sábado, 7 de marzo de 2020

LA ESTELA DE CASA DEL TEMPLE (Toledo) Y LA DE CALAIBRIA (Portugal); DOS ARAS INÉDITAS -Parte II: La estela de Calaibria-.

Deseo dedicar este trabajo a Fco. Javier Zubiaur Carreño; investigador incansable, cuya obra con miles de páginas expresa una enorme inteligencia, una magnífica honradez y un gran amor hacia su patria chica, a su tierra natal y a nuestro país -a San Martín de Unx, a Pamplona y a España-.
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Existe un índice general de artículos que contiene este blog, al que se llegará pulsando el siguiente enlace: https://artesimbologiayhumanismo.blogspot.com/2023/07/indice-de-articulos.html

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EL ARTÍCULO SE HA DIVIDIDO EN DOS PARTES. ESTA ES LA SEGUNDA; PARA LLEGAR A LA PRIMERA HAY QUE PULSAR EL SIGUIENTE ENLACE:
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Los capítulos se desarrollan en un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas). Si desea leer el artículo entre líneas, bastará con seguir la negrilla y las letras rojas destacadas.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de los dos pedestales que estudiamos en nuestro trabajo. Al lado, fotografía de una estela hallada en las cercanías de Calaibria -Portugal- que analizaremos en esta segunda parte. Se trata de un ejemplar en granito, de unos cuarenta centímetros de altura y unos quince de diámetro; que presenta en su parte alta un símbolo que consideramos un Crismón.
Abajo, ara propiedad de la Casa del Temple (en Toledo); sobre la que escribíamos en la parte primera de este trabajo; concluyendo que se trata de un pedestal paleo cristiano, que fechamos en tiempo muy cercano al año 500 d.C.. Considerándolo una de las pocas estelas católicas de esta época; etapa en que los bárbaros arrianos azotaban la Península y los clérigos hispano-romanos se veían obligados a refugiarse en lugares muy apartados o de difícil acceso. Tal como sucedió en Asturias (donde se han hallado estelas de este tipo); y al parecer también Sos del Rey. De donde procede esta lápida paleocristiana, cuyo dibujo de talla creemos que representa un “Pez” y un “Crismón”. Diseño que posiblemente se trataría de una de las primeras figuraciones del “ICTUS” y de su aspa en la Península. En la fotografía inferior, el ara de Casa del Temple (Toledo) y su análisis de signos; en primera linea, los símbolos interpretados por mí.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, imagen tomada el día del Divino Pastor en la iglesia de Madroñera; donde aparezco con unos cinco años, junto a “mi novia de entonces” (a la que por respeto hemos tapado las facciones). Abajo, una de las estelas tartessias halladas en el alto de Almoroquí (Madroñera); se trata de una losa inscrita en idioma turdetano, fechada en el siglo VI a.C. (pertenece al Museo Provincial de Cáceres, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Muy cerca de donde encontraron este sillar con epigramas tartessios, pasé las vacaciones y los días festivos de invierno durante mi infancia. Cuando me llevaban en Navidad y Semana Santa a Las Infantas; cortijo sito apenas un par de kilómetros de la finca Almoroqui, donde años más tarde fueron descubiertas dos losas de procedencia tartessia y un castro de la Edad del Hierro. En la introducción y parte primera de este artículo, narrábamos las razones por las que me aficioné a las “piedras” y al estudio de la Historia; tras haber vivido mis primeros días de descanso en la Comarca de Trujillo. Un lugar cargado de maravillosos restos pétreos y de magníficas leyendas, que macaron mi personalidad y mi imaginación. En esta parte segunda, describo algunos sucedidos más sobre piedras y leyendas; hechos y curiosidades que pude conocer de niño, mientras pasaba los fines de semana o las vacaciones de Navidad y Primavera en los campos de Madroñera.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, la alberca de Trujillo, aljibe al aire libre dentro de su muralla alta. Abajo, detalle de tres losas que asoman sobre las aguas, entre los restos de sillares antiguos, con los que construyeron este foso para guardar aguas. Por su aspecto y apariencia marmólea; creemos que esos escalones pudieron ser piezas pertenecientes a un antiguo templo romano, reutilizados para crear los muretes del depósito.









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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, imagen de la bajada en esta alberca de Trujillo, donde en su parte alta (al final de la rampa) se sitúa una antigua tumba que cumplía las funciones de pila para dar de beber a las bestias -utilidad que conservó hasta no hace tanto-. En la fotografía tenemos en primer término ese cenotafio vacío usado de abrevadero, motivo por el cual está completamente desgastado en la zona donde los animales apoyaban el cuello. Además, se aprecia un orificio, a la altura media del sarcófago de granito; que actuaría como rebosadero, haciendo las veces de fuente, dejando caer el agua hacia el foso del deposito que hay tras ella.
Abajo, de nuevo, imagen tomada hace unos meses en este aljibe exterior de Trujillo, donde yo aparezco al final cuadro (precisamente tomando la foto anterior). Ilustramos el inicio de este capítulo con la alberca trujillana y su tumba abrevadero, para acompañar una de las historias más curiosas que escuché de niño en esta zona.
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A) INTRODUCCIÓN:
Un lenguaje pétreo; de la tumba de Viriato al sarcófago de Belén
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Narrábamos al comienzo del anterior capítulo que mi afición por las piedras nació durante la infancia, cuando de niño quise ser pastor -de ovejas o de cabras-. Una vocación que mis padres no me dejaron seguir y que vi tristemente truncada, cada vez que me traían de regreso a Madrid (al finalizar la Semana Santa o las Navidades). Obligándome ir al colegio, pese a que yo quería ser pastor en Madroñera (Cáceres); lugar que por entonces me parecía el más bello de la Tierra. Y aunque mi familia no me permitía vivir en Extremadura, ni menos dedicarme a la ganadería de por vida; al menos sí logré pasar el tiempo de vacaciones junto a quienes guardaban los rebaños que tanto me gustaban. Quienes me acogían como uno más; recogiéndome en sus chozos, compartiendo conmigo cuanto tenían y enseñándome todo lo que podían sobre el mundo pastoril (una cultura nacida del neolítico, cuya civilización tan sabia como milenaria, se extinguió a finales del pasado siglo...).
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Allí, entre los pastores -de Trujillo y Madroñera- aprendí a vivir como ellos; disfrutado de las leyendas extremeñas a la luz de las hogueras -entre migas, chacinas y candiles-. Fue entonces cuando me enamoré de sus campos y de su Historia; comenzando a fascinarme los restos pétreos que aparecían por doquier (cargados de magia y de encanto). Nació por entonces mi admiración por Viriato, el pastor lusitano del que tanto hablaban los trashumantes de la zona. Mientras, en ese ambiente y entre aquellas personas con cultura en la sangre, se producían internamente un cambio en la plasticidad emocional no mensurable... . Tanto y de tal modo, que me transportaron a soñar de continuo sobre sus leyendas y sus piedras. Pensando a todas horas acerca de lo que podría haber bajo esas terruños extremeños y en quienes las habrían habitado antes. Llegando a imaginar de continuo lo que allí sucedió; mil, dos mil o tres mil años antes... . Preguntándome desde niño y continuamente; sobre las leyendas e historias de la zona, para intentar conocer el pasado de aquella zona tan mistérica.
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Este fue el sueño del que jamás he despertado y en el que -afortunadamente- sigo viviendo. Un paraíso que en gran parte fue debido a las dosis de “morfeo” que inocularon sobre mí los pastores extremeños, narrando episodios de Viriato y relatándome las más fabulosas gestas que nadie podía imaginar. Episodios que cuando los escuchaba de niño, me dejaban sin hálito y emocionado... . Mirando perdidamente a esos montes donde habían vivido iberos y templarios; o a las tierras donde había guerreado aquel otro pastor, que casi logró vencer a Roma. Aunque, conforme cumplí años y fui estudiando, comencé a pensar que todo aquello que me enseñaron los cuidadores de rebaños, no eran más que cuentos pastoriles. Pero mi falta de fe en quienes tanto me dieron y mi carencia de cultura en la sangre; hizo que la vida me diera finalmente una gran lección. Mostrándome como aquel sueño que me regalaron los trashumantes, era tan cierto como verdadero.
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Así pues, decenios más tarde, tras escuchar de niño como los que guardaban ovejas en Madroñera, afirmaban que en Santa Cruz del Puerto estaba enterrado Viriato (señalando a pico San Gregorio, sito a muy pocos kilómetros de donde pacía su ganado). Encontré una estela romana con el nombre del héroe legendario; en la fachada de una de las casas principales del pueblo situado bajo ese monte. Justo donde aquellos pastores decían que se situaba la tumba del gerrillero lusitano: En Santa Cruz del Puerto. Esta experiencia la recogíamos en la introducción de nuestro anterior capítulo; relatando el modo en que me d de bruces con la estela de un Viriato. Por lo que en esta segunda parte, desearíamos narrar otra historia que me transmitieron aquellos trashumantes de la Comarca de Trujillo y que creo pudo ser cierta: La del sepulcro de Belén.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, sarcófago románico que se conserva en la terraza del Parador de Plasencia; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Este cenotafio -que a la izquierda mostramos en vertical-, creo que es el mismo del que hablaban algunos pastores, en los años de mi infancia. Cuya posible procedencia narraremos bajo estas imágenes. Abajo, la misma tumba, tal como se muestra en el Parador de Plasencia, junto a unas columnas romanas.







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No solo me despertó de aquel sueño de los pastores, el encontrarme ante la estela de Viriato -en el Puerto de Santa Cruz y a muy pocos kilómetros de Madroñera-. Sino también pude experimentar un amanecer parecido, al hallar muchos años después una tumba románica; que trajo a mi memoria otra de las historias que los ganaderos contaban. Aquella segunda narración versaba sobre una ermita antiquísima de la zona, llamada la iglesia de Belén. Nadie sabía su emplazamiento y mientras se les escuchaba hablar sobre ella, pronto se descubría que nadie quería decir dónde estaba, exactamente. Se trataba de una de las más antiguas iglesias levantadas en la comarca y por ello la habían dedicado a Belén; afirmando quienes relataban su leyenda; que para los historiadores y los doctores más sabios (de las Universidades o de la Iglesia), era un templo desconocido y desaparecido. Nunca referían dónde se situaba; pero muchas veces destacaron que aquellas tierras y los caminos que cruzábamos, se llamaban “Ruta de Belén a Madroñera”. Asimismo, hablaban de ella como un templo solitario y en mitad del campo; lejos de cualquier población. Por cuanto la consideraban antiquísima y destruida hace casi un milenio.
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Contaban que los restos de esta ermita derruida habían aparecido cuando comenzaron a arar con tractores, debido a que las rejas tiradas por motores, se introducían más profundamente en la tierra. Así fue como los labradores que tenían arrendado el terreno, comenzaron a toparse con mojones o piedras que pertenecían al referido templo, descubriendo muchos vestigios. Ello hizo que el propietario del pago (dueño de una granja de cerdos en Trujillo) excavase con maquinaria agrícola el terreno. Sacando de allí una tumba echa en una pieza de granito rosa y decorada con arcos; que decidió usar como abrevadero en sus porquerizas. En aquel “recipiente” dio de beber a sus gorrinos durante años; hasta que allí pasó alguien que le preguntó por la curiosa gran pila, donde daba agua a los animales. El porquero respondió que era un recipiente encontrado en sus tierras y señaló a un punto lejano, pero muy diferente al verdadero emplazamiento del que procedía la tumba. Al poco tiempo vio con sorpresa, como aparecían unos forasteros que le pidieron permiso para excavar y le preguntaron el lugar exacto donde había hallado la pila que usaba de abrevadero. Él les autorizó y volvió a macar un punto muy diferente al que había realizado el hallazgo. Por lo que tras unos días trabajando y sin resultados en la zona indicada por el dueño de lugar; volvieron a hablar con él. Pero observando las dudas con las que el porquero respondía, pensaron que les estaba engañando. Así fue como más tarde intentaron comprarle el sarcófago. Por cuanto aquel criador de cerdos, desconfiado y observando que podía haber cometido alguna irregularidad... . No queriendo más problemas, ni visitas extrañas. Decidió tirar la tumba a una alberca cercana, para lo que necesitó romperla y así poder arrastrarla partida hasta las profundidades de esa enorme charca.
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Tiempo después regresaron los interesados en la pieza, para ofrecerle una gran cantidad de dinero por ella. Pero su dueño aseveró que alguien se la había robado; y como el granjero no quería denunciar la falta de un simple abrevadero, nadie pudo encontrar más el sarcófago. Siquiera supieron hallar la ermita de la que cual salió. Pues el porquero calló para siempre y tampoco los pastores hablaban de su emplazamiento, con el fin de que nadie robase ni expoliase piedras de aquel lugar misterioso al que llamaban la iglesia de Belén (situado entre Madroñera y Trujillo). Así narraban los hechos mis amigos trashumantes, a la luz de los candiles y frente al hogar de las lumbres con las que calentaban sus chozos; hablando con sigilo los cuidadores de ovejas, sobre la referida ermita. Diciendo que aquella tumba de Belén estaba maldita, porque se relacionaba con el pesebre donde nació Cristo. Pues así como Jesús había venido al Mundo en un lugar también llamado Belén; teniendo como cuna un comedero de animales -de piedra-, pasando frío y calamidades desde su llegada a la Tierra. Se pensaba que algún otro Mesías podría volver a nacer en aquel sarcófago del Belén junto a Madroñera; usado en este caso como abrevadero. Por lo que era mejor que estuviera bajo al agua y que jamás nadie viniera a nuestro Mundo en esas condiciones; tal como lo había hecho Cristo, en el pesebre de Judea... . Y todo aquello lo escuchaba yo de niño; en los chozos de pastores, al calor de las hogueras y durante las noches extremeñas... . Mientras se escucha el ulular del buho, el vuelo del murciélago y el aullido de alimañas; bajo una cúpula de estrellas, que se perciben como los mil ojos de un dios “panoptes”... .
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Abajo, el sarcófago románico que hallé hace años del Parador de Plasencia. Como podemos ver en imagen, fue también abrevadero de animales, aunque en un momento alguien lo destruyó, haciéndolo pedazos (tal como muestran las señales de haber sido recompuesto posteriormente). Creemos que pudiera ser la tumba de la que hablaban los pastores de Madroñera; que decían, había sido hallada en las cercanías de Trujillo, en un lugar llamado Belén.
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Unos cuarenta años después de oír esta historia narrada por los trashumantes, fui a dormir al parador de Plasencia -al poco tiempo de su inaguración-. Encontré en la terraza de este precioso hotel, un sarcófago hecho en granito rosa y adornado con arcos. Con enorme sorpresa pude ver que todo él, coincidía con la descripción del cenotafio dada por los pastores de Madroñera y oída desde niño (hace ya medio siglo de esto). Mi memoria comenzó a acelerarse a la vez que mi corazón, cuando comprobé que se trataba de una tumba románica, decorada de igual modo, tallada en la misma piedra y color; que aquel del que me habían hablado los cuidadores de ovejas en sus chozos. Pero no solo eso; sino, además se apreciaban en él golpes, que muestran cómo ha sido roto en varios pedazos (hace no mucho tiempo; ya que las grietas conservan aún aristas). Finalmente, lo más llamativo, es que tiene un gran boquete en su parte baja; abierto antes de haber sido troceado. Un agujero desgastado por el agua, lo que demuestra que ha sido usado durante años como fuente o abrevadero. Ello y la seguridad de que después de utilizado como pila, fue partido; me trajo a la memoria la historia de Nuestra Señora de Belén.
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Evidentemente, este sarcófago que encontré en el Parador de Plasencia quizás no sea el mismo del que hablaban los ganaderos de Madroñera. Pero creo que existen demasiadas coincidencias. Por cuanto no es vano pensar que -con el paso de los años- alguien de la granja pudo recuperarlo, sacándolo de la alberca para venderlo a un anticuario; quien a su vez, lo haría llegar al decorador del referido Parador. Sea como fuere, difícil será probar si este de la imagen es el mismo sarcófago que aquel del que tanto me hablaron de niño; al igual que la existencia de la ermita de Belén. Pese a todo, lo único cierto de cuanto narramos, es que el poder de las piedras y su lenguaje, es sobrenatural. Pues la Historia -al igual que sus restos materiales- nos siguen y nos persiguen, por siempre y para siempre.
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Idea que me trae a la mente algo que oí en Toledo, hace unos veinte años; mientras observaba obnubilado unos capiteles. Momento en que me preguntó un amante de todo lo pétreo:
-¿A ti también te hablan las piedras?-
Ante lo que respondí:
-No solo me hablan; sino que me cuentan su historia. Y por ello creo que, desde niño, quedé preso de ellas...-.
Un hecho cierto; tanto que mi afición por Tartessos nació en mis días de Madroñera. Cuando todavía ni siquiera sabía qué era Tartessos y mucho antes de que hallasen en ese pueblo las estelas turdetanas -antes mostradas en foto-. Todo ello, como si el lenguaje de las piedras quisiera enseñarnos que nuestro destino puede escribirse en el pasado y en sus restos -que nos atraen inevitablemente-. Mostrándonos que el futuro depende quizás de aquello que admiramos del ayer; llevándonos hacia un mañana conformado por lo que más amamos de la Historia y la cultura.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Extremadura es un precioso lugar cuyas piedras, pueblos, castillos, sus campos y su Historia; nos hacen soñar. Al lado, una esquina de una calle en Zafra; cubierta con una pequeña columna (posiblemente romana). Abajo, estelas halladas en Berzocana (a pocos kilómetros de Madroñera), pueblo donde también se ha encontrado un tesoro de la Edad del Bronce.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, excavaciones en Medellín; junto al suntuoso castillo, donde fue descubierto el teatro romano de la Metillium latina y muy cerca donde está una de las necrópolis tartessias más importantes de la Península. Abajo, arco de Capera (Caparra) cuyo cardo y decumano señalan de Norte a Sur, la Ruta de la Plata y de Este a Oeste; el camino de Onuba a Artúrica y de Olisippo a Cesar Augusta.





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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo, dos imágenes del castillo de Montanchez; aún pleno de lajas y piedras caídas.









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JUNTO ESTAS LINEAS: Interior de Santa Lucía del Trampal (junto a Montáchez), uno de los templos cristianos más antiguos de la Península. De fundación visigoda y asentada posiblemente sobre una necrópolis romana; esta ermita que dista unos diez kilómetros de Montánchez, tiene trazos claros del mozárabe previo a la huída de cristianos hacia el Norte (tanto como del posterior prerrománico; aportados durante la primera fase de la Reconquista).

BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de Montánchez, tomadas desde su castillo; al fondo, la carretera que lleva Santa Lucía del Trampal.

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BAJO ESTAS LINEAS: Otra fotografía del maravilloso alto de Montánchez, lugar donde nos vienen a la mente los sueños de iberos (vettones y lusitanos), o sobre conquistas árabes y de caballeros templarios.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, una estela romana, en las calles de Cáceres. Abajo, aljibe árabe, en el interior del Museo Provincial de Cáceres -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. La riqueza arqueológica e histórica de esta zona de España, nos permite disfrutar de restos pétreos de todas las épocas, esparcidos por cualquier lugar -muchos de ellos en un estado inigualable-. Este es el caso del depósito de aguas islámico, que se supone parte de la alcazaba árabe cacereña (quizás de una mezquita interior perteneciente al antiguo Alcázar musulmán).




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo. Dos fotografías de una estela en un muro exterior de la población de Estrella (Cáceres); en el exterior del pueblo y cerca de su ermita mayor.









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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, lápida gótica que podemos ver caída junto al castillo al que perteneció. Abajo, tres japonesas se sorprenden del estado de este castillo extremeño, mientras a sus pies podemos ver la losa gótica, recogida antes en imagen -omitimos el nombre del lugar, para evitar que alguien vaya hasta él con un remolque a robar piedras-.


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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo. Varias fotos de un jardincillo interior, en un lugar público de Extremadura; donde podemos ver multitud de piedras y losas de todas las épocas -omitimos el nombre del emplazamiento, con el fin de no levantar a nadie la idea de hacerse con ellas-.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo. Varias fotos de un jardincillo interior, en un lugar público de Extremadura; donde se observan multitud de piedras y losas de todas las épocas -omitimos el nombre del emplazamiento, con el fin de no levantar a nadie la idea de hacerse con ellas-.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo. Varias fotos de un jardincillo interior, en un lugar público de Extremadura; decorado con multitud de piedras y losas de todas las épocas -omitimos el nombre del emplazamiento, con el fin de no levantar a nadie la idea de hacerse con ellas-.









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B) ESTELAS DE PORTUGAL:
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B- 1 ) Estelas portuguesas, según Eugeniusz Frankowski:
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Comenzamos nuestro análisis sobre el pedestal de Calaibria, recogiendo brevemente lo que nos dice Eugenio Frankowski sobre esas losas en Portugal. Extrayendo ideas de su magnífica obra, cuya publicación cumple ahora cien años (1) ; donde en sus primeras páginas identifica los ídolos placa calcolíticos (de pizarra) con el uso y el diseño de las estelas funerarias. Considerando que estos idolillos planos y de piedra negra, representaban al difunto o serían un homenaje al fallecido -a modo de exvotos ofrecidos en los dólmenes o túmulos, donde se enterraba a un finado de importancia-. Pudiendo considerarse así estas placas antropomórficas, talladas en fragmentos de pizarra; una forma de losa conmemorativa, tal como más tarde fueron las aras y lápidas a lo largo de la Historia (2) .
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Posteriormente, en su capítulo Estelas discoideas en Portugal (3) , Frankowski recoge un mapa de distribución; donde puede observarse que era el Alto Duero el lugar con más hallazgos hasta la fecha en que publica su libro. Debido a ello, diversos autores lusos habían estudiado por entones este fenómeno, tan extendido por el país vecino. Donde desde etapa romana y hasta el Renacimiento, se impuso en casi todo este territorio el uso de “Cabeceiras de Sepulturas” (expresión lusa que debemos traducir por “estelas sepulcrales”). Sigue Frankowski mencionando que debido a la proliferación de aras en Portugal -desde época prehistórica y prerromana, hasta la bajo medieval-; algunos de los museos lusos contienen las mejores colecciones del Mundo. Añadiendo que La mayoría de ellas ostentan signos labrados en las dos caras, semejantes casi todos a los de las estelas de España, entre los cuales predomina la cruz trazada decorativamente(4) . Finaliza este capítulo el autor hablando del método para fechar estas lápidas; fijando como medio común, el análisis del lugar de aparición. Debiendo estudiarse debidamente: El cementerio en que se hallan, las sepulturas a que pertenecen y las poblaciones antiguas más cercanas al emplazamiento donde se encontraban. Determinando Frankowski que -además- podemos considerar las losas en que aparecen aperos de trabajo y labranza, como piezas cercanas al siglo XV; mientras las que lucen cruces de tipo Malta y del Temple, serían también estelas bajomedievales (5) . A todo lo que hemos de apuntar que quedaría una gran laguna cronológica y numerosos ejemplares sin poder catalogarse; correspondiendo con aquellas que se sitúan entre la etapa tardo romana y la altomedieval. Un momento que comprende desde el siglo V al XII; donde habríamos de encuadrar toda pieza que no puedan integrarse entre los tipos romanos, los de la prehistoria y Edad del Hierro, o los puramente medievales.
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Por su parte, en su capítulo ESTELAS ALARGADAS DE LA REGIÓN DEL DUERO (6) ; Frankowski comienza describiendo que la extensa aparición de lápidas en este área del Alto Duero, ha permitido los mayores avances en el estudio de ellas. Citando el modo en que se han podido analizar la gran cantidad de estelas, de esta prodecencia y que conservan diferentes museos de Portugal; donde podemos comprender su diseño y su evolución antropomorfa (7) . Acerca de lo que el autor escribe: " En el mismo amplio territorio del Duero, en las comarcas colindantes de España y Portugal, se han encontrado gran número de estelas funerarias alargadas, cuyos adornos representan una interesantísma fase de transición hacia la utilización completa de la primitiva representación del muerto, grabada en forma de estela discoidea. Estos monumentos fueron publicados por los señores Pereira Lopo, Leite de Vasconcellos, P. F. Fita y Gómez-Moreno. Todas ellas pertenecen al mismo grupo y proceden de un período de romanización, que trajo el adoptar la lengua, escritura y fórmulas de los dominadores, pero manteniendo un fondo peculiar de tradiciones. En la parte superior de la mayoría de estas lápidas funerarias vemos claramente grabadas las estelas discoideas, con sus adornos de la svástika multirayada, que, como hemos dicho antes, ha nacido en las estelas discoideas como relleno más típico e ingenuo de la superficie circular, al perderse la significación de las líneas de la cara humana” (8) .
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Sigue Frankowski escribiendo en este capítulo donde trata acerca de esas lápidas lusitanas: "Sobre varias estelas de la región del Duero vemos, en la parte inferior, unos adornos constituidos por barritas grabadas paralelamente en número de dos o tres. Algunas de ellas están redondeadas en su parte alta; en otras se desarrollan las curvas de herraduras. Se han propuesto distintas explicaciones de estas liguras. Unos han visto en ellas representaciones del puente, indicación geográfica; otros, puertas que conducen al otro mundo, basando esta hipótesis sobre la existencia de la representación de las puertas en los monumentos funerarios romanos. En esta última explicación tenemos un ejemplo clásico de las transplantaciones peligrosas de las ideas romanas y griegas a otros territorios. Comparando entre sí todas las liguras de esta clase conocidas, se nos ocurre la idea de que representan figuras antropomorfas degeneradas, que en su contorno se aproximan mucho a las mismas estelas discoideas" (9) . Todo lo que ratifica que este autor explica comúnmente las representaciones sin un sentido pleno, como esquematizaciones de la figura humana. Un diseño antropomorfo, que quizás tenga razones para atribuirlo a esas formas extrañas y cuya función sería la de recordar a un finado o bien homenajear a quien se dedica la lápida. Siendo así, quizás podríamos ver en la estela de Calaibria, la figura esquematizada de un ser humano, tal como muestran las imágenes que de ella vemos a continuación.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos ejemplos de losas portuguesas, de enorme importancia, inexistentes en otras zonas de la Península. Al lado, una “estela alentejana” guardada en el Museo Arqueológico de Beja -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Estas interesantes lápidas representan armamento de la época y se fechan entre los siglos XV y el XI a.C. -siendo muy diferentes y ajenas a toda escultura o ara coetáneas halladas en nuestras tierras-. Por su datación, hemos de considerar que se deben a una migración llegada desde Oriente Medio, o del Egeo; venida hasta la zona del Alentejo a finales de la Edad del Bronce (entorno al 1400 a.C. y -a mi juicio- en busca de metales). La perfección de su talla, las armas y los elementos que se representan estas losas alentejanas, hablan de una aculturación procedente del Oriente Mediterráneo, con gran técnica artística -semejante a la que solo tenía por entonces Egipto o Creta-. En el resto de la Península no se han encontrado ejemplares de “losas tipo alentejano”, aunque estas tienen cierto paralelo con algunos ídolos de la Edad del Bronce hallados en Cantabria y Soria.
Abajo, famosa lápida turdetana llamada “estela de Abobada”, fechada en los siglos VIII al V a.C., tal como la muestra el Museo Arqueológico de Beja -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Se trata de una lápida tartéssica con inscripción epigráfica en lengua de esta civilización y que representa a un músico o bien un augur (mostrando signos astrales y lo que parecen flautas). Sin lugar a dudas, es la más importante de todas las estelas decoradas de la Edad del Hierro; lo que muestra una vez más la tradición lusitana de estas piezas pétreas y la importancia de las lápidas de Portugal -que en numerosos casos son de mayor relevancia que las del resto de la Península-. Pese a ello, no existen grandes estudios sobre las estelas del país vecino; quizás por la enorme abundancia de ejemplares que tienen, lo que lleva a que infravaloren este patrimonio de lápidas -pertenecientes a todas las épocas-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, diversos ídolos-placa de la Edad del Cobre y el Bronce, tal como las muestra el Museo Arqueológico de Badajoz -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Para Frankowski estas piezas pudieron ser el precedente más primitivo de las estelas funerarias. Se trata de figuras antropomorfas, toscamente talladas en lajas de pizarra y con dibujos geométricos. Se fechan entre el 3500 y el 1500 a.C. y suelen hallarse en túmulos o enterramientos relacionados con dólmenes. Proliferaron especialmente en época del Campaniforme y se consideran un objeto votivo; aunque Frankowski los interpreta como la imagen del difunto, al que se recordaría con ellas (pudiendo depositarse sobre el cuerpo del finado).
Abajo, de nuevo el mapa que publica Frankowski en la página 176 de su maravilloso libro editado hace ya cien años -ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA-. En este plano podemos ver claramente los enclaves en que por entonces se habían hallado más estelas: Burgos, Navarra, el área vasca y en el Douro (Portugal) -concretamente en el Alto Douro, de donde procede la estela de Calaibria que estudiamos en este trabajo-.
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BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Dibujo que presenta Frankowski en su página 142; explicando las forma antropomórficas de algunas estelas del Alto Duero portugués.
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BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Dibujo que presenta Frankowski en su página 148; explicando las forma antropomórficas de algunas estelas del Alto Duero portugués.
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JUNTO BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Al lado, láminas del libro de Frankowski, recogidas de su página 107; donde podemos ver algunas figuras extrañas en las estelas de Portugal. Abajo, el ara de Calaibria, en fotografía a la izquierda y dibujada, a la derecha. En un primer análisis parece que tenía tallada un Crismón y una cruz, aunque -como luego veremos-, pudieron añadirle otros dibujos posteriormente.









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Abajo: ÍNDICE DEL CONGRESO SOBRE ESTELAS SEPULCRALES CELEBRADO EN LISBOA: 
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, quien redacta estas lineas, hace unos cinco años, en el pueblo de Monsanto -Portugal-. Esta aldea cercana a la Extremadura española, está levantada en una colina cubierta de enormes piedras; sus casas se hallan incrustadas en las rocas graníticas e incluso algunas de ellas están inmersas en esas grandes bolas pétreas. Todo Monsanto es una enorme losa tallada, donde se han adherido viviendas. Abajo, las calles de este precioso lugar portugués, donde podemos comprender la importancia de la piedra para las gentes de origen lusitano y vettón.

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B- 2 ) Estelas portuguesas; su enorme proliferación y la falta de estudios acerca de ellas:
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Como hemos expresado, no son muchos los trabajos dedicados a las losas, aras y pedestales antiguos portugueses. Pese a ello, este país es uno de los lugares de Europa donde han aparecido más estelas funerarias, atendiendo a su número y a su variedad. Hallándose en tierras lusas lápidas datadas en plena Edad del Bronce; en la primera del Hierro, en el Segundo Hierro, en etapa romana, tardorromana, goda, prerrománica y finalmente estelas medievales. Existiendo innumerable variedad y tipos de estas laudas, que varían desde las fechadas en el siglo XV a.C., hasta una infinidad del XV d.C.. Tres mil años, en los que se observa como una de las costumbres seguidas y continuadas en Portugal; fue honrar al difunto junto a una “cabeceira de sepultura”. Losa conmemorativa o lápida votiva, que ya acostumbraban a colocar sobre las tumbas durante el final de Bronce (desde el 1500 al 1000 a.C.); y que siguieron usando durante la etapa tartésica (desde el siglo IX al V a.C.). Lo que también utilizaron las tribus celtas, llegadas a Lusitania desde el VII a.C.; momento en que estas piedras adoptarían diseños de tipo indoeuropeo -con formas en zigzag, a modo de trenzas, de tretratkis o de estrellas entrelazadas-.
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Acerca de este último tipo de dibujos tallados, publicó Mario Cardozo un estudio, que se recoge en la reedición del libro de Frankowski, realizada por Gomez-Tabanera en 1989 (10). Trabajo intitulado Tipos de Svásticas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal)”, donde el autor que fue director de esta institución, analiza las formas de cruces y tretratkis que guardan las piezas allí custodiadas. Llegando a la conclusión de que es cierto que este símbolo se extendió por todo el mundo indoeuropeo, desde Escandinavia a Alemania; y de territorio germano a Liguria, Francia, las Islas Británicas, el Norte hispano y Portugal. Pero también descubre que el trisquel y el tretarkis se han usado en infinidad de culturas ajenas al mundo ario; habiendo sido un símbolo solar o astral en Mesopotamia, Oriente Medio y hasta en África -miles de años antes de aparecer en Europa-. Por su parte, otro autor portugués también participó en la reedición de la obra de Frankoswki -que realizó Gómez-Tabanera en 1989-. Nos referimos a José Beleza Moreira, quien añade en esta nueva publicación un capítulo titulado “NUEVAS APORTACIONES BIBLIOGRÁFICAS SOBRE ESTELAS DISCOIDEAS DE PORTUGAL” (11) . Donde podemos ver los estudios sobre aras portuguesas; observando que la bibliografía lusa aportada apenas cubre cuatro páginas, en una la relación de obras acerca de estas losas, que parte desde 1883 y termina en 1987. Estando compuesta por menos de sesenta trabajos, de los que apenas veinte, son libros; y el resto, separatas.
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Llama la atención los pocos estudios sobre estelas, publicados en el país vecino; máxime cuando en su territorio han aparecido miles de losas, lápidas, aras y laudas (fechadas entre los siglos XV a.C. al XVII d.C.). Aunque -como decimos- es quizás esa profusión de hallazgos, lo que probablemente ha convertido en normal encontrar por doquier, tumbas y piedras de todas las épocas. Tantas, que quizás han aburrido a los expertos en el tema; quienes a cada paso que daban, se han ido topando con una nueva estela (mientras pretendían buscar otros restos...). Ello explicaría la falta de interés entre los investigadores portugueses; al menos hasta nuestros días; pues hace muy poco por fin se celebró en Lisboa el Congreso Internacional de Estelas funerarias. Un evento que había tenido lugar antes en ciudades como San Sebastián, Soria, Santander o Pamplona; de los que recogemos sus índices de artículos y sus actas en cita (12) . Pese a ello, ni en el Congreso de Lisboa, ni en los anteriores; hay extensos estudios que puedan ampliarnos el corpus de estas piezas en Portugal. Pues tal como veremos en imagen del índice de este Congreso -incluido entre fotos, bajo este párrafo-; apenas se han interesado por realizar un catálogo pormenorizado y cronológico de las innumerables losas, laudas, aras y lápidas, que pueblan los museos de Portugal. Por todo lo que vamos a recoger un gran número de imágenes sobre ellos, para poder estudiar bien la que encontramos, procedene de Calaibria -que analizaremos al final de este artículo-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, ara sepulcral romana del siglo III, hallada en Beja y con forma de barrica; tal como la exhibe el Museo Arqueológico de Évora -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Entre las diferentes formas de sepultura que encontraremos en el Portugal romanizado, se hizo común este tipo lauda que imita una “cuba” de vino. Especialmente, aparecen en el Alentejo; lo que nos habla de que aquella zona debió ser rica y muy afamada por sus “caldos”.
Abajo, sala del Museo Arqueológico de Évora en la que se conservan las tumbas de la necrópolis medieval, sobre la que se elevó el edificio que hoy alberga esa institución. En la parte inferior de la imagen, los cenotafios; en la zona alta, las estelas que corresponderían a los enterramientos. Agradecemos al Museo Arqueológico de Évora, nos permita divulgar nuestras fotografías.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, otro ara sepulcral romana en forma de barrica; en este caso expuesta en el Museo Arqueológico de Beja -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Abajo, una tienda de antigüedades en Portugal, donde hace varios años se vendía una de estas tumbas romanas.




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BAJO ESTE PÁRRAFO: Detalle de la sepultura romana en forma de cuba de vino, que estuvo a la venta hace varios años en un anticuario portugués.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes de Castelo Mendo (Portugal); pequeña aldea en cuyas murallas y casas podemos hallar infinidad de estelas y hasta verracos ibéricos.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de Castelo Mendo (Portugal); pequeña aldea en cuyas murallas y calles podemos hallar infinidad de estelas y tumbas.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Otras dos imágenes de Castelo Mendo (Portugal); en este caso, dos verracos vettones, situados en la entrada a su muralla. Todo ello muestra la riqueza que tienen las aldeas y pueblos de este país vecino, donde aparecen por doquier, estelas, lápidas y hasta esculturas celtibéricas (adosadas a sus casas y muros medievales).






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos fotografías tomadas en el Museo Etnográfico de Estremoz -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Patio donde se exponen las estelas y capiteles. Al lado, una losa del siglo XIV, con forma de estrella de cinco puntas. Abajo, el autor de este artículo, posando como una piedra más, en este precioso entorno cubierto de restos medievales y tardorromanos.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Otras dos fotografías tomadas en el Museo Etnográfico de Estremoz -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. En ellas observamos algunas de las múltiples estelas medievales que guarda esta preciosa institución, sita en una vieja casa de la subida al castillo.






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JUNTO Y BAJO ESTE PÁRRAFO: Dos imágenes tomadas en un monasterio en ruinas, de Évora. Al lado, una de las ventanas góticas. Abajo, algunos de los restos, todavía en el terreno.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Cruceiro y numerosas estelas partidas, en el interior del monasterio de Viana do Alentejo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Este recinto amurallado, que anteriormente fue fortaleza templaria, es de una belleza inigualable y puede compararse con el extremeño monasterio de Guadalupe. En su interior encontraremos infinidad de estelas (del Temple o más modernas), en ocasiones completamente rotas (como se aprecia en la imagen bajo estas lineas).





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BAJO ESTAS LINEAS: Estelas partidas, junto al cruceiro de Viana do Alentejo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-.
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BAJO ESTAS LINEAS: Estelas partidas, junto el cruceiro de Viana do Alentejo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-.
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BAJO ESTAS LINEAS: Estelas partidas, en el cruceiro de Viana do Alentejo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas medievales y lápidas del Renacimiento, en el suelo del maravilloso convento y en la iglesia de Viana do Alentejo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-.









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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas procedentes de la ciudad luso romana de Ammaia, en las cercanías de Marvao (a cuyo museo agradecemos nos permitan divulgar nuestras imágenes). Esta urbe romana, en el paso hacia la Ruta de la Plata; ha sido recientemente excavada, creando un precioso museo -levantado hace años- donde se exponen numerosas estelas halladas entre sus ruinas.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas procedentes de la ciudad luso romana de Ammaia, en las cercanías de Marvao (a cuyo museo agradecemos nos permitan divulgar nuestras imágenes).



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas romanas procedentes de la antigua diócesis Braccariense, tal como se exponen en el museo arqueológico de Braga (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).



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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Tres imágenes de la antigua urbe de Castelo Vide (junto a Marvao y a la antigua Ammaia). En ellas vemos portadas y fuentes de a judería, plenas de estelas y rastros pétreos antiguos.









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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes estelas medievales, expuestas en el Museo de Marvao -Portugal- (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).





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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes estelas medievales, expuestas en el Museo de Marvao -Portugal- (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).










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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes estelas medievales, expuestas en el Museo de Marvao -Portugal- (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).










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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes estelas medievales, expuestas en el Museo de Marvao -Portugal- (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Al lado y abajo, una lápida judía con la Menhorá grabada en su dorso y frente.






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B- 3 ) Portugal; cinco milenios de estelas, aras, lápidas y laudas:
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Si tuviéramos que resumir la tradición “laudal” de nuestro país vecino, deberíamos comenzar diciendo que su Historia comprende más de cinco mil años de representaciones pétreas. Cincuenta siglos que se inician en pleno calcolítico (entorno al 3500 a.C.) cuando se tallaban las famosas pizarras antropomórficas con decoraciones triangulares; cuya tradición se mantuvo durante milenios para terminar sobre el 1600 d.C., con las últimas lápidas funerarias discoideas. Historia que comienza en plena civilización dolménica, cuando se honraba a los difuntos enterrándolos en enormes túmulos y colocando junto a ellos figuras “oferentes”. Esculturitas hechas en hueso e incluso en marfil, conocidas como exvotos megalíticos; aunque en una gran mayoría fueron ídolos oculados de alabastro o bien pizarras diseñadas durante la Civilización del Vaso Campaniforme, con decoraciones triangulares.
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Aquellas piezas votivas permanecieron en uso durante unos dos mil años, hasta que la Edad del Bronce llegó a su máxima expansión. Nos referimos a la etapa denominada Bronce Final Peninsular, que se inicia entorno al 1600 a.C.; cuando decae la Cultura de El Argar y comienza la crisis de las civilizaciones atlánticas. Etapa, en que tras dejar de utilizarse túmulos y dólmenes para el enterramiento; aparecen las primeras cistas, quizás como formas unidas a las tumbas argáricas. De tal manera, durante la Era de Los Millares (3500 al 2700 a.C. -aprox.-) y del Vaso Campaniforme (2700 al 1700 a.C. -aprox.-); se usaron esos idolillos exvotos que podemos relacionar con estelas y aras antecesoras de las lápidas sepulcrales. Aunque, tras la caída de las culturas antes referidas y el dominio de El Argar; se pierde en gran parte la tradición de estas figuras votivas pétreas. Todo lo que marca ya una ruptura final con las tradiciones anteriores; un hecho que se observa claramente en la Península desde el siglo XVII a.C.. Cuando se hace común los enterramientos en cistas, colocando al muerto en posición fetal, inhumándolo bajo las casas o dentro de tinajas (“pithoy”). Costumbres “nuevas” que culminan tras la llegada de la cultura de los Campos de Urnas, que desde el siglo XII a.C. se extiende desde Centro Europa expandiéndose gradualmente por nuestra Península. Comenzando por establecerse en el Levante Norte, para seguir avanzando por el actual Aragón y el Este de Castilla; cubriendo finalmente todo el territorio central y oriental de español.
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Pese a ello, el área atlántica parece que fue visitada por otros precolonizadores, muy diferentes y ajenos de quienes difunden los Campos de Urnas; aunque coetáneos y con parecidos fines: Intentando alcanzar Iberia para hacerse con sus riquezas de metales. Nos referimos a colonos venidos por mar desde zonas como Cerdeña o el Oriente Mediterráneo, buscando minas -de oro, plata, cobre y estaño- en el litoral onubense, portugués o gallego. Precolonizadores que sabemos vienen desde el siglo XIV a.C., navegando, con el fin de comerciar los ricos metales de las costas atlánticas peninsulares; quienes dejarían en el Sur de Portugal las primeras lápidas de Europa. Losas maravillosamente talladas, fechadas entre los siglos XIV al XI a.C. y conocidas como estelas alentejanas (de las que hemos visto imágenes anteriormente). Tras esta etapa de colonos más antiguos, se produciría la fusión entre aquellos viajeros llegados del Mediterráneo y las gentes indígenas que vivían desde la Edad del Bronce en el extremo Oeste y el Suroeste peninsular. Naciendo culturas autóctonas como fue la tartessia, que se iniciaría entorno al siglo X a.C., culminando unos doscientos años más tarde. Pero eclosionando al entrar finalmente en contacto con los nuevos colonizadores del Sur de Iberia: Los fenicios. Púnicos llegados por barco desde Tiro y Sidón (antes del siglo IX a.C.) que fundan colonias como Gadir; desde las que comerciaron con el Oriente mediterráneo, las riquezas metalúrgicas que trocaban con los indígenas peninsulares. En esta etapa que comprende desde el 950 al 450 a.C., se desarrollan otro tipo de estelas, llamadas en Portugal lápidas de la Edad de Hierro y conocidas en España como losas tartessias (diademadas o de guerrero).
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Se pasa posteriormente al Hierro Pleno, momento en que los fenicios dominan las costas y el comercio por mar de los metales ibéricos; mientras se van asentando en la Península numerosas tribus celtas (centro europeas). Es cuando las gentes gaélicas llegan a nuestras tierras gradualmente, desde el siglo VIII a.C. -caminando o en pequeñas canoas-. Instalándose en la cornisa cantábrica y en las costas del Atlántico, logrando mimetizarse con los antiguos habitantes de esas zonas oceánicas. Fraguándose desde el siglo VII al V a.C. las distintas tribus celtibéricas y las ibero-gaélicas; destacando entre estas últimas, las de los castros y las lusitanas (que se caracterizan por ser navegantes y descendientes directas del mundo atlántico del Bronce). Tras la caída de Fenicia, invadida repetidamente por los asirios en los siglos VII y VI a.C.; les sucederán en sus colonias occidentales los cartagineses, que conquistan progresivamente el Sur y el Este peninsular. Mientras el Noroeste y la zona de Portugal, queda en manos de tribus ibero-gaélicas; quienes sin identificarse con las celtíberas, no participan ni toman partido en las guerras púnicas. Es durante este periodo cuando se genera un tipo de estela y grabada en piedra, que se denomina en Galicia “piedra formosa”. Relacionando sus dibujos en forma de “eses” y trenzados, con la “hermosura” extraña en sus dibujos (similares a cestas, peinados o cuerdas atadas). A este tipo de losas castreñas, se unen diseños de significado astral, talladas con lineas similares a hélices, rayos solares o cuartos lunares. Creando un estilo de lápidas, cuyos dibujos característicos se mantendrán en Portugal durante casi quince siglos; desde el V a.C., hasta el XV d.C.. Todo lo que marcará el uso de determinadas decoraciones pétreas, típicamente lusitanas; entre las que se encuentran: La trenza, el tetratkis, la cuerda atada, la cesta, las olas, la rama del helecho, los rayos solares o el cuarto lunar (a los que unirán otros símbolos religiosos, como la cruz o las aspas).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, entrada a la iglesia de San Miguel en el palacio y castillo de los duques de Braganza, Guimaraes (Portugal). Abajo, suelo de esta ermita, plena de estelas medievales.







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BAJO ESTAS LINEAS: Estelas medievales en la iglesia de San Miguel del Castillo (Guimaraes), datada en el siglo XIII.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas expuestas en el Museo Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, ara romana. Abajo, piedra castreña con el tetratkis, svástica giratoria o lauburu.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, piedra castreña con formas circulares. Abajo, friso castreño con decoración en “eses”.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento, de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, aras romanas. Abajo, estela medieval con una estrella de cinco puntas, un tetratkis o lauburu y una cruz cristiana.

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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento, de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado y Abajo, piedras castreñas con decoración en forma de “eses”, cestas y cuerdas.

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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado y Abajo, aras romanas halladas en castros del Alto Douro.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado y Abajo, piedras castreñas con decoración en forma de cestas o cuerdas anudadas. Esta decoración gaélico-lusitana se mantendrá hasta el siglo XV de nuestra Era; la veremos idealizada y sofisticadamente tallada en las fachadas manuelinas.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, piedras de origen castreño. Abajo, portada castreña con decoración en forma de cestas o cuerdas anudadas. Este tipo de diseños -a mi juicio- darán origen a las formas que veremos durante la arquitectura manuelina del siglo XV portugués.





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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado y Abajo, diferentes aras y piedras castreñas con decoración en formas lusitanas.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, ara romana. Abajo, miliarios y estelas tal como se exponen en el claustro del monasterio-museo de Guimaraes.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, piedras castreñas que se consideran aras con boquete; aunque a mi juicio pueden tratarse de “potadas”, anclas de embarcaciones o de grandes pesas marineras. Abajo, piedras castreñas, alguna con decoración en trenza.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado y abajo, diferentes imágenes del claustro que contiene miliarios y piedras luso romanas.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, estela o lápida gótica que imita las decoraciones castreñas. Abajo, aras y piedras castreñas.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Arqueológico Martins Sarmento, de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, estela columbario. Abajo, aras y piedras castreñas; algunas con decoración en trenzas y otras antopomórficas.


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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, estelas castreñas, una de ellas antropomórfica. Abajo, trozos de esculturas y piedras castreñas.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, lápidas funerarias castreñas, halladas junto a Braga. Presentan como motivos decorativos el lauburu múltiple. Abajo, esculturas y piedras castreñas (en el centro, una extraña clave).



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, lauda romana con decoración en aspa lauburu. Abajo, lápidas medievales.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Museo Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado y Abajo, piedras luso romanas.



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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Piezas expuestas en el Arqueológico Martins Sarmento de Guimaraes (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Arriba, pesas, ruedas de molino y otros utensilios castreños. Al lado, ventanas de casas o templos castreños, con el tetratkis simplificado en su diseño. Abajo, piezas tardorromanas y castreñas, con diversas decoraciones y sobre un banco.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos tomadas en el Convento de Santa Clara, de Coimbra -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Al lado, diversas piezas desmotadas y halladas en las excavaciones de las campañas llevadas a cabo desde el año 1995 al 2000. Abajo, estado del convento a día de hoy.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos tomadas en el museo de Penamaçor (Portugal) -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Diversas estelas medievales, de las muchas que se exponen en el museo de este lugar cercano a Coria, en España.





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C ) CALAIBRIA ó CALIABRIA; localización e identificación:
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C-1) El antiuo episcopado de Calaibria:
En un artículo de Jose I. Martín Benito, liberado en la red e intitulado “Caliabria y Ciudad Rodrigo” (13) ; podemos obtener numerosos datos sobre esta urbe portuguesa desaparecida. Una fundación comúnmente considerada sueva y convertida en obispado durante la Alta Edad Media; que fue abandonada gradualmente después del siglo XVI, hasta su total desaparición (quizás debido a epidemias de peste o cólera). Acerca de ella, nos dice Martín Benito, que debió iniciarse como sede episcopal en época visigoda; dependiendo de Salamanca o de Viseo, tras haber sido largo tiempo parroquia de de esta última capital portuguesa -al menos hasta el año 589-. Tal era su importancia en aquella época, que en la diplomacia figuran varios obispos de Calaibria asistiendo a los concilios godos de Toledo -durante el siglo VII-. Aunque esta ciudad debió ser destruida con la invasión árabe; después de la Reconquista se volverá a citar esta Calaibria en documentos de los siglos IX, X, XI y XII; mencionando que pertenecía ya a conventos lusos.
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Tras el 1058 (aprox) se comienza a vincular la sede de Calaibria con la de Ciudad Rodrigo, urbe episcopal a la que finalmente se une -desde época de Fernando III el Santo, según algunos textos-. Pero, pese a su historia, su importancia y el obispado, Calaibria fue gradualmente abandonada -quizás debido a enfermedades-; no quedando más que algunos restos, en el siglo XVII. Debido a ello, el Padre Flórez recoge solo el hecho de que se situada entre los ríos Cóa y Águeda, pero desconoce su ubicación. Por su parte, Salazar escribió en 1659 : “Así pues, la ciudad de Caliabria se hallaría en la ribera del Duero, sobre un alto monte, en término de Almendra, de donde procederían varias estelas romanas”. Quizás Salazar toma esos datos y ubicación de Sánchez Cabañas, que decenios antes nos dijo: “Parece, por tanto que desde el siglo XVII hay coincidencia en identificar las ruinas de Caliabria con el monte que se yergue prominente en la margen izquierda del Duero, en el término de Almendra”. Por su parte, la Academia de la Historia de Portugal -en su Memorial-, se refiere a la misma urbe cuando comenta ciertas peculiaridades sobre su vecina Almendra. Refiriendo que a “siete leguas al Nordeste de la villa de Trancoso, dos al Noroeste de Castelo Rodrigo, y una al Oriente del río Côa, se halla la villa de Almendra, que tomó el nombre por la abundancia de este fruto que hay en su término, en el cual se reconocen las ruinas de la antigua Caliábriga…” -ver cita (13) -.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, La Hispania visigoda, tal como la presenta el profesor Tuñón de Lara, en su HISTORIA DE ESPAÑA (tomo II “Romanismo y Germanismo”). En el mapa veremos la situación e importancia de la Calaibria goda -que he marcado con un cuadro rojo-; el número 633 se refiere al año en que era sede episcopal y cuando sus obispos ya asisten a los cónclaves del Reino de Toledo.
Abajo, foto del castillo de Vilanova de Foz Côa; población muy cercana a Almendra, y donde se hallan los famosos grabados rupestres -con más de quince mil años de antigüedad-. Entre Almendra y Vilanova se encuentra un lugar llamado hoy Castelo Melhor, donde se sitúan las ruinas de la Antigua Calaibria.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos de los montes que rodean a la desaparecida Calaibria, en el municipio portugués de Almendra.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Montes que rodean a la desaparecida Calaibria, en el municipio portugués de Almendra. Observemos, al lado, las terrazas de labor para trabajar las viñas, los olivos y los almendros. Abajo, la población de Almendra vista de lejos; con los árboles que le dan nombre, en flor.




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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos de la fuente y lavadero de Almendra. Arriba, mi mujer en este lugar; al lado, detalle de un abrevadero creado con una antigua tumba (posiblemente romana). Abajo, el mismo lavadero y el sepulcro de granito, usado como pila.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Los montes y tierras de labor que rodean la montaña donde estuvo Calaibria.





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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, botella de aceite de oliva Quinta Do Bispado dibujada por mí. Este aceite está fabricado por la Casa Carm, con los olivos que cuida junto a la antigua ciudad de Calaibria; es uno de los mejores del mundo y recuerda el obispado de aquella vieja urbe visigoda. Abajo, más fotos de este prodigioso lugar, junto al rio Côa (que vemos en la parte baja de la imagen).







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C-2) Identificación de Calaibria (Caliabria Calábriga) con una antigua ciudad ibérica:
Podemos leer numerosos datos sobre el obispado y fundación de esta urbe, en textos de los siglos XIX y comienzos del XX; como las “Variedades de la Caliabria romana”, escrito por Fidel Fita (14) . Incluso Wikipedia (15) recoge brevemente su historia medieval, considerándola creada por los suevos y mencionando que no se comprende bien su abandono o desaparición. Pese a todo, nosotros creemos que aquel baluarte sito en una montaña junto el rio Cóa, no es una fundación goda y que se trata de una famosa ciudad ibérica (hasta hoy perdida). Nos referimos a COTTAIÓBRIGA (Kottaiobriga ó Cottaébriga) de la que nos dicen las fuentes que fue una urbe de los vettones posteriormente desaparecida -lugar que algunos la relacionan con una Cottaeobriga, mal identificada con Setúbal por Cortés (16) -. Sobre esta ciudad prerromana (aún sin localizar), escribe Julián Rubén Díaz en su DICCIONARIO TOPONÍMICO: "Cottaeobriga". “Almeida, Guarda; en la cuenca del Côa (CUDA flumen). La denominación del río parece que tiene relación plena con este topónimo así como con el etnónimo, LANCIENSES TRASCUDANE (del otro lado del Cuda). Quedando sin embargo Cottaeobriga, entre los LANCIENSES OPPIDANI, conocidos generalmente como Vettones, en convento Emeritensis. Ciudad mencionada por Ptolomeo” (17) .
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Tras leer las frases de Julián Rubén Díaz, personalmente no nos cabe duda de que la famosa Cottaeobriga de los vettones lancienses (que él identifica con Almeida), es la que posteriormente nombraron los godos Calaibria (o bien Caliabria). Pues no solo se identificarían ambas ciudades por la ubicación de la urbe perdida vettona; situada por los textos de Ptolomeo junto al rio Côa (en las cercanías de la actual Almeida o de Guarda). Sino principalmente porque a juicio de J.R. Díaz ese castro ibérico tomaba su nombre del río que circunda sus tierras: El Cóa; denominado en tiempos prerromanos como CUDA flumen. Asimismo, determinan las fuentes antiguas que Caliabria estaba ubicada en “LANCIA Transcudana”; que según Cortés se relaciona con “la villa de Trancoso” (18) . Por cuanto, sabiendo que Trancoso es una población lusa que dista de Almendra apenas treinta kilómetros, podemos identificar plenamente la situación de aquella urbe perdida de los vettones, llamada Cottaibriga. Además la expresión LANCIA Transcudana” -a mi entender- hemos de interpretarla como el territorio de estos íberos, cercano al Côa y limítrofe con Lancia (el gran baluarte astur leonés que dominaba desde Mansilla de las Mulas a Astorga). De tal manera, la “Transcudana” hemos ubicarla en la frontera entre “lancianos”, vettones y los luso braccarienses. Es decir, al otro lado del río Cóa; entre Almendra, Vilanova de Foz Cóa y cerca de Trancoso; en el lugar donde se situaría COTTAIBRIGA, cuyo significado es “la ciudad del Cóa” (la urbe que presidía ese río). Pues este topónimo nace a mi juicio de las voces iberas “COTTA” (río Cóa -Cuda flumen-), unida a “BRIGA”, que en lenguas prerromanas peninsulares significa “ciudad”.
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De tal modo, el “Burgo del Coa” -la Cottaebriga vettona- se hallaría justo en la margen descrita de este río; en un alto que dominaba el valle de su cauce y donde hoy sabemos que estuvo la antigua Calaibria sueva. Posterior urbe y obispado visigodo, que a mi entender tomó su nombre del antiguo asentamiento prerromano existente en sus cimientos. Por cuanto expreso, me atrevo a afirmar que la ciudad ibérica de Cottaióbriga, sería la posterior Calaibria goda (junto a Almendra, en Portugal). Desaparecida al menos desde el siglo XVI; situada en un conocido monte actualmente poblado de olivos, con cuyos frutos se fabrica un aceite denominado Quinta Do Bispado. Marca de óleo que no solo es una de las mejores del Mundo, sino que además recuerda aquel episcopado Calaibrés; cuyos orígenes creemos poder demostrar, se remontan al mundo ibérico. En la urbe perdida, sita entre Almendra y Vilanova de Foz Còa; junto a un lugar abandonado, hoy denominado Castelo Melhor y cercana a un pago que llaman mirador de San Gabriel (por su dominio sobre el río Côa y el Alto Douro)..
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SOBRE ESTAS LINEAS: Mapa de la zona, con la localización de la Calaibria visigoda, que identificamos con la Cottaibriga prerromana. En imagen, marcados con números los siguientes puntos:
1- Vilanova de Foz Côa: Famosa localidad portuguesa, conocida por los grabados rupestres cuya datación se remonta a casi veinte mil años de antigüedad.
2- Calaibria; la Cottaebriga vettona: Localicación de la ciudad perdida de Cottaibriga, que -a mi entender- fue la posterior Calaibria visigoda. Sita junto a Castelo Melho, en un alto; pertenece al municipio de Almendra.
3- Almendra: Localidad donde se sitúa la antigua Calaibria y donde actualmente se fabrica el aceite Quinta do Bispado (recordando aquella sede episcopal de origen godo).
4- Trancoso: Punto cuyo topónimo nace del término “transcurdana”, usado por Ptolomeo y otros, marcando dominios de los vettones unidos a Lancia y donde estaba a urbe de Cottaebriga. El nombre de “Transcurdana” procede de Tras el río Côa; del mismo modo que la voz “Cottaebriga” -a mi juicio- nace de las palabras ibéricas “ciudad del Côa” (lo que hoy se diría “Coa-burgo”).
5- Castelo Rodrigo: Importante alto, donde se supone que se refugiaron los visigodos en su huida -durante la invasión de los musulmanes, a comienzos del sigo VIII-. Contiene ruinas árabes, un recinto amurallado que se supone de origen godo y un gran convento en su zona Este -bajo el monte donde se levantó ese punto vigía-.
6- Almeida: Localidad que se identifica históricamente con la perdida Cottaebriga; sin más argumentos que su importancia, su gran castillo y su próximidad relativa al río Côa. Pese a todo, hemos visto que no se encuentra precisamente en las cercanías de este afluente del Duero; ni menos en una fundación de gran antigüedad (pareciendo más bien una localidad que ganó relevancia en el sigo XVI, gracias a su situación fronteriza y a su enorme recinto amurallado). Por ello, nuestra localización de Cotteibriga en la desaparecida Calaibria, creemos que es la acertada.
7- Ciudad Rodrigo: Importante diócesis y bastión español, del cual dependió el obispado de Calaibria en su última etapa (aproximadamente, desde el siglo XIII).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, imagen del texto en el Diccionario Toponímico de Julián Rubén Díaz; donde trata sobre Cottaeobriga y acerca del río Coa (Cuda flumen). Abajo, entrada a la bastida de Almeida (Portugal). Esta ciudad, muy cercana a Almendra, se ha identificado con la antigua Cottaebriga de los vettones. A mi juicio, Cottaebriga es -sin duda alguna- la Calaibria situada junto al Côa. Lo que se explica incluso etimológicamente, debido a que el rio se denominaba “CUDA”; por cuanto COTTAE-briga sería la ciudad del Cóa.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos de los edificios de la población de Almendra (muchos de ellos tienen restos que pudieran proceder de la antigua Calaibria). En las imágenes podemos observar que este pueblo contiene numerosos restos antiguos (medievales, góticos y barrocos) por lo que no es extraño que en su cercanía haya aparecido la estela que estudiamos en este capítulo.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Otras fotografías de edificios y calles de Almendra. En las imágenes podemos observar que contiene numerosos restos antiguos (medievales, románicos, góticos y barrocos) por lo que no es extraño que en su cercanía haya aparecido la estela que estudiamos en este capítulo.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos de Castelo Rodrigo; precioso pueblo que se alza sobre la zona del Alto Douro, culminando en un recinto amurallado, pleno de edificios antiguos. Al lado, algunas de sus casas; abajo, el aljibe árabe de Castelo Rodrigo. El área del Côa ha sido durante milenios un punto de enorme importancia -militar y agrícola-; por lo que no es extraño que en las cercanías de Almendra aparezcan infinidad de restos y estelas, como la que estudiamos en este trabajo.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Las calles de Castelo Rodrigo. Observemos en la imagen de abajo unos extraños dibujos en el alféizar de una casa antigua, en este pueblo y que pretenden ser inscripciones árabes o judías. Se encuentran en una zona que se supone judería; ya que como es sabido, tras la expulsión de los hebreos de España, muchos se refugiaron en esta parte de Portugal. Pese a ello, las inscripciones de la imagen parecen apócrifas y quizás se trata de símbolos masónicos tallados en el siglo XVIII (imitando signos judeo cúficos); pretendiendo dar prestigio a la casa que los luce.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Calles, rollo gótico y fachadas de Castelo Rodrigo. Muchas de las casas contienen restos muy anteriores, recuperados en sus fachadas durante posteriores reconstrucciones, llevadas a cabo en los siglos XVIII y XIX.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: El aljibe árabe, en Castelo Rodrigo. Se supone que en esta población que lleva el nombre del último rey godo, se refugiaron los visigodos durante la invasión de las tropas musulmanas. Aunque un siglo más tarde sería conquistado por los fundadores del califato de Córdoba.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Varias fotos de Castelo Rodrigo.




Al lado, mi mujer junto a una de estas casas del pueblo portugués; pleno de edificios de origen gótico y reconstruidos posteriormente.

















Al lado, restos de lo que parece un ara (medieval o renacentista); en mitad de las calles de Castelo Rodrigo.
Abajo, entrada a la muralla de Castelo Rodrigo.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Convento de Castelo Rodrigo. Interior y fachada, hace unos quince años (antes de que se restaurase)




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Interior del Convento de Castelo Rodrigo, antes de su restauración. En imagen de al lado, mi mujer junto a una gran estela apoyada en la pared.









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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes estelas medievales, tal como se conservaban en el Convento de Castelo Rodrigo, antes de que se restaurase.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Interior del convento de Castelo Rodrigo. Al lado, estela medieval y mi mujer a su lado (observamos el gran tamaño de la losa). Abajo, otras lápidas de menor importancia, tal como se conservaban antes de su rehabilitación.









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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Estelas del convento de Castelo Rodrigo. Observemos que una de ella contiene un aspa cruzada, tal como también veremos en la estela de Calaibria (que estudiamos en este capítulo).




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes del Duero a su paso por Almendra; en las proximidades de donde se situaba la antigua Calaibria.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos del Duero y de la zona donde se hallaba Calaibria (la antigua Cottaebriga).




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos del área donde están las ruinas de Calabria (a mi juicio, la antigua Cottaibriga). Abajo, el monte en el que se alzaba esta ciudad visigoda y que antes fue ibero vettona.




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D ) LA ESTELA CALAIBRIA (ó CALIABRIA):
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D-1) Tipología, procedencia y diseño:
En las imágenes bajo estos párrafos, podemos observar la referida estela que estudiamos -fotografiada en todos sus lados-. La pieza se encuentra en colección particular portuguesa y se trata de un bloque irregular, tallado en granito, de unos 40 centímetros de alto y aproximadamente 15 ctms. de ancho. Tiene inscripciones en cada una de sus caras; de las que considero algunas como apócrifas o modernas (probablemente del siglo XIX) y otras antiguas. Entre las marcas viejas, la principal se aprecia en su frente y es un aspa (Crismón) rodeado por un círculo. La más llamativa de las incisiones originales, se halla en la parte baja -en su base- y consiste en una circunferencia partida por su mitad (con lo que parece una cruz). Todas estas tallas antiguas parecen al menos del siglo XVI o XVII (debido a sus dibujos y desgastes).
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Acerca de su hallazgo, diremos que fue tomada directamente de una fachada, donde permanecía a la vista (colgada de un alambre). Procediendo de un lugar deshabitado y muy próximo a Calaibria; un pago que se denomina “de la piedra escrita” (da pedra escrita). Un hecho llamativo, pues ese nombre se suele dar a zonas del campo donde aparecen numerosos restos antiguos; pero sobre todo, a espacios que han sido frontera en la más remota antigüedad. Así sucede en Cenicientos, Madrid; cuya “piedra escrita” era un punto de frontera entre los vettones y los carpetanos (19) . Ello, indicaría -quizás- que este lugar donde se tomó la estela de Calaibria y situado junto al Côa; pudo ser un antiguo límite de tribus ibéricas (quizás entre vettones y lusos braccenses). Pese a todo, la pieza que estudiamos, no puede considerarse muy antigua; pues no presenta signos de carácter prerromano, ni romanos (sino más bien parece una piedra de época barroca). Sobre su fecha y uso, trataremos en nuestro último epígrafe, cuando analicemos la pieza, para llegar a una conclusiones definitivas. Antes de ello y debiendo analizarla, intentando determinar su época y uso; la compararemos con otros bloques semejantes. Para lo que presentamos a continuación diversas fotos de este pedestal y de otras aras similares; imágenes que nos van a ayudar en su estudio final.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: La estela de Calabria, en su parte frontal y en la zona alta. Al lado, vemos su zona delantera, tallada con lo que parece un Crismon. Abajo, su base -donde se apoya-; contiene un dibujo en forma de circunferencia con una cruz interior. Estas marcas parecen muy antiguas; aunque en mi opinión no pueden considerarse medievales. La pieza es -de algún modo- antropomorfa; semejando en su diseño una figura humana. Bajo el aspa que contiene en su frente, hay unas lineas rectas verticales, que hacen suponer otros signos que ya se han borrado.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, parte superior de la piedra, donde parece que alguien ha marcado modernamente números -sobre unos trazos que antes tenía-. Abajo, parte posterior de la estela y cara opuesta a la que tiene el Crismón. Se aprecian en ella algunas lineas de talla antigua y números que creemos se han grabado más tarde.






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JUNTO BAJO ESTAS LINEAS: Laterales de la misma estela, en esta caso con números modernos; junto a la cifra, lineas que parecen más antiguas a otras añadidas.

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D-2) Modelos similares a la Estela de Calabria:
A continuación vamos a recoger imágenes que nos van a ayudar a comprender qué puede ser esta pieza hallada junto a Calaibria, procedente de ese lugar llamado “piedra escrita”.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, fotografía publicada por Eugenio Francowski, en su libro sobre estelas discoideas (20) ; en ella podemos ver una pieza casi igual a la que estudiamos hallada en el Côa. La de imagen era un ara que hace cien años estaba en el pueblo madrileño de Lozoya (Madrid) y de la que actualmente se desconoce el paradero. A mi juicio, se trata de un mojón que delimitaba un terreno, un municipio o unas propiedades muy antiguas. Abajo, diferentes diseños decorativos de estelas, tal como lor recoge Gómez-Tabanera, en su trabajo que acompaña la reedición del libro de Frankowski (21) . Observemos el aspa, en su primer modelo.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Foto publicada por Fco. Javier Zubiaur Carreño en su trabajo “Estelas discoideas de Navarra" (22) -agradecemos al autor nos permita divulgar esta imagen- .La pieza tiene cierto parecido con la que estudiamos; aunque esta recogida por Zubiaur es un ejemplar del alto medievo, que se adscribiría al estilo de estelas esquematizadas de tipo vascongado. Abajo, fotos de aras con aspas publicada por F. Marcos Simón en “Estelas Discoideas de Aragón” -agradecemos al autor nos permita divulgar esta imagen- (23).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, otra estela semejante, esta vez publicada por E. Peralta -agradecemos al autor nos permita divulgar esta imagen- (24) . Abajo, diferentes dibujos de Mario Cardozo en su trabajo “Sobre el simbolismo de la Swástica” -agradecemos al autor o herederos, nos permita divulgar esta imagen- (25) .







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, anillos de bronce y plata de los siglos IX al X d.C. procedentes de la necrópolis de Momoitio -Garai- (tal como se exponen en el Museo Arqueológico de Bilbao; al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Observemos que ya la decoración en cruz con aspa (cruz de ocho puntas) consistía un motivo sagrado para los habitantes de esta zona. Todo lo que derivaría seguramente hacia el diseño de la “Unión Jack” en las Islas Británicas; que nacería a mi juicio de este símbolo medieval, como idealización de la cruz de San Jorge, San Andrés y San Patricio (antecedente claro de la Ikurriña -bandera vasca-). Abajo, dibujo y cartel del Museo Arqueológico de Bilbao con una estela hallada en Elorriaga (Lemoa) -agradecemos a esta institución, nos permita divulgar nuestra imagen-. Fechada en los siglos III al IV d.C., representa dos personajes, que debemos identificar con los difuntos y al dorso tiene una cruz aspada (de ocho puntas).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, estela del monasterio de Bujedo (Burgos). Dibujo coloreado digitalmente por mí, desde el que publican en su libro ESTELAS DISCOIDEAS DE LA RIOJA; M.A. y Ma. Pía Pascual Mayoral -pag.359-. Donde nos dicen sobre ella: “No 54 (fig. 51) De origen desconocido, actualmente está colocada en los parques que rodean al monasterio de Bujedo (Burgos). Realizada en piedra arenisca, tiene una decoración muy semejante en ambas caras: una estrella de seis puntas formada por seis radios incisos que se entrecruzan en un punto central”. Como vemos, es muy parecida a la que estudiaremos, procedente de Calaibria (Portugal).
Abajo, Crismón y decoraciones prerrománicos en la fachada de la iglesia de Unha (Valle de Arán).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, lápida de sepultura en granito fechada entorno al siglo XV, tal como la expone el Museo Arqueológico de Évora (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Esta estela es casi igual en sus diseños y material a la de Calaibria que estudiamos. Procede de la necrópolis hallada bajo el edificio, hoy museo de esta capital portuguesa.
Abajo, pueblo cercano a Almendra, con sus típicos bolardos en granito.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotos de dos bolardos de granito en Portugal. Al lado, entrada a las bodegas Mateus. Abajo, una escalera y su apoyo, tallads sobre una roca natural, en Monsanto.











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D-3) Conclusiones a la Estela de Calabria:
Tras lo expuesto y después de analizar las imágenes anteriormente incluidas; considero que esta pieza hallada junto al Côa, no es un bolardo, ni un simple objeto decorativo. Tampoco se trataría de un bloque usado para la construcción, ni una pieza común con menos de doscientos años (tal como algunos han afirmado). Creemos que es una estela muy similar a la que había en Lozoya (Madrid) y a la que actualmente se expone en el museo de Évora (ver fotos anteriores). Por todo ello, considero personalmente que se trataría de un bloque tallado en fechas cercanas al siglo XV o el XVI, y que en su momento sirvió para demarcar o marcar un punto (seguramente sagrado). Así pues, sabiendo que procede de un lugar denominado “la piedra escrita”; que se halla junto a la ciudad desaparecida de Calabria. Creo que puede tratarse de un demarcador con el fin de recordar ese territorio del antiguo obispado portugués; aunque quizás mejor sería pensar que pudo señalar la urbe que fue abandonada. Indicando -quizás- que donde estaba “la piedra escrita”, existía un límite en el que comenzaba un área de peste o de cólera. Enfermedades que -se supone-, hicieron abandonar la urbe sobre el Côa (Cottaebriga, luego Calaíbria). Ya que aquella ciudad episcopal se vació durante los siglos XIV al XVI; llegando a desaparecer casi por completo poco después. Debiendo considerarse la hipótesis de que su despoblación fue causada por epidemias; en una memoria olvidada, que quizás quiso recordarse con estas piedras “escritas” y que para nada podemos considerar simples bolardos.
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Por lo demás, los números que aparecen en ella, semejan haber sido tallados muy posteriormente. En mi opinión, pueden deberse a las campañas que Welllington realizó en la zona. Nos referimos a la toma de Ciudad Rodrigo y al avance del ejército británico en 1811; ayudando a portugueses y españoles a expulsar de la Península al invasor francés. En este momento -durante la Guerra de la Independencia-; la pieza que estudiamos pudo ser encontrada por algún inglés. Quien relacionando el aspa del Crismón que luce la estela, con el símbolo de la Unión Jack; quizás le añadió la fecha de la victoria sobre Napoleón, de las tropas luso inglesas en la Batalla de Fuentes de Oñoro. Derrota de los franceses que motivó que los galos entrasen a saco sobre Almeida, solo tres meses después (en agosto de 1811). Generándose desde este momento un terrible frente en la zona; que culminará con la toma de Ciudad Rodrigo por Wellington y la liberación de Almeida, a finales de aquel 1811.
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Con esta hipótesis, se podría explicar por qué en la parte alta de la estela que estudiamos hay inscrita una cifra, que claramente es 1811; y que tal como decimos, coincide con el año de las campañas de Wellington en las proximidades de Almendra. Por lo demás, en otras caras de la pieza, se han grabado los números 4 y 8, mientras contiene también un 33 en uno de sus lados. Cifras que pueden indicar las fechas y el batallón que participó en aquel frente abierto en agosto de 1811. Quizás expresando: 4 – 8 – 1818 (cuatro de agosto de 1811). Sea como fuere; estos números parecen añadidos posteriormente y no ser originales de la pieza, que se trataría de una estela mucho más antigua. Pese a todo y aunque que esta es nuestra teoría; nunca podríamos determinar si todas las inscripciones que hay en la estela son coetáneas. Por cuanto de ser así, se trataría probablemente de un pedestal conmemorativo de las batallas de Fuentes de Oñoro, con la Unión Jack en su frente y las fechas de las contiendas en sus lados.
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D-4) Documentación adjunta iconográfica:
A continuación, añadiremos varias imágenes más; con el fin de argumentar mejor nuestras conclusiones sobre la estela de Calaibria.
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SOBRE ESTAS LINEAS: De nuevo, fotografía de la estela de Calaibria, esta vez con mi mano sobre ella (para comprender su tamaño).
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de una de las múltiples iglesias extremeñas del siglo XVI. En este caso se trata de la de Santiago, en Higuera Real (junto a Frejenal de la Sierra), un edificio mudéjar renacimiento. Como la mayoría de los templos de esta época extremeños, tiene sus ménsulas y apoyos pétreos trabajados en granito. En la foto podemos compararla con la estela de Calaibria, comprendiendo que se corresponden en etapa y estilos.




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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos piezas romanas. Al lado, pequeño ara tardorromana perteneciente a la catedral de Orense (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Abajo, una estela ibero romana en la fachada de la iglesia de Villalcampo (Zamora). Bastará ver estas dos piezas para comprender que no tienen relación estilística, ni de época; con la estela portuguesa que analizamos.


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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: La iglesia visigoda-mozárabe de Melque (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Observamos que la decoración y trabajo en los sillares este templo, no se relacionan con la pieza de Calaibria.







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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo, la iglesia visigoda-mozárabe de Melque (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Abajo, restos aún sin montar en el edificio. Como decimos, la decoración y trabajo de sus sillares, no tienen relación alguna con la pieza de Calaibria. Aunque sabemos que la pieza portuguesa procede de una zona con restos de una ciudad perdida visigoda; a mi juicio, la estela de Calaibria no se puede considerar de esta etapa (siquiera prerrománica o románica).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, hornacina mozárabe de la iglesia de Santa Marta de Tera, Zamora (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Abajo, fotografía de Santa Lucía del Trampal (Cáceres), también visigoda y mozárabe. En ambos casos es fácil comprobar que la estela de Calaibria no es una pieza visigoda; ni siquiera de las más toscas y comunes que se hicieron en tiempos mozárabes o prerrománicos.



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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: La iglesia de Santa María en Fuente del Rebollar, Soria. En este caso vemos algunas estelas bajomedievales pertenecientes a la antigua necrópolis del templo; que fueron colocadas posteriormente en los muros del recinto, con fines decorativos. Observamos ciertos parecidos entre estas lápidas y la de que estudiamos de Portugal (especialmente con la de imagen, al lado).





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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: La iglesia de Andaluz, en Soria. En este caso las estelas se adhirieron a su fachada en época románica; por lo que esas losas incluidas en las paredes son más antiguas que las anteriores (y la de Calaibria). Observemos la diferencia entre las estelas de Fuente Rebollar y la que aparece en un lado del atrio de este templo soriano de Andaluz.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos casos de estelas y restos aparecidos casualmente. Al lado, el patio de una casa en Lagartera (Cáceres) donde vemos un verraco ibérico de granito y varias losas de la Baja Edad Media. Abajo, una hornacina en el claustro de Sasamón, donde hay varias piezas; entre ellas una estela de los siglos XIII al XV.


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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos estelas medievales en pleno campo (aún en su antigua necrópolis). No mencionamos el pueblo donde se hallan para que nadie pueda tener la tentación de hacerse con ellas.






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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Finalizamos publicando dos montones pétreos de los muchos que los peregrinos acumulan, en El Camino de Santiago. Esta costumbre es antiquísima y parece que procede del tiempo en que no había miliarios, ni señales. Debido a ello, los caminantes dejaban piedras en los cruces y cambios de ruta, para reconocerlas a su vuelta, con el fin de no perderse. En imagen dos de esas pilas de cantos arrojados por los caminantes; con su cruz en la cumbre. Última foto, que incluyo como señal de mi cariño a las piedras y a cuanto ellas nos legan y enseñan.
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EL ARTÍCULO SE HA DIVIDIDO EN DOS PARTES.
ESTA ES LA SEGUNDA; PARA LLEGAR A LA PRIMERA HAY QUE PULSAR EL SIGUIENTE ENLACE:
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CITAS:
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(1): ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBERICA
EUGENIUSZ FRANKOWSKI - Madrid 1920-
Reeditado por Gómez-Tabanera, en Oviedo - 1989.
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(2): Idem cita (1), págs 22y 23 (SIC):
examinaremos las placas de pizarra de la Península ibérica, procedentes algunas de Portugal, otras de Extremadura y mediodía de España, y encontradas en los dólmenes y varias, en las grutas de las citadas comarcas. Estos interesantísimos documentos de la Prehistoria fuéron estudiados por distintos autores. Todos ellos los interpretan como ídolos, añadiendo algunos que presentan el mismo ídolo femenino que aparece en Francia y parte de Europa en el neolítico y eneolítico Es de suponer que pertenecen al mismo grupo de expresión religiosa de que hablábamos anteriormente y no vemos razón suficiente para llamarles ídolos y mucho menos con si dejarles como la representaeión de la diosa protectora de los muertos. (...)
Mencionaremos tan sólo de paso otra tentativa del Sr. Siret, que pretende explicarlas como estilizacíones antropomorfas de Las palmeras. Según nuestro modesto parecer “apoyado con documentos de etnografía comparada, representan ellos la figura del muerto para cuyo descanso se “construyó” el dolmen, la morada eterna. Es de suponer que, lo mismo en este que en otros casos citados más arriba, los vivos han proporcionado al alma del muerto la imagen de su cuerpo para que encuentre en ella su morada y deje en paz a los vivos”.
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(3): Idem cita (1), págs 105 y ss.
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(4): Idem cita (1), pág. 105
"La existencia de los modestos monumentos funerarios rurales, tales como estelas discoideas, fué indicada por varios autores en Portugal. Los describían A . Mesquita de Figueiredo , G. Pereira , F . Al ves Pereira , J . Leite de Vasconcellos y otros. Ultimamente, V, Correia ha publicado un interesantísimo articulo, titulado «Cabeceiras de Sepultura Medievaes», donde hace la reseña de las estelas de este tipo existentes en Portugal, publicando otras curiosísimas, hasta entonces desconocidas, y de ias cuales reproducimos algunas (láminas VII,., y iX , ). El mapa (lám. XI) enseña los puntos donde se ha encontrado este tipo de monumento funerario, y de su dispersión se deduce que estaba en uso en casi todo el país. Los Museos de Lisboa, como el Etnológico y Carmo, lo mismo que los provinciales, de Santarem, Evora, Deja, Tomar y Kigueira da Koz, guardan interesantes colecciones de estelas. La mayoría de ellas ostentan signos labrados en las dos caras, semejantes casi todos a los de las estelas de España, entre los cuales predomina la cruz trazada decorativamente". (SIC; pag 105)
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(5): Idem cita (1), pág. 110
"Como indicios seguros para la apreciación de su época indica la vecindad de los templos medioevales y de los cementerios con aquellas sepulturas antropomorfas, la presencia de los sarcófagos de la misma forma dentro de las construcciones románicas y góticas, como los claustros de (Coimbra, (Lisboa, etcétera), y, últimamente, la existencia de las sepulturas cavadas en roca, al lado de las cuales, en su cabecera o pies, se distinguen cavidades prolongadas destinadas a ia sujeción del pie de las estelas discoideas. Las estelas con aperos de labor los señores G. Pereira y V. Correia, las consideran procédentes del siglo X V . El carácter medioeval de otras estelas lo confirman algunas cruces típicas, esculpidas sobre sus discos. Es de suponer que aquí, lo mismo que en España, se ha conservado el uso de las estelas en los sitios más apartados del movimiento mundial" (SIC 110)
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(6): ESTELAS ALARGADAS DE LA REGIÓN DEL DUERO (pag. 147 y ss) Idem cita (1)
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(7): Idem cita (1), págs. 147 y 148
"Ia parte Norte de Portugal, la vasta comarca de la cuenca del río Duero, nos ha proporcionado una multitud de monumentos funerarios que, mejor que en ninguna parte, permiten estudiar la descomposición de la primitiva figura humana y la estilización de la estela discoidea. (pag 147)
En el Museo Etnológico de Lisboa se conserva, entre otras, una numerosa colección de estelas, reunida por el Sr M. Negráo, y que proceden de la región de Cárquere (a unos 60 kilómetros, aguas arriba, de Oporto, a la izquierda del Duero). Todas ellas han sido publicadas por el Sr. Leite de Vasconcellos”. (pag 148)
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(8): Idem cita (1), págs. 148 y 149
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(9): Idem cita (1), págs. 155 y 156
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(10): ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBERICA
EUGENIUSZ FRANKOWSKI (Madrid 1920)
Reeditado por Gómez-Tabanera en Oviedo 1989
MARIO CARDOZO
Tipos de Svásticas en el Museo Arqueológico “Martins Sarmento” de Guimaraes. Págs. 513 y ss
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(11): ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBERICA
EUGENIUSZ FRANKOWSKI (Madrid 1920)
Reeditado por Gómez-Tabanera en Oviedo 1989
José Beleza Moreira, de Marinha Grande; Coimbra
NUEVAS APORTACIONES BIBLIOGRÁFICAS SOBRE ESTELAS DISCOIDEAS DE PORTUGAL”
pag. 507 y ss.
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(12): DIFERENTES ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LOS PRINCIPALES CONGRESOS INTERNACIONALES SOBRE ESTELAS FUNERARIAS:
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IV Congreso Internacional de Estelas Funerarias (1991. San Sebastián)
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Inmemoriam de nuestro maestro don José Miguel de Barandiarán
Gurutzi De Arregi
11-18
La estela prerromana en Bizkaia: nuevas aportaciones y ensayo de interpretación histórica
Miguel Unzueta Portilla
19-38
La necesidad de una aproximación arqueológica al estudio de la lápidas funerarias romanas: El motivo de las "Arquerías" en Álava
Carlos Ortiz de Urbina Montoya, Ramón Loza Lengaran
39-54
Iconografía de las estelas funerarias de época romana en Álava. Ensayo de identificación de los objetos representados
Eliseo Gil Zubillaga
55-68
Inventarios
Una estela con el aspa de San Andrés en Estella (Navarra)
Pedro Argandoña Ochandorena
69-76
Estelas medievales navarras. Nuevas aportaciones. Señorío de Baigorri
Carmen Jusué Simonena, Rosa María Armendáriz Aznar
77-88
Estelas discoideas de origen desconocido recogidas en el Museo de Navarra
María Inés Tabar
89-114
Nuevas estelas funerarias en la Merindad de Sangüesa. Navarra: Induráin (Izagaondoa)
Alfredo Armendáriz Lizárraga
115-124
Nuevas estelas discoidales en Álava
Francisca Sáenz de Urturi Rodríguez
125-150
Nuevas estelas discoideas en Gipuzkoa
Fermín de Leizaola Calvo
151-156
Monumentos funerarios en las ermitas de Bizkaia
Gurutzi Arregi Azpeitia
157-172
Estela de "Valle Arratia"
Ignacio Rotaeche
173-176
Aportación al estudio iconográfico de la estela medieval vizcaínaZabala Altube, María José María José Zabala Altube
177-192
Estelas medievales del monasterio Cisterciense de las Huelgas de Burgos
Manuela Domenech, Carlos de la Casa Martínez, Joan Menchón i Bes
193-214
Hilarri bat Sasamon-en (Burgos, Espainia)
Anton Erkoreka Barrena
215-218
Estelas medievales de la provincia de Soria II
Carlos de la Casa Martínez, Manuela Domenech
219-247
Estelas de la provincia de Guadalajara (Estudio de un conjunto de dieciséis)
José Ramón López de los Mozos Jiménez
247-270
Algumas profissoes representadas em estelas discoides portuguesas
José Beleza Moreira
271-296
Aspectos onomásticos y epigráficos de las estelas altomedievales cántabras
José Raúl Vega de la Torre
297-316
Zur frage des vorkommens von rundscheiben in Böhmen
Zdenek Prochazka
317-328
Nuevas estelas discoideas de Sangüesa-Rocaforte (Navarra)
Juan Cruz Labeaga Mendiola
329-342
Simbología y Técnicas
Temas iconográficos en las estelas funerarias de la IIª Edad del Hierro en Álava: Representaciones astrales, animales y humanas
Idoia Filloy Nieva
343-358
Comentarios a las tesis antropomorfistas para la estela discoidea
Imanol Agirre Arriaga
359-380
Simbología de la cruz en las estelas de Navarra
Jesús Ukar Muruzabal
381-396
Tipometría de las estelas discoideas de Navarra
Pedro Arrese Villanueva
397-416
Imageries, images et imaginaire basques: Quelques principes d¿étude
Michel Duvert
Resumen
417-436
L´expression de la religion avec des symboles funeraires en Hongrie
István Szilágyi
Resumen
437-444
Le gisement de Pardies (Landes) et les tombes de pelerins
Maite Labeyriotte, Richard Bavoillot, Robert Aussibal
445-480
Recherche sur l¿origine de l¿union du cercle et de la croix autour de la Mer Egee
René Quehen
481-492
Le symbolisme marial des steles discoidales
Robert Aussibal
493-514
Técnicas de talla en las estelas funerarias de época medieval en Catalunya
Joan Menchón i Bes, Francesc Xavier Sole i Borras
515-536
Un arpón ballenero en una sepultura de la iglesia parroquial del pueblo de Bidarte (Lapurdi)
Fermín de Leizaola Calvo
537-544
Metodología y Estado de la Cuestión
Metodología y ritos en las investigaciones estelísticasAguirre Sorondo, Antxon
Antxon Aguirre Sorondo
545-552
Algunas cuestiones metodológicas en el estudio de las estelas de los "Països Catalans"
Joan Menchón i Bes
553-576
Estelas funerarias en Catalunya, algunas piezas singulares
Joan Menchón i Bes
577-594
Apostillas al estudio "estelas medievales cristianas de la península ibérica"
Joan Menchón i Bes, Carmen Jusué Simonena, Carlos de la Casa Martínez
595-608
Ensayo de evaluación de nuestros conocimientos tocante a las estelas discoideas
Pierre Ucla
609-626
A propos d'une coutume funeraire de l'antiquite tardive a Imus Pyrenaeus St.Juan le Vieux dans les Pyrénées Atlantiques
Jean Luc Tobie
627-643
........................................
V CONGRESO INTERNACIONAL DE ESTELAS FUNERARIAS
SORlA, 28 de Abril al 1 de Mayo de 1993
.
Vol. 1. 1994. ISBN 84-86790-70-0
La estela funeraria en la Prehistoria Ibérica
Juan Antonio Gómez-Barrera
13-42
Noticia del hallazgo del ídolo antropomórfico de Traibuenas
Jesús Ukar Muruzabal
43-46
Las estelas megalíticas del Noroeste en el contexto peninsular
Antón Fernández Malde
47-54
De nuevo sobre la estela funeraria de ampurias
Adolfo J. Domínguez Monedero
55-62
Las estelas decoradas del Suroeste y las corrientes historiográficas de la arqueología española
Eduardo Galán Domingo
63-70
Las estelas decoradas del Bronce Final en Málaga: nuevas aportaciones para su estudio
Fernando Villaseca Díaz
71-76
La estela funeraria en el mundo preclásico en la Península Ibérica
Ernesto García-Soria, José Luis Argente Oliver
77-98
Estelas y fronteras: un caso de estudio en el Bajo Aragón en época ibérica
Eduardo Galán Domingo
99-106
Aproximación a la problemática de las estelas epigráficas funerarias ibéricas no decoradas
Arturo Oliveros Morales
107-116
Estelas y cipos funerarios en la necrópolis tumular de los Castellets de Mequinenza (Zaragoza, España)
José Ignacio Royo Guillén
117-134
Una estela funeraria de El Atance (Guadalajara)
César María Batalla Carchenilla
135-138
Las estelas del Santuario protohistórico de Gastiburu, Arrazau (Vizcaya)
Luis Valdés
139-146
Estelas funerarias protohistóricas en la necrópolis medieval de Palacios de la Sierra (Burgos)
Josefina Andrío Gonzalo
147-154
Estelas epigráficas prreclásicas de la necrópolis medieval de Palacios de la Sierra (Burgos)
Josefina Andrío Gonzalo
155-164
Las estelas del cementerio vacceo de las Ruedas, Padilla de Duero (Valladolid)
Carlos Sanz Mínguez, Zoa Escudero Navarro
165-178
Datos para una filiación egea de los carros grabados en las "Estelas del Suroeste"
Fernando Quesada Sanz
179-188
Estelas funerarias con imágenes de toros
José María Blázquez Martínez, María Paz García Gelabert Pérez
189-200
Las estelas funerarias en el mundo clásico: el fenómeno emeritense
Trinidad Nogales Basarrate
201-210
La estela romana de Layas: un nuevo y curioso ejemplar funerario de la provincia de Orense
Carmelo Fernández Ibáñez, Alfredo Seara Carballo
211-220
La estela funeraria romana de la comarca de Liébana (Cantabria)
José Luis Ramírez Sádaba, Miguel Cisneros Cunchillos, A. Cisneros Castillo
221-228
Las estelas funerarias de época tardoantigua en la mitad Norte de la Península Ibérica
Fernando Pérez Rodríguez-Aragón
229-238
Las estelas desaparecidas de época romana documentadas en Navarra
José María Loizaga Arnaiz, Juan Francisco Relloso Villoira
239-246
Dos nuevas estelas romanas en Navarra
Pedro Argandoria
247-254
Hallazgo de dos estelas funerarias celtíbero-romanas en San Esteban de Gormaz (Soria)
Félix García Palomero
255-262
La estela de Chillón (Ciudad Real): algunas consideraciones acerca de la funcionalidad de las "Estelas de Guerrero" del Bronce Final y su reutilización en época romana
María del Mar Zarzalejos Prieto, Carmen Fernández Ochoa
263-272
Acerca del carácter no indígena de las estelas gigantes cántabras
Fernando Pérez Rodríguez-Aragón, Jaime Nuño González
273-282
Problemática cronológica y funcional de las estelas gigantes de Cantabria: una aproximación crítica
José Raúl Vega de la Torre
283-290
Algunas series onomásticas indígenas en las estelas funerarias al sur del Duero medio
Jaime Díez Asensio
291-296
Pervivencia de elementos indígenas en la estelas hispano-romanas en la provincia de Soria
Celestino Colín Vinuesa
297-300
Motivos arquitectónicos en la decoración de las estelas funerarias gallegas
María X. Rodríguez Pérez
301-308
Estelas funerarias con retratos
José María Blázquez Martínez, María Paz García Gelabert Pérez
309-322
Decoración funeraria en la epigrafía celtíbero-romana de San Esteban de Gormaz (Soria)
Félix García Palomar
323-330
Formulación en la epigrafía funeraria romana de la provincia de La Coruña
María Paz Blanco Sanmartín
331-338
Epigrafía urbana en la Meseta Norte: el conjunto de Pallantia (Palencia)
Liborio Hernández Guerra
339-348
Hallazgos epigráficos romanos de la Dehesa de Jaramiel Alto (Piñel de Abajo, Valladolid)
Luis Carlos San Miguel Maté, Jesús Álvaro Arranz Mínguez, Santiago Carretero Vaquero
349-360
Lanzas hinzadas, Aristóteles y estelas del Bajo Aragón
Fernando Quesada Sanz
361-370
Vol. 2. 1994. ISBN 84-86790-71-9
Estelas visigodas en la Península Ibérica, aproximación a su problemática: cronología y funcionalidad
Joan Menchón i Bes
377-403
La estela funeraria hebrea en la Península Ibérica
Ana María López Alvarez
405-418
La estela funeraria en el mundo andalusí
María Antonia Martínez Núñez
419-444
La estela funeraria hispano cristina
Carlos de la Casa Martínez, Manuela Doménech Esteban
445-461
Steles et croix funeraries en Grèce
René Quehen
463-488
Cinco estelas discoideas en el señorío de Eulza Barañain: (Navarra)
María Inés Tabar Sarrías, Mercedes Unzu Urmeneta
489-493
Estela discoide en Viniegra de arriba: (Cameros-La Rioja)
Fermín de Leizaola Calvo
495-496
Conjunto de estelas fuenrarias medievales de Sagunto: (Valencia)
Carlos de la Casa Martínez, Magdalena Monraval Sapiña
497-507
Estelas medievales de las Altas cinco Villas de Zaragoza: I Sos del Rey Católico
José María Vilades Castillo, M. Elisa Palomar Llorente
509-518
Estelas medievales de las Altas cinco Villas de Zaragoza II: Luesia, Ruesta y Uncastillo
José María Vilades Castillo, María Esperanza Ortiz Palomar, M. Elisa Palomar Llorente, Juan Ángel Paz Peralta
519-529
Estelas discoides en Anso, Hecho (Huesca) y Salvatierra de Esca (Zaragoza)
Fermín de Leizaola Calvo
531-537
Un grupo de estelas discoideas del siglo XIII de Jaca: (Huesca)
José Luis Ona González, Francisco Marco Simón
539-548
Nuevas estelas medievales de las merindades de Castilla: las estelas de Mijangos, merindad de Cuesta Urria
José Ángel Lecanda Esteban
549-555
Estelas del yacimineto altomedieval de Frontada (Palencia)
Carlos Lamalfa Díaz
557-564
Estelas medievales de la Provincia de Soria III
Elena Heras Fernández
565-579
Nuevas aportaciones al conjunto de estelas funerarias de la Iglesia de San Miguel Arcángel de Andaluz (Soria)
Raquel Barrio Onrubia, Óscar Luis Arellano Hernández, Montserrat Lerín Sanz, María Jesús Tarancón Gómez, Agustín Ruiz de Marco
581-591
Dos estelas discoidales en Peroniel del Campo (Soria)
Francisco de Borja Mobellán Iriarte
593-596
Una estela discoidal en Torralba del Burgo (Soria)
José Raúl Vega de la Torre
597-603
Contribución al catálogo de estelas discoideas de Valladolid
José Ramón López de los Mozos Jiménez
605-611
Nuevas estelas discoideas de la Provincia de Guadalajara
José Ramón López de los Mozos Jiménez
613-618
Funcionalidad de las estelas discoideas en Navarra
Jesús Ukar Muruzabal
619-630
De la stele disoidale romaine aux formes modernes et actuelles
Robert Aussibal
631-637
Les esteles mitres
Robert Aussibal
639-641
Los motivos decorativos en las estelas medievales de Cantabria
María-Carmen Martín-Gutiérrez
643-652
Signos de oficios en estelas funerarias de Catalunya
Joan Menchón i Bes, Peter Rius May
653-662
Mais algumas profissoes representadas em estelas discóides portuguesas
José Beleza Moreira
663-693
A propos de deux steles discoidales a symbole solaire
Robert Aussibal
695-703
Ensayo de aplicación del análisis estratigráfico a los soportes epigráficos
Miguel Unzueta Portilla
705-711
La estela funeraria moderna en la Península Ibérica
Antxon Aguirre Sorondo
713-723
Las estelas funerarias: ensayo de evaluación de nuestros conocimientos sobre las estelas funerarias
Pierre Ucla
725-731
....................................................................................................................
VI Congreso Internacional de Estelas Funerarias (1995. Pamplona)
Inmemoriam de nuestro maestro don José Miguel de Barandiarán
Gurutzi De Arregi
11-18
La estela prerromana en Bizkaia: nuevas aportaciones y ensayo de interpretación histórica
Miguel Unzueta Portilla
19-38
La necesidad de una aproximación arqueológica al estudio de la lápidas funerarias romanas: El motivo de las "Arquerías" en Álava
Carlos Ortiz de Urbina Montoya, Ramón Loza Lengaran
39-54
Iconografía de las estelas funerarias de época romana en Álava. Ensayo de identificación de los objetos representados
Eliseo Gil Zubillaga
55-68
Inventarios
Una estela con el aspa de San Andrés en Estella (Navarra)
Pedro Argandoña Ochandorena
69-76
Estelas medievales navarras. Nuevas aportaciones. Señorío de Baigorri
Carmen Jusué Simonena, Rosa María Armendáriz Aznar
77-88
Estelas discoideas de origen desconocido recogidas en el Museo de Navarra
María Inés Tabar
89-114
Nuevas estelas funerarias en la Merindad de Sangüesa. Navarra: Induráin (Izagaondoa)
Alfredo Armendáriz Lizárraga
115-124
Nuevas estelas discoidales en Álava
Francisca Sáenz de Urturi Rodríguez
125-150
Nuevas estelas discoideas en Gipuzkoa
Fermín de Leizaola Calvo
151-156
Monumentos funerarios en las ermitas de Bizkaia
Gurutzi Arregi Azpeitia
157-172
Estela de "Valle Arratia"
Ignacio Rotaeche
173-176
Aportación al estudio iconográfico de la estela medieval vizcaínaZabala Altube, María José
María José Zabala Altube
177-192
Estelas medievales del monasterio Cisterciense de las Huelgas de Burgos
Manuela Domenech, Carlos de la Casa Martínez, Joan Menchón i Bes
193-214
Hilarri bat Sasamon-en (Burgos, Espainia)
Anton Erkoreka Barrena
215-218
Estelas medievales de la provincia de Soria II
Carlos de la Casa Martínez, Manuela Domenech
219-247
Estelas de la provincia de Guadalajara (Estudio de un conjunto de dieciséis)
José Ramón López de los Mozos Jiménez
247-270
Algumas profissoes representadas em estelas discoides portuguesas
José Beleza Moreira
271-296
Aspectos onomásticos y epigráficos de las estelas altomedievales cántabras
José Raúl Vega de la Torre
297-316
Zur frage des vorkommens von rundscheiben in Böhmen
Zdenek Prochazka
317-328
Nuevas estelas discoideas de Sangüesa-Rocaforte (Navarra)
Juan Cruz Labeaga Mendiola
329-342
Simbología y Técnicas
Temas iconográficos en las estelas funerarias de la IIª Edad del Hierro en Álava: Representaciones astrales, animales y humanas
Idoia Filloy Nieva
343-358
Comentarios a las tesis antropomorfistas para la estela discoidea
Imanol Agirre Arriaga
359-380
Simbología de la cruz en las estelas de Navarra
Jesús Ukar Muruzabal
381-396
Tipometría de las estelas discoideas de Navarra
Pedro Arrese Villanueva
397-416
Imageries, images et imaginaire basques: Quelques principes d¿étude
Michel Duvert
417-436
L´expression de la religion avec des symboles funeraires en Hongrie
István Szilágyi
437-444
Le gisement de Pardies (Landes) et les tombes de pelerins
Maite Labeyriotte, Richard Bavoillot, Robert Aussibal
445-480
Recherche sur l¿origine de l¿union du cercle et de la croix autour de la Mer Egee
René Quehen
481-492
Le symbolisme marial des steles discoidales
Robert Aussibal
493-514
Técnicas de talla en las estelas funerarias de época medieval en Catalunya
Joan Menchón i Bes, Francesc Xavier Sole i Borras
515-536
Un arpón ballenero en una sepultura de la iglesia parroquial del pueblo de Bidarte (Lapurdi)
Fermín de Leizaola Calvo
537-544
Metodología y Estado de la Cuestión
Metodología y ritos en las investigaciones estelísticasAguirre Sorondo, Antxon
Antxon Aguirre Sorondo
545-552
Algunas cuestiones metodológicas en el estudio de las estelas de los "Països Catalans"
Joan Menchón i Bes
553-576
Estelas funerarias en Catalunya, algunas piezas singulares
Joan Menchón i Bes
577-594
Apostillas al estudio "estelas medievales cristianas de la península ibérica"
Joan Menchón i Bes, Carmen Jusué Simonena, Carlos de la Casa Martínez
595-608
Ensayo de evaluación de nuestros conocimientos tocante a las estelas discoideas
Pierre Ucla
609-626
A propos d'une coutume funeraire de l'antiquite tardive a Imus Pyrenaeus St.Juan le Vieux dans les Pyrénées Atlantiques
Jean Luc Tobie
627-643
Las estelas funerarias galo-griegas: Clasificación formal y paralelos
Fernando Fernández, Eugenio Ramón Luján Martínez
247-253
Epigrafía picta en ogham y memoria del difunto: Ensayo de reconocimiento
Fernando Fernández Palacios
255-264
Tipología das estelas rectangulares portuguesas
José Beleza Moreira
265-303
La legalidad de las estelas: Del Decreto de 1963 a bien de interés cultural
Societat Catalana d'Arqueologia
305-313
Un monumento casi-discoideo en Mastrique (Maastricht), Países Bajos
Jaak Nijssen
315-326
La christianisation des stèles funéraires de l'âge du fer en Bretagne
Gildas Bernier
327-330
Stèles et croix en Grèce, Bulgarie et République de Macédoine
René Quehen
331-355
Stèles dïscoidales et croix de Toulouse
Robert Aussibal
357-367
Epígrafes con en Asturias
Margarita Fernández Mier
371-375
Epigrafía romana de Espadaña (Salamanca)
Agustín Jiménez de Furundarena, Liborio Hernández Guerra
377-381
Algunas reflexiones sobre la estela funeraria consagrada a Ataecina
Eugenio Ramón Luján Martínez
383-388
Estelas romanas en la provincia de Badajoz: Su significado sociológico
José Luis Ramírez Sádaba, Trinidad Nogales Basarrate
389-401
Esquematizaciones humanas en las estelas altomedievales de Cantabria
María-Carmen Martín-Gutiérrez
403-409
Hilarri berri bi La Prada (Burgos)
Antxoka Martínez Velasco
411-415
Un nuevo grupo de estelas medievales con motivos cruciformes en Cantabria
María-Carmen Martín-Gutiérrez
417-429
Cabecera de sepultura con tema de hilandera en Sitio de Nazaré (Portugal)
Carlos de la Casa Martínez, Manuela Doménech Esteban
431-432
Contribución al estudio de las estelas discoidales de las comarcas catalanas de Les Garrigues y El segrià: Piezas de La Granadella y Torrebesses
Josep Gallart Fernández
433-451
Estelas funerarias de Catalunya: Estado actual
Joan Menchón i Bes, Peter Rius May
453-461
Estelas medievales de la provincia de Soria: IV
Carlos de la Casa Martínez, Raquel Barrio Onrubia, Montserrat Lerín Sanz, María Jesús Tarancón Gómez, Agustín Ruiz de Marco, Óscar Luis Arellano Hernández
463-487
Estelas en el camino de Berrús: Villalba dels Arcs -Terra Alta- (Tarragona)
Francisco Xavier Solé Borrás
489-495
Una estela decorada de época romana en Sangüesa (Navarra)
Juan Cruz Labeaga Mendiola
499-501
Estelas funerarias de tema religioso en Abaurrea Alta (Navarra)
Miguel Ibáñez Artica
503-509
Estelas de Burlada (Navarra)
Pedro Arrese Villanueva
511-517
Estelas funerarias de Mélida (Navarra)
Daniel García Jaurrieta
519-527
Contribución al inventario de estelas discoideas de Navarra: Los ejemplares de Aincioa
Miguel Bañales Leoz, Araceli Iturri Villanueva
529-543
Una estela funeraria del cementerio de la Iglesia de San Juan Bautista, Estella
Gabinete de Arqueología NAVARK
545-549
Dos estelas discoideas de la Plaza Vieja de Tudela
Begoña Martínez Aranaz, Luis Navas Cámara
551-554
Dos nuevas estelas discoideas en Sangüesa (Navarra)
Juan Cruz Labeaga Mendiola
555-558
Nueva estela discoidea en Cabanillas (Navarra)
Begoña Martínez Aranaz, Luis Navas Cámara
559-562
Estelas de la zona sur del Valle de Esteríbar
Pedro Arrese Villanueva
563-571
Algunas estelas de las sierras de Andía y Urbasa y zonas periféricas
Fermín de Leizaola Calvo
573-579
Las estelas funerarias recogidas por la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra
Emilio Quintanilla Martínez
581-585
Noticia sobre cuatro estelas discoideas en Navarra
Rosa Rodríguez Cayetano, María del Carmen López Echarte
587-593
Nuevas estelas discoideas de Vera de Bidasoa (Navarra)
Vidal Pérez Villareal
595-604
Monuments funeraires (Hil-Harriak) et maison (etxe)
Michel Duvert
607-622
Iglesia del Santo Sepulcro de Torres del Río: Estela funeraria
Fernando Cañada Palacio, Mercedes Unzu Urmeneta, Luis Francisco Labé Valenzuela
623-627
Representación en piedra del crucificado
María Inés Tabar Sarrías
629-633
Reaparición del uso de la estela discoidea
Vidal Pérez Villareal
635-639
................................................................................................................
Actas del VII Congreso Internacional de Estelas Funerarias
Santander, 24-26 de octubre 2002
Vol. 1. 2004. ISBN 84-95516-82-9
Estelas en contexto arqueológico y documental
La estela y la muerte
José Ramón López de los Mozos Jiménez
33-72
Notas sobre las estelas funerarias en el Próximo Oriente Antiguo: el caso de Anatolia
Juan Manuel González Salazar, Fernando Fernández Palacios
75-92
El motivo del toro guerrero en las estelas sirio-palestinas y sus analogías con las estelas tartésicas
Sebastián Celestino Pérez, Carolina López Ruiz
95-108
Estelas antropomorfas y estatuas-menhir: su papel en la articulación del espacio funerario megalítico
Marta Díaz-Guardamino Uribe
111-121
Estelas en la necrópolis de incineración de Herrería (Guadalajara)
Fátima Marcos Fernández, Teresa Sagardoy, Jesús Francisco Torres Martínez
125-138
Estelas funerarias y grupos de parentesco en la región Celtibérica
Manuel Ramírez Sánchez
139-156
La estela romana de tradición indígena en Vizcaya: origen y estado de la cuestión
Miguel Unzueta Portilla
159-180
Dos estelas procedentes de las localidades de Valdorros y Villangómez (Burgos) con mención del antropónimo "Paesicus"
Aránzazu Urbina Alvarez, Helena Gimeno Pascual
183-192
Las estelas funerarias galaico-romanas a la luz de la nueva arqueología epigráfica
Ana María Suárez Piñeiro
195-206
Las estelas funerarias figuradas de época romana en Galicia
Cristóbal Nodar
209-224
Estelas funerarias del Valle de Arán (Lérida)
José María Blázquez Martínez, María Paz García Gelabert Pérez
227-242
Una estela funeraria romana al paso de la ruta 24 del itinerario de Antonino: la estela de Monesterio
Carlos Javier Caballero Casado, Sonia Fernández Esteban, Amparo Martín
245-252
Estelas de Cantabria (Edad Antigua)
Indigenismo y romanidad en las estelas funerarias de la Cantabria antigua
Eduardo José Peralta Labrador
257-356
De nuevo sobre las estelas gigantes de Cantabria
Teresa Cerezo Sánchez, José Raúl Vega de la Torre
359-368
La "Fusayola" pétrea del "oppidum (s) amanorum" y su decoración: un esquema común a las estelas cántabras
Ramón Bohigas Roldán, Miguel Unzueta Portilla, Carlos Cancelo Mielgo, Juan Tomás Molinero Arroyabe
371-382
Vol. 2. 2004. ISBN 84-95516-83-7
Estelas de Cantabria (Edades Media y Moderna)
Estelas funerarias medievales en Cantabria
María-Carmen Martín-Gutiérrez
405-444
El despoblado y la necrópolis medieval de San Vicente de Rasgada (Valdrredible, Cantabria)
Ramón Bohigas Roldán, Javier Marcos Martínez
447-470
La estela de Monegro (Campoo de Yuso): un nuevo antropomorfo en las manifestaciones funerarias medievales de Cantabria
Manuel García Alonso
473-488
Aportación al catálogo de estelas discoideas de la Comarca de Campoo (Cantabria)
Ramón Bohigas Roldán, Alfonso García Revuelta
491-508
Románico en Campoo: restos medievales en la Hermandad de Campoo de Suso
Beatriz Valiente Barroso
511-530
Estelas medievales de Santiurde de Reinosa (Cantabria)
Enrique Gutiérrez Cuenca, Lino Mantecón Callejo
533-548
Acerca de las estelas de Santander
Teresa Cerezo Sánchez, José Raúl Vega de la Torre
551-560
Estela discoidal de la ermita de Santa Ana (Castro Urdiales, Cantabria)
Antxoka Martínez Velasco
563-568
Dos nuevas estelas discoidales de cronología medieval en Santibáñez (Cabezón de la Sal)
Ramón Bohigas Roldán, Conrado Chatruch Durán, Manuel García Alonso
571-584
La colección de estelas del Museo Diocesano "Regina Coeli" de Santillana del Mar
Ramón Bohigas Roldán, Enrique Campuzano Ruiz
587-610
Pervivencia de la simbología funeraria de las estelas autóctonas hispanas e hispanorromanas: las ventanas monolíticas del municipio de Rasines, Cantabria
María Paz García Gelabert Pérez
613-629
Vol. 3. 2004. ISBN 84-95516-84-5
Estelas en contexto arqueológico y documental (segunda parte)
Estelas medievales, contextos arqueológicos y documentales ¿un objetivo imposible?
Joan Menchón i Bes
653-686
Posibles estelas funerarias pictas escritas en ogham (siete años después) y notas lingüísticas de las inscripciones oghámicas de Escocia
Fernando Fernández Palacios
689-714
La estela de Llánaves de la Reina (León): entre la tradición vadiniense y el altomedievo
Ramón Bohigas Roldán, José Avelino Gutiérrez González
717-734
Estelas en contexto arqueológico y revisión de criterios crono-tipológicos: a propósito de algunas nuevas estelas medievales de las merindades
José Ángel Lecanda Esteban
737-756
Profissôes representadas em estelas rectangulares portuguesas
José Beleza Moreira
759-770
Camino a Santiago: cruces de piedra, piedras de cruces
Carlos de la Casa Martínez, Manuela Domènech
773-790
Estela dicoidea de Santa Pía (Zigoitia, Alava): sobre la reutilización de un tenente de altar como estela
Francisca Sáenz de Urturi Rodríguez
793-804
Estelas funerarias de época meriní halladas en Algeciras (Cádiz)
Yolanda Oliva Cózar, Virgilio Martínez Enamorado, Antonio Torremocha Silva
807-838
Las estelas funerarias medievales del castillo de la Adrada (Avila)
Manuel Pérez Rodríguez-Aragón, Miguel Angel Martín Montes, María Pérez Nieto
841-856
Las estelas y la muerte: su presencia en el cementerio contemporáneo
Señalización de tumbas y estelas discoidales
Antxon Aguirre Sorondo
861-887
Estela conmemorativa en la carretera (San Esteban de Gormaz, Soria)
Félix García Palomar
883-888
Estelas, inventarios y catálogos
Tres nuevas estelas medievales de San Esteban de Gormaz (Soria)
Félix García Palomar
893-900
Maçon (Hargin) et art funéraire en Pays Basque Nord: essai sur les rythmes et les modes de création en milieu traditionnel
Michel Duvert
903-910
A propos de deux stèles discoïdales á "cupules"
Robert Aussibal
913-918
Las estelas medievales en la provincia de Palencia: nuevos hallazgos
Carmelo Fernández Ibáñez, Carlos Lamalfa Díaz
919-936
Estelas dicoideas en las sierras Andia, Urbasa, Entzia y en sus inmediaciones (nueva aportación)
Fermín de Leizaola Calvo
939-949
Estelas medievales de Valderejo (Álava)
Antxoka Martínez Velasco
953-961
Aportaciones al inventario de las estelas discoidales de las Comarcas del Segriá, Les Garrigues y el Pla d'Urgell (Lérida)
Antoni Llusà i Guash, Josep Gallart Roméu
965-994
Contribución al inventario de las estelas funerarias discoidales de la comarca de la Noguera (Lérida)
Jordi Trullols Grané, Josep Gallart Fernández, Jaume Camats Campabadal, Rafel Gomà Fontanet
997-1030
..........................................................................................
Actas del VIII Congreso Internacional de Estelas Funerarias
Museo Nacional de Arqueología de Lisboa mayo 2005 -editado en mayo 2006-
.
(13): Caliabria y Ciudad Rodrigo
José Ignacio Martín Benito
Publicado en “Caliabria y Ciudad Rodrigo”. Ciudad Rodrigo, Carnaval 2001. Salamanca, pp. 325-331
Con ese mismo título: “Caliabria y Ciudad Rodrigo”, el P. Fidel Fita publicaba en 1913 en el Boletín de la Real Academia de la Historia un pequeño artículo donde daba a conocer la correspondencia enviada por el obispo civitatense Pedro Gómez de la Torre al P. Enrique Flórez en 1755, para la preparación de su España Sagrada. En las cartas el obispo daba cuenta, entre otros, de los privilegios de 1171 y 1191 conservados entonces en el Archivo de la catedral de Ciudad Rodrigo y donde se hace mención de la donación real a la iglesia civitatense de la ciudad de Calabria[1]. En ese mismo Boletín, Fita publicaba otro artículo con el título “Caliabria romana”[2], donde daba cuenta de algunos epígrafes romanos, lo que indicaría la antigüedad de esta ciudad, para la que se han señalado, como veremos más adelante, varios asentamientos y cuya historia, al menos desde mediados del siglo XII, parece estar vinculada a la erección de la diócesis de Ciudad Rodrigo.
II. Caliabria
La sede episcopal de Caliabria debió ser fundada en época visigoda y vino a ocupar un espacio entre las de Viseu, Egitania (Indanha) y Salamanca. Anteriormente había sido parroquia del obispado de Viseu, como recoge el parroquial suevo, redactado entre 572 y 589 y al que se añadió luego: quae apud Gotos postea sedes fuit[3]. J. Vives sostiene que fue fundada después de 621, mientras que Fita se decanta entre 603 y 610, fechas del reinado de Witerico[4]. Se tienen noticias de cuatro de sus obispos que asistieron a varios concilios de Toledo y Mérida, entre 633 y 693[5] y que en la ciudad se acuñó moneda en época de Witerico[6]. Referencias a la diócesis calabricense tenemos también en los códices medievales de los siglos IX y X (nóminas cordobense y mozárabe), donde se incluye en la provincia de Lusitania, sufragánea de la metrópoli emeritense[7]. La División de Wamba, documento apócrifo de principios del siglo XII, señala el nombre y los límites de las sedes episcopales. Entre ellas se cita Caliabria teneat de Sorta usque Albennam. De Soto usque Faram[8]. Independientemente de la falsificación del documento –todo apunta a que fue elaborado por el obispo de Oviedo don Pelayo, como ya apuntaron Flórez y Risco-, interesa el texto por recoger la memoria del nombre de Caliabria, unas décadas antes de la creación del obispado civitatense y del título que usó el primer obispo de la nueva sede de Ciudad Rodrigo: Dominicus calabriensis[9]. También en la nómina leonesa, de 1058 –tres años antes de la cesión de los derechos episcopales de Ciudad Rodrigo a la iglesia compostelana-, se incluye Caliabria en Lusitania[10].
Localización. En el privilegio de donación que Fernando II hace a la iglesia de Santa María de Ciudad Rodrigo por el que le entrega la Torre de Aguilar y Calabria, se dice que esta última está entre los ríos Côa y Águeda[11]. Flórez, no obstante, ignora su ubicación, “pues hoy no se conocen vestigios; y mientras no aparezcan, ignoraremos el sitio individual”, escribe el agustino[12]. No se si Flórez debió conocer la obra de Juan Tamayo de Salazar, que sí sitúa el emplazamiento de la ciudad. Salazar publicó en 1659 su Anamnesis, sive conmmemoratio omnium Sanctorum Hispanorum, y allí dice refiriéndose a Caliabria:
Así pues, la ciudad de Caliabria se hallaría en la ribera del Duero, sobre un alto monte, en término de Almendra, de donde procederían varias estelas romanas. Años antes a la descripción de Tamayo de Salazar, también Sánchez Cabañas se refirió a su emplazamiento:
Parece, por tanto que desde el siglo XVII hay coincidencia en identificar las ruinas de Caliabria con el monte que se yergue prominente en la margen izquierda del Duero, en el término de Almendra. Así lo reconoció también la Academia de la Historia en su Memorial histórico al referirse a la Villa de Almendra. “siete leguas al Nordeste de la villa de Trancoso, dos al Noroeste de Castelo Rodrigo, y una al Oriente del río Côa, se halla la villa de Almendra, que tomó el nombre por la abundancia de este fruto que hay en su término, en el cual se reconocen las ruinas de la antigua Caliábriga…”[15]. Del siglo XVII es también la obra de Rodrigo de Acunha, arzobispo de Braga, Historia eclesiástica de Braga com as Vidas dos seus Arcebispos e Varoês santos e eminentes do Arcebispados de Braga, donde se recoge las actas de la vida, culto y milagros de San Apolinar que, según la leyenda fue obispo de Caliabria y sufrió martirio en época de Trajano[16].
Hoy parece pues admitido el emplazamiento de Caliabria en el término de Almendra a orillas del Duero (foto 1). Así lo recoge Fortunato de Almeida en su História da Igreja em Portugal:
IV. La creación del obispado civitatense y su legitimidad: su relación con Caliabria
La institución de la diócesis de Ciudad Rodrigo tiene lugar en 1161, cuando el rey de León Fernando II hace donación de los derechos episcopales a la iglesia compostelana y a su obispo electo Fernando Gudesteiz[23]. Sin embargo no será hasta 1168 cuando comencemos a tener noticias del primer obispo. El 10 de julio de aquel año, en la donación que hace el rey a la iglesia de Compostela de la villa de Cuntis y cinco iglesias más a cambio de la ciudad de Coria, entre los obispos confirmantes del documento (León, Astorga, Oviedo, Zamora, Salamanca, Lugo y Orense) se halla también la firma del obispo Domingo de Ciudad Rodrigo. El prelado no debía haber sido todavía consagrado, pues confirma el documento como “electus Civitatis Roderici”[24]. Sin embargo, esta fue la única vez en todo su pontificado que Domingo usó su título de obispo de Ciudad Rodrigo. Sólo tres meses más tarde, cuando desde León el rey y su curia confirman el anterior documento, nuestro prelado está presente en calidad de “Dominicus calibriensis” y como tal usó ese título hasta su muerte en 1172. ¿Qué había pasado? Esto es, ¿por qué en el corto espacio de tiempo Domingo abandonó su título de obispo de Ciudad Rodrigo y comenzó a utilizar el de Caliabria?”
José Ignacio Martín Benito
Publicado en “Caliabria y Ciudad Rodrigo”. Ciudad Rodrigo, Carnaval 2001. Salamanca, pp. 325-331
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(14): VARIEDADES CALIABRIA ROMANA -17 ebrima-
P. Fidel Fita 1913 en el Boletín de la Real Academia de la Historia
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(15): Sede titular de Caliabria
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(16): CORTÉS M. (1836). Dicc. t. II, pág. 397.
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(17): Julián Rubén Díaz
DICCIONARIO TOPONÍMICO Y ETNOGRÁFICO DE HISPANIA ANTIGUA
(Pozuelo de A. ; MADRID 2004)
COTTAIOBRIGA, PAG 193.
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(18): M. Cortés. Diccionario…, T III, p.122.
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(19): Sobre lugares llamados PIEDRA ESCRITA, ver mi artículo:
PUNTOS GEODÉSICOS Y PIEDRAS MEGALÍTICAS: OMPHALOS Y MARCAS DE ORIENTACIÓN (Capítulo 107 de: "Los bueyes de Gerión en el Tesoro de El Carambolo"). Pulsando abajo
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(20): ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBERICA
EUGENIUSZ FRANKOWSKI - Madrid 1920-
Reeditado por Gómez-Tabanera, en Oviedo – 1989.
Imagen 45 , pag. 147
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(21): Idem cita anterior. Pag 266
En ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA de Frankowski; Gómez-Tabanera añade un capítulo intitulado “Estelas discoideas del Noroeste"
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(22): Estelas discoideas de Navarra Escrito en abril de 1896 por Francisco Javier Zubiaur Carreño.
Liberado en la red y publicado en el libro:
ESTELAS DISCOIDEAS DE LA PENÍNSULA IBERICA
EUGENIUSZ FRANKOWSKI (Madrid 1920)
Reeditado por Gómez-Tabbanera en Oviedo 1989, páginas 352 y ss.
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(23): Idem. cita anterior; pag 385.
ESTELAS DISCOIDEAS DE ARAGÓN.
F. Marco Símón; de la Universidad de Navarra.
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(24): Idem. cita anterior; pag 468
Enrique Peralta Labrador.
ESTELAS DISCOIDEAS DE CANTABRIA Y ESTELAS ARQUETÍPICAS DE LA MESETA NORTE
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(25): Idem. cita anterior; pag 518
MARIO CARDOZO, director del Museo de Guimaraes.
Sobre el simbolismo de la swástica.