l'article-466992-1-10-20170705.pdf

.

La disputa de Tortosa constituye, sin duda alguna, la mayor controversia judeo-oristiana de la historia europea (90). Su organizador es un converso natural de Lorca, llamado Jerdnimo de Santa Fe (antes Josua ha-Lurqui), bautizado en 1412 en Alcaniz por San Vicente Ferrer. Medico a la sazón del Antipapa Pedro de Luna, logro para su proyecto el pleuo apoyo del tenaz Pontífice (91). Los preparativcs para la gran disputa se llevaron a cabo con enorme rapidez. A fines de noviembre de 1412 fue enviado a todas las juderias de la Corona de Aragon un escrito apologetieo de Jeronimo, el Sefer ha-Piqqurim, junto con la orden de que cada una de ellas enviase a la reunion dos o cuatro de sus sabios rabinos. La controversia se abrio el 7 de febrero de 1413. Estaba presente el Antipapa con toda su Corte, entre setenta Cardenales, Arzobispos y Obispos y mas de mil personas entre prineipes y ciudadanos.

La direccion de la disputa la llevaba en persona el propio Benedicto XIII y en su ausencia el General de los Dominieos, Juan de Podianucis, el Maestro del Sacro Palaeio, Sancho Porta y el Cardenal Pedro de Santangel. De parte cristiana, el peso de la disputa recayo en Jeronimo de Santa Fe. De parte judia estaba presente el mas eminente pensador judio de la penfnsula despues de la muerte de Hasday Crescas: Josef Albo de Daroca, ademas de otros sabios rabinos como R. Ferrer, R. Selomo Isaac y R. Astruch ha-Levi. La comtroversia duro casi dos años: desde el 7 de febrero de 1413 hasta el 14 de noviembre de 1414. Su nucleo central fue la discusion sobre la venida del Mesfas. De nuevo sabo a la luz la diferente coneepcion del Mesfas en el Cristianismo y el Judafsmo contemporaneo: Redentor terrenal y polftico para estos liltimos, espiritual y trascendenta para los primeros. De ahi que las razones alegadas por los cristianos para probar que el Mesías ya habfa venido, no saeasen a los judfos de su punto de vista de que ei Mesías todavfa debfa venir.Si los judios se negaban a creer en la venida del Mesías, es que el Mesías cristiano no cumplía con sus condiciones mesianieas.

Por eso, Jerónimo de Santa Fe quiso demostrar a los judíos con pasajes biblicos y rabínicos que el Mesías verdadero tenía las cualidades que le atribuían los cristinos, a lo que los rabinos respondieron que tales pasajes no podían interpretarse aisladamente. sino solo en su conjunto. Jeronimo pasó luego a atacar con exito los errores deil Talmud. Mientras que un grupo de rabinos tomo como taotica la inhibicion, Josef Albó y R. Ferrer intentaron defenderlo a toda costa. Sin embargo, a pesar de la altura científica y humana de los representantes del Judaísmo hispano, hay que reeonoeer que la disputa no les fue favorable.

A medida que la controversia avanzaba, aumentaban cada vez mas las conversiones de grandes masas de judfos. A ello contribuyo en cierta medida, junto al desengafio que el curso desfavorable de la controversia provoco en los medios populares judíos, el cambio ya entonces inioiado hacia una polftica de presion e intolerancia”.

PAG 31 SIC:

También la disputa de Tortosa fue a su vez continuada por una intensa campana literaria. En ella intervienen con sendos tratados el gran predicador valenciano Vicente Ferrer (104) y el converso tarraconense Pedro de la Cavallería (105) y, sobre todo, el famoso rabino mayor de Burgos, mas tarde Obispo de la misma ciudad, Salomón Leví, bautizado en 1390 con el nombre de Pablo de Santa Maria (1350-1435)”

.

(23): IDEM CITA ANTERIOR:

SIC pag 32

ACTITUD DE RAMON LLULL FRENTE AL JUDAISMO

A partir de ese ambiente de ia Espana medieval, entremezclado de intransigencia y tolerancia, contactos culturales y controversias religiosas, eomprenderemos ahora mejor la compleja actitud de Ramdn LIull

para con el Judaismo. Pues Llull es un hijo genuino de su pais y de su epoca. Y esto quiere decir en nuestro caso concreto: los tenritorios de la Corona de Aragdn a fines dal siglo XIII y comienzos del ~X.IV, insertos geografica, politica y culturalmente en el doble horizonte hispano y mediteirraneo con su caracteristico cruzamiento de religiones y pueblos”

SIC PAG 32

En Mallorca recien conquistada por Jaime I abundaban todavia los grupos de mudejares, dedicados a la agricnltura y a la artesania. Por su parte, los judios llevaban tambien una vida de relativa libertad y prosperidad. Bien tratados por lo general en los repartiments hechos en la isla por el Rey Jaime I, se dedicaban eficientemente al comercio

y mantenian relaciones fntimas con las comunidades judias de la península y del Norte del Africa (114). Llull esta tan inserto en este ambiente que para el, como para el español de entonces, los hombres se dividen ante todo en creyentes de las tres religiones: "Christiani, judaei, Sarraceni et quacumque alia secta"

.

(24): Imágenes de Peñíscola; VER: Imágenes de Peñíscola del siglo XX. Casa Ruaral Iscola

httpsarterural.comnoticiasfotografias-antiguas-de-peniscola

.

(25): Idem cita (4) EL ARZOBISPADO DE SANTIAGO EN TIEMPOS DE DON ALONSO II DE FONSECA

EDUARDO PARDO DE G. Y VALDES

HISPANIA SACRA REVISTA DE HISTORIA ECLESIASTICA DE ESPAÑA VoL. XXX 1977 (pags. 11 y ss)

.

(26): Op. Cita (13) / pag 27 y ss.

Para conocer más sobre los Fonseca, recomendamos el libro de Vasallo Toranzo

Los Fonseca : linaje y patronato artístico

Capítulo 2. LOS SEÑORES DE COCA Y ALAEJOS. POLÍTICA, RELIGIÓN Y FAMILIA Pag. 47

1. EL ARZOBISPO ALONSO DE FONSECA EL VIEJO, FUNDADOR DEL MAYORAZGO; 47

El arzobispo Alonso de Fonseca el Viejo, alto consejero de Enrique IV ; 47

Los herederos: Hernando de Fonseca y Alonso de Fonseca ; 53

.

(27): Op. Cita (13) / pag 57 y ss.

Op (16c) pag 242 y ss.

.

(28): El texto que leemos contiene algunos errores, como son el considerar a Fernando de Fonseca primer señor de Coca y Alaejos; un mayorazgo fundado por su hermano Alonso (arzobispo de Sevilla) que le cede en 1463, debido a que el prelado no podía vivir en esas tierras al deber atender su sede episcopal en Andalucía. Así, al morir la primera esposa de Fernando, su hermano le cede estas posesiones y mayorazgos Coca y Alaejos). Finalmente, también confunde la fecha del fallecimiento de Fernando, que es en 1467 y no como pone su lápida (en 1463, cuando lo data este autor). Muriendo Hernando de Fonseca en la batalla segunda de Olmedo, el 20 de agosto de 1467. Asimismo confunde a los hijos, pues el primero es Alonso de Fonseca y Avellaneda; el segundo Antonio Fonseca y Ayala, el tercero Juan Rodríguez de Fonseca y Ayala.

.

(29): EL ARZOBISPADO DE SANTIAGO EN TIEMPOS DE DON ALONSO II DE FONSECA

EDUARDO PARDO DE G. Y VALDES

HISPANIA SACRA REVISTA DE HISTORIA ECLESIASTICA DE ESPAÑA VoL. XXX 1977 (pags. 11 y ss)

.

(30): EL PROTAGONISMO DE LA FAMILIA FONSECA, ORIUNDA DE PORTUGAL Y ASENTADA EN TORO, EN LA POLÍTICA CASTELLANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA ADELAIDA SAGARRA GAMAZO

ANUARIO 1993 INSTITUTO DE ESTUDIOS ZAMORANOS "FLORIÁN DE OCAMPO" Consejo Superior de Investigaciones Científicas (C.S .l.C.) DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE ZAMORA.

pag 434

.

(31): Op (16c) pag 239 y ss. Habla de la casa de Sancho de Castilla hijo de Beatriz de Fonseca y Pedro de Castilla

.

(32): Op. Cita (13) / pag 30 y ss.

.

(33): Op (16c) pag 199 y ss.; sobre el palacio del Obispo; y 250 y ss. Sobre el palacio de los Señores de Villanueva de Cañedo.

.

(34): Op. Cita (13) / pag 55 y ss.

.

(35): Op. Cita (13) / pag 57 y ss.

.

(36): Op. Cita (13) / pag 144 y ss.

.

(37): MARIA DE FONSECA Y RODRIGO DÍAZ DE VIVAR, Parte primera, pulsar en el enlace: https://leyendas-de-la-mota-del-marques.blogspot.com/2023/04/maria-de-fonseca-y-rodrigo-diaz-de.html

.

(38): MARIA DE FONSECA Y RODRIGO DÍAZ DE VIVAR, https://leyendas-de-la-mota-del-marques.blogspot.com/2023/04/maria-de-fonseca-y-rodrigo-diaz-de_22.html

.

(39): Op. Cita (13) / pag 61 y ss.

.

(40): Op. Cita (13) / pag 62

.

(41): Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, BIOGRAFIAS RAH

https://dbe.rah.es/biografias/16003/rodrigo-diaz-de-vivar-y-mendoza

-Roger Boase

María de Fonseca (c. 1486-1521) and the Marquis of Zenete (1473-1523): Aristocratic Rebels and Patrons of Renaissance Culture

R.Boase@qmul.ac.uk http://orcid.org/0000-0001-6801-8598

Queen Mary, University of London

-Op. Cita (13) / pag 63

.

(42): http://leyendas-de-la-mota-del-marques.blogspot.com/2023/05/esta-es-la-cuarta-parte-del-articulo.html -.

.

(43): Para la vida de Mencía de Mendoza, consultamos diversas biografías, entre las que deseamos destacar la de Givanna de Calderón, en https://mujeresypatrimonio.org/blog/mencia-de-mendoza-una-dama-del-renacimiento/

.

(44): Las cortes literarias hispánicas del siglo XV; el entorno histórico del Cancionero general de Hernando del Castillo (1511) UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Facultad de Geografía e Historia Departamento de Historia Medieval Año 2003-2004

TESIS DOCTORAL PRESENTADA POR ÓSCAR PEREA RODRÍGUEZ

SIC:

.

Introducción

el caso del romance compuesto por el semidesconocido Quirós a

los amores del Marqués de Cenete con la señora Fonseca” PG 32,

aludiendo al conocido rapto de la dama y posterior matrimonio de ambos nobles.

.

Se da la circunstancia, además, de que el más famoso incidente de todos los protagonizados por el Marqués de Cenete está también presente en el Cancionero general, pues el asunto sirvió de inspiración a Quirós para redactar su “Romance sobre los amores del Marqués de Cenete con la señora Fonseca” . Hace ya más de un siglo, el erudito Juan Catalina García reconstruyó con las escasas fuentes disponibles este suceso, que desgranaremos a continuación.

"El Marqués de Cenete casó con doña Leonor de la Cerda, hija y heredera de los duques de Medinaceli, en un matrimonio celebrado en la villa ducal soriana en 1492, durante los meses posteriores a la conquista de Granada. Viudo de su primera ed. Pérez de Tudela, I, p. 54. esposa en 1499,270 don Rodrigo pretendió desde entonces casarse con doña María de Fonseca, hija de Fernando de Fonseca, señor de Coca y Alaejos, y sobrina del famoso Alonso de Fonseca el Viejo, Arzobispo de Sevilla y consejero de Enrique IV. Parece que el matrimonio de la dama se convirtió en una cuestión de Estado, puesto que los Fonseca quisieron casarla con su primo, Pedro Ruiz de Fonseca, con el fin de que aquilatar su patrimonio territorial, planes que la dama, al parecer actuando bajo consejo materno, se negaba a aceptar:

Quisieron que su hija mayor doña María de Fonseca casara con Pero Rruyz, hijo del señor Antonio de Fonseca, e el Rrey e Rreyna Cathólicos, conosçiéndolos a los dos hermanos, holgaron queste matrimonio se hiziera, pero ni vino en ello la doña María ni su madre tanpoco..." PAG 271

"En efecto, la dama había quedado prendada del gran galán que era don Rodrigo, profesándole grandes amores incluso en tiempos de la Reina Católica. Fernández de Oviedo además de destacar que el marqués “casó por amore s con doña María de Fonseca”, PAG 272

"no duda en mostrar en otro de sus Diálogos los sentimientos de la dama reproduciendo una hipotética conversación entre doña María y la reina Isabel:

Aunque la Rreyna Cathólica le predicó mucho a la doña María de Fonseca, porque [...] a su primo Pero Rruyz de Fonseca, no la pudo volver de su opinión,

-SANTA CRUZ, Crónica de los Reyes Católicos, I, p. 194: “Y por el mes de março murió

doña Leonor de la Cerda, hija única de don Luis de la Cerda, duque de Medinaceli, muger de don

Rodrigo de Mendoça, marqués de Cenete.”

-FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Batallas y Quinquagenas, ed. Avalle-Arce, p. 57.

-FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Batallas y Quinquagenas, eed. Pérez de Tudela, I, p. 54.

PAG 96

.

Según las noticias de J. Catalina, en la madrugada del 30 de junio al 1 de julio de 1502, el Marqués de Cenete, acompañado de su sirviente García de Montalvo, llegó Coca procedente de Santa María de Nieva con el objeto de visitar a su enamorada dama. Allí, en una de las casas que en la villa segoviana poseían los Fonseca, doña María y don Rodrigo celebraron un matrimonio secreto, sin permiso paterno, sin conocimiento de las autoridades y sin las preceptivas indulgencia canónicas; no obstante, los dos contrayentes firmaron mutuamente células en las que reconocían el enlace.

El padre de doña María, como es lógico pensar, se negó a que el matrimonio se concretase sin su correspondiente y preceptivo visto bueno, pero al punto el de Cenete argüía la cédula matrimonial ya otorgada por su esposa en 1502. En esta tesitura, en 1503 la Reina Isabel tomó una decisión extraordinaria: encerrar al Marqués de Cenete, primero en la fortaleza de Cabezón y más tarde en la inexpugnable Simancas, y conceder a Fernando de Fonseca el permiso para celebrar el enlace legal entre su hija y su sobrino. A su vez, doña María y su madre eran encerradas por don Fernando en la fortaleza familiar de Alaejos, “para imponerlas con insólita violencia sus planes y propósitos.”

-FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Batallas y Quinquagenas, ed. Avalle-Arce, p. 58.

-CATALINA GARCÍA, art. cit., pp. 668-669.

-Al respecto del padre de doña María, dice FERNÁNDEZ DE OVIEDO que “yo le vi fuera de los amores y tan enojado de los del Marqués del Zenete e su hija, que pienso, y aun se dixo público, que de aquel enojó murió.” (Batallas y Quinquagenas, ed. Avalle-Arce, p. 59).

-CATALINA GARCÍA, art. cit., p. 672.

PAG 97

.

María de Fonseca y su primo, Pedro Ruiz de Fonseca. La dama, en efecto, actuaba bajo presión y de ninguna manera aceptaba ese enlace por intereses matrimoniales. J. Catalina reproduce una interesantísima carta de la propia dama en la que reconoce su firme propósito de mantener el compromiso adquirido con el Marqués de Cenete en 1502:

Ya sé que el Marqués, mi señor, ha hablado a Vuestra Ilustrísima y que le ha dicho que él es desposado conmigo. Y porque no sé si avrá alargado a dezir todo lo que en esto ha passado, acordé avisar a Vuestra Ilustrísima cómo no

solamente el Marqués, mi señor, es mi esposo, mas es mi marido.

Mientras tanto, el marqués clamaba venganza en su prisión de Simancas, acusando gravemente a los Reyes Católicos de fomentar la bigamia, ya que la dama no podía estar dos veces casada.

Poco después de que falleciese la Reina Católica, el 26 de noviembre de 1504, el Marqués de Cenete fue puesto en libertad, agravándose el enfrentamiento entre éste y los Fonseca. Estas circunstancias llevaron a Fernando de Aragón a intervenir en el pleito, ordenando que doña María de Fonseca quedase en tercería en el castillo de Arévalo mientras se dilucidaba a quién correspondía tomar la decisión de la validez de su boda. El genealogista Pellicer, al hilo de una descripción del castillo abulense de Arévalo, es quien nos transmite este último dato:

-CATALINA GARCÍA, art. cit., p. 680.

PAG 98

.

En esta fortaleça [i.e, Arévalo] mandó el Rey tuviese en tercería i custodia a Doña María de Fonseca, sobre cuyo casamiento, por su hermosura, linage i Estado, havía grandes competencias en Castilla [...] Hasta que se desposó con

Don Rodrigo Díaz de Vivar i Mendoça, Marqués del Cenete, Conde del Cid. Con la entronización de Felipe de Habsburgo y Juana de Trastámara como monarcas de Castilla, la cuestión continuaba sin estar resuelta. En la entrevista de Villafáfila, el 27 de junio de 1506, Fernando el Católico y Felipe I de Castilla habían acordardo de forma un tanto brusca el traspaso de poderes en el reino; a los pocos días, todavía el embajador de Felipe, Pedro de Guevara, inquiría en Tordesillas a Fernando II de Aragón cómo podría el nuevo monarca solucionar el enfrentamiento que traía de cabeza al Marqués de Cenete y a los Fonseca. Ante esta indefinición de la monarquía, tras la muerte de Felipe I, el 25 de septiembre de 1506, el Marqués de Cenete aprovechó la confusión reinante para solucionar de forma violenta el pleito, raptando a su enamorada doña María del convento burgalés de Las Huelgas, donde se encontraba la dama después de haber dejado Arévalo. Es Zurita, en su Historia del Rey Católico, quien nos ha dejado constancia cronística de tal aventura:

- Cf. J. PELLICER, Memorial de la Casa i Servicios de don Andrés Velázquez de Velasco, f.

-170v, dentro del volumen facticio recopilado por J. DE MASCAREÑAS, Familias Diferentes.

Tomo Segundo (BNM, ms. 3277). Nuestra cita, en f. 154v.

- R. PÉREZ BUSTAMANTE y J. M. CALDERÓN ORTEGA, Felipe I (1506), Palencia, La Olmeda, 1995

PAG 99

.

Don Rodrigo de Mendoza, Marqués del Zenete por este mismo tiempo, sacó del monasterio de las Huelgas de aquella villa a doña María de Fonseca estando allí encomendada por la justicia; y por ello se puso toda aquella tierra en armas.

Según H. Nader, María de Fonseca había sido trasladada hacia Las Huelgas hasta que las Cortes decidieran su futuro, pero finalmente la audacia del Marqués de Cenete, que demuestra aquí actuar con tanto atrevimiento como esos afamados protagonistas de novelas de caballerías que sin duda leyó con fruición, tuvo el premio merecido a su valentía caballeresca. Finalmente, el matrimonio secreto celebrado en 1502 fue validado, aunque ambos cónyuges pagaron un alto precio por sus amoríos: la dama fue desheredada por su familia,282 mientras que don Rodrigo se ganó la eterna animadversión del Rey Católico, a quien sólo la atención a la elevada prosapia del marqués, así como los disturbios y complicaciones de la segunda etapa de Fernando II de Aragón al frente de los destinos del reino de Castilla, impidió castigar al osado raptor como, por ley, debería haberlo hecho.

El mal estado de conservación del Diálogo en que Fernández de Oviedo describe esta situación nos priva de conocer más pormenores al respecto, pero sí

- J. ZURITA, Historia del Rey Don Hernando el Cathólico, ed. A. Canellas, Zaragoza, Departamento de Cultura y Educación, 1989-1996, 6 vols. El párrafo citado, en VII, cap. 24 (ed. Cit., IV, p. 108).

- Cf. NADER, op. cit., p. 198.

- FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Batallas y Quinquagenas, ed. Avalle-Arce, p. 58: “E al cabo

así se hizo [...] por Marquesa del Zenete e el padre la deseredó por se aver desposado sin su liçençia.” Por todos estos problemas, el contrato de esponsales entre ambos cónyuges no se formalizó hasta el 9 de septiembre de 1514, en la ciudad de Áyora. Se conserva una copia en el Archivo del Palau-Requesens (Sant Cugat del Vallés, Barcelona), Marquesado de Cenete, L. 120, doc. 6. Quede constancia de nuestro agradecimiento al personal del Archivo del Palau Requesens, en especial al Padre Borrás, por las facilidades dadas para su consulta.

PAG 100

.

intuir la gravedad del enfrentamiento entre el Marqués de Cenete y los Fonseca a través del siguiente párrafo, en el que se nos informa del peligro de muerte que corrió don Rodrigo, además de dejar entrever una conspiración cortesana destinada a tal fin:

Como sabéys, por causa de su segundo matrimonio tuvo contrarios a los debdos de su muger, la Marquesa doña María de Fonseca, y por parte de los Fonsecas faltó poco para quemarle bivo en la cava, o fosa, de la fortaleza de la villa de

Coca, por yndustria de un traydor como [...] y adelante se dirá. La biografía de don Rodrigo, noble de la más alta alcurnia, culto y letrado, tan ducho en las armas como en las letras, audaz y valiente hasta el extremo de raptar a su dama enamorada en contra de la voluntad de todo un reino, supone uno de los momentos culminantes de ese galanteo cortesano que subyace a través de los versos del Cancionero general, donde, además de figurar como autor de una invención y un mote, Castillo quiso que, a través del poema de Quirós, quedase constancia de lo que debió de ser uno de los acontecimientos más sonados del primer decenio del siglo XVI. Valga como fin de estas líneas dos caras de esa misma moneda que fue el marqués. Primero, la curiosa descripción que realizó Francesillo de Zúñiga, autor de la Crónica burlesca, del tan pertinaz como enamorado caballero:

- FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Batallas y Quinquagenas, ed. Avalle-Arce, p. 396. Nótese cómo el genealogista madrileño avisa de que más adelante se extenderá en la descripción de estos hechos, aunque nosotros no dispongamos de ellos.

PAG 101

.

Don Rodrigo de Mendoça, Marqués de Çenete, hizo cosas en este tiempo que más pareçió alma del Çid Ruy Díaz que consejo de Hernando de Vega.

- F. DE ZÚÑIGA, Crónica burlesca del Emperador Carlos V, ed. J. A. Sánchez Paso, Salamanca, Ediciones de la Universidad, 1989, p. 82.

PAG 102

.

(45): Op. Cita (13) / pag 143

La Virgen de la Mosca fue un regalo de Margarita de Austria a Antonio Fonseca"; CONFERENCIA DE VASALLO TORNAZO

https://www.laopiniondezamora.es/toro/2018/12/14/virgen-mosca-regalo-margarita-austria-1119015.html


No hay comentarios:

Publicar un comentario