miércoles, 18 de diciembre de 2019

CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO Y CAÍDA DEL IMPERIO CRISTIANO

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Los capítulos se desarrollan en un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas). Si desea leer el artículo entre líneas, bastará con seguir la negrilla y las letras rojas destacadas.
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SOBRE ESTE PÁRRAFO: A nuestra izquierda, sello con la efigie de Johannes Kepler y a la derecha una página final de su obra “Hamonices Mundi”. En este libro publicado por Kepler en 1619, el científico explica su “Armonía de las estrellas”; partiendo de la teoría pitagórica. Exponiendo que la velocidad, distancia y giro de los planetas, es proporcional al que contienen los intervalos musicales. Es decir, que las distancias entre tonos en las escalas musicales, están plenamente relacionadas con los periodos sinódicos de los astros, con sus revoluciones y con la longitud existente entre ellos. De tal manera, en imagen vemos la página 207 de este libro V (Harmonices Mundi); donde podemos observar el “sonido” que él atribuye a los diferentes planetas -escrito en pauta y con notas renacentistas-. Es Kepler sin lugar a dudas uno de los grandes puentes desde el Renacimiento, hacia el siglo de las luces; como amigo de Galileo y discípulo de Maestlin, sucediendo en su obra y estudios a Copérnico. Estos cuatro sabios (Copérnico, Maestlin, Galileo y Kepler), podemos afirmar que fueron quienes llevaron a Europa hasta los albores de “la ilustración”. Después de haber tenido acceso a las obras clásicas procedentes de las bibliotecas de Bizancio, importadas hasta Italia tras la caída de Constantinopla. Gracias a ellas, estos científicos conocieron las ideas de filósofos grecorromanos no divulgados hasta entonces; pudiendo estudiar teorías como las heliocéntricas de los helenos (de Hiparco o de los samios). Asimismo, a través de la lectura de estas obras clásicas que afloraron tras la caída de Bizancio; Copérnico, Galileo, Maestlin o Kepler, pudieron formular teoremas basados en un sentido plenamente científico y filosófico y ajenos a la teología -tal como se entendía en el Mundo Antiguo-.
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ABAJO: Pieza de la farmacia de El Escorial coetánea a la fundación del monasterio (botamen de Talavera del siglo XVII, fabricado en tinte de esponja y con los sellos escurialenses). Es un hecho conocido que en este convento-palacio Felipe II guardó una de las más importantes bibliotecas y boticas de Europa. Pese a ello, tanto la farmacia como la compilación de publicaciones se vio afectada por la censura que el propio rey impulsó desde el edicto de 1558. Momento desde el que la Inquisición publicó diversos índices de obras prohibidas y vigiló con celo toda nueva edición y actividad de investigación -física, alquímica o química-. Unos hechos que, sin lugar a dudas, trasladaron el mundo de la ciencia al terreno de lo sospechoso; convirtiendo a los investigadores en individuos relacionados con la magia o la herejía. Este y otros motivos llevaron a que las luces no se “encendieran” en el Sur de Europa, tal como analizaremos en nuestro artículo de hoy.
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A) - Procedencia de las luces (introducción):
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Comúnmente se considera que La Ilustración fue producto de los avances de la ciencia y del pensamiento del siglo XVII. Una idea que aunque, sin ser errónea, habríamos de matizar; principalmente en su campo de visión histórica. Pues para comprender la procedencia de aquellas “luces” dieciochescas -a mi juicio- habríamos de retrotraernos al Renacimiento. Más concretamente al final de la Edad Media y al comienzo de la Era Moderna, con la caída de Constantinopla. Momento en el que llegan a Europa millares de ejemplares clásicos; miles de textos grecorromanos que habían permanecido en los fondos de templos y bibliotecas bizantinas. Importando infinidad de copias hasta entonces desconocidas y que se llevaron hasta los palacios italianos; viniendo centenares de hombres cultos huidos, muchos de los cuales portaban esos bienes que se rescataban de la Constantinopla abandonada a su suerte -en manos musulmanas-. Produciéndose por entonces una verdadera “renovación” cultural llegada por mano de aquellos que llamaban “griegos” y que en verdad eran bizantinos. Cristianos ortodoxos, exiliados de la actual Turquía y de sus costas; que hubieron de refugiarse en islas como Chipre y Creta, en tierras helenas y sobre todo en Italia (sobreviviendo gracias a vender sus enseres y su sabiduría). Enseñando el idioma griego clásico en los palacios y conventos italianos, o impartiendo clases sobre filosofía, medicina, ciencia y astronomía. Por todo cuanto en Toscana o en Milán, se comenzó a comprender, leer y traducir a muchos de los filósofos helenos; casi desconocidos en Occidente hasta aquel entonces.
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Es así como nacen las primeras corrientes neoplatónicas -que en verdad fueron neopitagóricas- y el modo en que regresan a Europa las ideas de sabios presocráticos, junto a otros autores esotéricos -como Hermes Trimegistro-. Divulgándose en la Italia de entonces infinidad de textos olvidados hasta ese momento; libros que no habían llegado hasta las bibliotecas monacales durante la Edad Media, al permanecer ignorados por los doctores de la Iglesia. Este sería el caso de muchos teóricos de la escuela Jonia (de Mileto), pero sobre todo de los Samios, también llamados “italos” al seguir a Pitágoras en su academia de Crotona. Cuyos principios basados en la astronomía y la matemática les situaban en extremos opuestos al pensamiento cristiano de comienzos del Medioevo. Una ideología católica que por entonces pretendió la unificación de la filosofía grecorromana con la cristiana. Para lo que hubo de prescindir de toda corriente que mencionase ideas cosmogónicas, esotéricas o de reencarnación; tanto como aquellas que aludieran las mitologías antiguas. Consecuentemente, serían ignorados por los doctores de la Iglesia los textos de sabios como Platón y de sus seguidores; tanto como las obras de los pitagóricos y de los presocráticos. Desapareciendo así la mayor parte de la filosofía anterior a Aristóteles de los conventos occidentales; aunque gran parte de aquellas teorías presocráticas se conservó en Bizancio (de donde regresaron a Italia, hacia 1450).
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JUNTO ESTE PÁRRAFO: Medalla esculpida por Pisanello, representando a Juan VIII de Constantinopla. Penúltimo emperador de la dinastía Paleólogos, hermano de Constantino el último rey bizantino, que fue muerto en el asedio turco cuando el Imperio de Oriente cayó en manos de los Otomanos. Decenios antes de que los musulmanes se hicieran con su reino, Juan VIII (Paleólogos) visitó Roma con el fin de unificar la Iglesia ortodoxa y la católica. Para ello celebraron un concilio en Ferrara (en 1439) donde Juan VIII asistió acompañado de sus doctores. Uno de sus grandes próceres era Georgios Gemistos; quien había cambiado su nombre por el de Pletón, tras convertirse en un ferviente neplatónico. Este famoso sacerdote, astrónomo y sabio bizantino; finalmente fundó la Academia de Florencia (después del concilio ferrariense). En ella tradujo para los Medici numerosos ejemplares de filósofos platónicos y pitagóricos, enseñando griego a sus alumnos; reintroduciendo las teorías de Platón y de Pitágoras en Occidente. En esta Academia de Florencia, que apoyó y fomentó Cosme de Médicis; estudiaron finalmente humanistas como Masilio Ficino, Malatesta o Leonardo Bruni. Habiendo tenido una enorme influencia en todo el desarrollo y expansión del Renacimiento.    
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ABAJO: Fotografía de la fachada principal de El Escorial. Este convento-palacio fue edificado por Felipe II ciento treinta años después de la llegada de los bizantinos a Europa. Pese a ello, las condiciones de libertad y estudio en época de Felipe II eran ya muy diferentes; por lo que su biblioteca y claustro no pudo experimentar el auge ni la expansión intelectual que vivió la Italia del primer Renacimiento. Pues aunque El Escorial fue terminado casi un siglo y medio después del concilio de Ferrara y de la fundación de la Academia de Florencia. Durante el desarrollo del siglo XVI se produjo un hecho fundamental que impidió el progreso; como lo fue la implantación generalizada de La Inquisición. Un sistema de control y cesura de todo texto e idea, que se interpuso de forma sistemática en cualquier investigación científica. Institución que ganó mayor fuerza tras la llegada de Felipe II al trono; quien desde 1558 endureció las medidas de intervención y proceso del Santo Oficio. Unos hechos que -a mi entender- impidieron se desarrollaran las ideas e investigaciones en nuestras tierras; quedando finalmente España al margen de esas “luces” que se iban encendiendo en el norte de Europa e Inglaterra.
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Una última circunstancia enfocó la vida de Felipe II hacia una mentalidad medieval, ajena a los principios del Renacimiento: Las guerras de religión que decide llevar a cabo después de su victoria en Lepanto. Confundiendo la lucha contra el enemigo sarraceno, con las contiendas contra los protestantes; desde 1585 se embarca en el intento de invasión de las Islas Británicas, después de años enfrentándose a los “herejes” en centro Europa (Flandes). Finalmente, aquellas contiendas religiosas llevadas a cabo por quien debía haber sido un rey moderno, terminaron arruinando el país. Todo ello sucedía en una nación como España, que decenios antes había sido la élite de Europa; al igual que lo fueron Italia y Portugal. Donde hasta 1520 se discutía con libertad sobre astronomía, arte, ciencia o teología. Promoviéndose centros de estudio, como la Escuela de Sagres lusa, las academias y universidades italianas o las españolas (sin lugar a dudas, las mejores hasta entonces). Donde afloraron figuras como Miguel Servet, Francisco de Vitoria y hasta el famoso maestro Ciruelo; todos anteriores a ese edicto de 1558 desde el que Felipe II se propone censurar y controlar cualquier escrito o idea a través de la Inquisición. Momento en el que se acabaría en el Sur de Europa la capacidad de investigación y estudio; puesto que las autoridades habían confundido la ciencia con magia y el pensamiento libre con la herejía (1) .
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Como hemos expuesto antes de las imágenes, la Iglesia bizantina en el siglo XV muy poco tenía que ver con los principios férreos que el catolicismo preconizó después -especialmente desde mediados del XVI-. Tanto fue así, que muchos de los cardenales y obispos ortodoxos en 1450 se dedicaban a la astronomía o a las prácticas esotéricas y filosóficas más antiguas. Siendo común incluso que predicaran ideas sobre la reencarnación y hasta politeístas. Tal como hizo Georgios Gemistos (Pletón) quien terminó sus días en tierras de Grecia, postulando la existencia de varios dioses e incluso enseñando a sus discípulos cómo rendir culto a deidades del panteón heleno. Todo cuanto narramos, influyó no solo en el pensamiento del Quattrocento; sino además tuvo una enorme repercusión en las artes, motivando que los creadores representasen dioses grecorromanos. Naciendo así una enorme fuente de inspiración de donde procederán infinidad de pinturas y esculturas renacentistas, con imágenes de mitología antigua.
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Pero asimismo, este influjo bizantino generó una corriente de estudio filosófico y científico partiendo desde las teorías de las escuelas helenas. Ideas muy antiguas en las que ya se afirmaba el heliocentrismo o la rotación y traslación de la Tierra. Teorías de sabios griegos que -con toda seguridad- pudieron leer científicos, como Copérnico. A quien se considera el primero en concebir un Sistema Solar con un astro rey en el centro y el globo terráqueo girando, junto al resto de los planetas. Aunque ese modelo copernicano sigue otros muy similares, que ya plantearon algunos pitagóricos; como Heráclides Póntico o Aristarco de Samos (en siglo III a.C). Ideas griegas que el astrónomo polaco pudo leer durante su juventud, cuando desde 1496 a 1507 estudió en Bolonia, Roma, Padua y Ferrara (regresando en algunas ocasiones a su Cracovia natal, donde fue nombrado canónigo, embajador y gobernador). Asimismo, sabemos que Copérnico vivió posteriormente largas estancias en Italia; al menos hasta 1523. Todo lo que debió permitirle no solo leer los textos griegos que referimos, sino también comprobar junto al Mediterráneo las observaciones realizadas por los helenos miles de años antes.
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Durante el tiempo que Copérnico residió parcialmente en Italia (hasta 1523) no había una confrontación religiosa en Europa. Pero en esos años se produjo el cisma luterano y debido a ello, gran parte de los sabios centroeuropeos quedaron del lado protestante. Siendo este el principal motivo por el cual el heliocentrismo se estudió y admitió rápidamente entre los que apoyaban a Lutero (con el fin de contradecir a Roma). Siguiendo algunos de estos científicos protestantes el sistema copernicano, previamente incluso a que el autor lo publicase en su libro póstumo (donde el astrónomo finalmente lo divulgaba). Debido a que muchos de esos discípulos del sabio polaco habían conocido de primera mano esas ideas que Copérnico no se atrevió a editar en vida -seguramente por temor y al carecer de permiso eclesiástico; ya que él permaneció en el catolicismo-. Entre estos se encontraba Maestlin, un destacadísimo matemático que trabajó como diácono luterano y profesor de Heidelberg. Quien aceptó y enseñó por primera vez las teorías heliocéntricas, mostrándoselas en Tubinga a un jovencísimo Johannes Kepler; un discípulo adelantado, con el que mantuvo gran amistad. Por su parte, Kepler en sus principios estaba más interesado en el mundo esotérico; por cuanto debió influir mucho para que su admirado maestro calculase el “número de oro”. Una Sección Áurea que Maestlin resuelve por primera vez en la Historia; al describirla en una carta que dirige a su alumno Johannes, definiéndola como: “Raíz cuadrada de cinco partida por dos más un medio”; que es el valor real de F = (1,61803...) (2) .
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ARRIBA: Los famosos “Cuatro Postes” de Ávila; humilladero a la salida de la ciudad, junto al antiguo camino de Valladolid-Salamanca. Famoso monumento donde rezaban y se despedían los viajeros, al abandonar la villa amurallada, antes de partir. Se dice que fue en este lugar donde Santa Teresa se quitó las sandalias y las golpeó para hacer caer de ellas la arena; pronunciando la famosa frase “de Ávila ni el polvo”. Esta anécdota, que no sabemos si es verdadera, reflejaría el problema en el que se veía inmersa la santa entre 1574 y 1575. Cuando La Inquisición estudiaba una causa contra ella y repetidas denuncias por hereje, que finalmente la llevaron a prisión un año más tarde. Poco antes (1574 -75), sabemos que se dedicó a viajar entre Salamanca, Medina del Campo y Valladolid. Por lo que es posible que en alguno de sus traslados saliera enfadada de Ávila; y sin conocer aún la causa que El Santo Oficio seguía contra ella, se quitara allí las sandalias, pronunciando aquella frase. Pensando seguramente que la animadversión manifestada por sus conciudadanos, nacía de su reforma en la Orden Carmelita; cuando exigió que en sus fundaciones se mantuvieran descalzos. Esta regla que quiso imponer en sus conventos, le enfrentó con los carmelitas calzados; a quienes la santa consideraba miembros de una institución feudal, en la que entraban tan solo para vivir cómodamente -bien vestidos, bien comidos y bien calzados-.
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JUNTO ESTE PÁRRAFO: Fotografía que tomé hace un tiempo frente a la fachada de la catedral de Salamanca; y en la que vemos unas monjas en primer plano, “iluminadas” por un extraño rayo que se cruzó entre ellas y mi cámara. La escena me recordó algunas descripciones del éxtasis de Santa Teresa... . Como decíamos, la Inquisición supuso una tremenda regresión para España; pues la censura que ejercía era tal que llegó a encarcelar a personajes como Santa Teresa y a San Juan de la Cruz. Actuando como un revulsivo contra el saber en las universidades españolas, que hasta el siglo XVI habían sido las más avanzadas de Europa. Tal fue la represión inquisitorial, que hacia 1575 el Santo Oficio también se atrevía a procesar profesores salmantinos con la talla de Fray Luis de León. Por lo que desde aquellos momentos, los alumnos universitarios de nuestro país vivieron una crisis de valores de enorme magnitud; tanto que muchos fueron capaces de mofarse de personajes como Francisco Salinas. De ese modo, ya en el siglo XVII la regresión y la ignorancia habían alcanzado las universidades españolas -debido a la censura inquisitorial- y pronto aquellos centros de enseñanza se convirtieron en un nido de “señoritos”. Conteniendo un alumnado a veces incontrolado y peligroso; donde ni los corchetes se atrevían a actuar contra esos chicos que vivían en una cuasi anarquía (cometiendo excesos de todo tipo y hasta crímenes, sin que intervinieran las autoridades).
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B) - Nacimiento de la “religión del pensamiento” (el origen de “las luces”):
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Como es sabido, desde comienzos del siglo XVI, Europa sufrió la división en dos partes; declarándose una zona protestante y otra católica -mediterránea-. Momento histórico de grandes conflictos, durante el que comienzan guerras de religión intestinas en nuestro Continente (unos hechos que no habían sucedido desde la Alta Edad Media). A esta división religiosa, se sumó cierta debilidad intelectual entre los prelados que dependían del Vaticano. Quienes al verse superados por los conocimientos científicos de sus homónimos luteranos o anglicanos, optan por negar el método científico como medio de transcender. Es así como entre los católicos, desde 1550 se ordena a la Inquisición juzgar las ideas y censurar o ratificar todo escrito. Lo que supuso un retroceso de tal magnitud, que en 1615 hasta se negaron las teorías heliocéntricas de Copérnico (aceptadas anteriormente por una gran mayoría). A consecuencia de esa regresión intelectual condenaron a Galileo; actuándose de forma igual contra todo método de estudio inductivo -intentando acabar también con los sistemas deductivos, nacidos del Renacimiento-. Mientras esto ocurría en el mundo católico, los protestantes (en contraposición) fomentaban la ciencia; potenciando astrónomos como Maestlin o Kepler. Durante unos mismos años en los que el Santo Oficio prohibía toda publicación “moderna”, actuando como una “maza” intelectual; tan injusta y dura, que encarceló personajes con la relevancia de San Juan de la Cruz, Santa Teresa o Fray Luis de León (entre otros cientos de místicos y estudiosos penitenciados).
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De un modo muy diferente, los investigadores protestantes que buscaban la mística, desarrollaron métodos de estudio para trascender a través del conocimiento. Destacando entre ellos Kepler, del que ya dijimos, era un pitagórico convencido. Ideología que en su tiempo se denominaba “neoplatónica” y que en Italia procedió principalmente de los conocimientos que desde 1440 se habían divulgado en la Academia de Florencia. Teorías filosóficas enseñadas primeramente por el famoso diácono bizantino “Platén” (Georgios Gemistos), continuadas por sabios como Marsilio Ficino, Luca Pacioli o Pico della Mirandola; unas ideas que a comienzos del siglo XVI comenzó a prohibir la Iglesia. Muy por el contrario, en el mundo anglosajón y germano, se potenciaron aquellos estudios científicos (muchos de ellos procedentes del esoterismo más puro); naciendo de ese modo figuras cruciales para la historia de la astronomía y la matemática. Como los fueron Kepler y Newton; quienes logran establecer las bases de la mecánica celeste y crear sistemas de cálculo o de pensamiento, basados en el pitagorismo.
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Será así como llegamos al siglo XVIII con la gran cabeza científica de la Historia, coronada en Newton: Genio matemático y físico; pero asimismo como filósofo, sabio y místico. Cuyo nombre y sus teorías, alejan toda duda acerca del concepto de la verdad en su tiempo; pues en sí mismo los escritos de Newton se convierten en La Verdad. No solo por su revolución y revelación intelectual en ciencia o astronomía, ni unicamente tampoco por sus innovaciones en el campo de la física o de los inventos; sino además por el valor teológico y místico de sus descubrimientos. Debido a que Newton -al igual que antes hizo Kepler- había buscado a Dios en todos sus análisis científicos. Pretendiendo alcanzar y comprender la belleza de la Creación divina, a través de las proporciones en la física, en el significado del número y en la mecánica celeste. Un método casi igual al que utilizó dos mil años antes el famoso Pitágoras, pero que en el caso de Newton sirvió para resolver enigmas con la importancia de la ley de los graves. Teoría que formuló el científico inglés partiendo desde las premisas de Kepler y concibiendo un Universo creado a modo de un “gran arpa”; donde las proporciones y movimientos de los astros guardaban una relación semejante a la que existe entre las notas musicales. Un paradigma pitagórico, para muchos increíble; pero que Newton logra resolver demostrando que los cuerpos se sustentan en base su masa y al cuadrado de su distancia. Del mismo modo que los intervalos musicales se establecen en base la tensión de la cuerda (en proporción del cuadrado) y a la distancia entre los tonos; siendo siempre la razón de la Octava musical “una raíz de dos” (cuadrada, quinta, sexta etc...) (3) .
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Será este momento cuando nace la “nueva religión”, con su única fe en la ciencia. Apareciendo así desde comienzos del siglo XVIII lo que hemos denominado “la religión de las luces”, basada en los conocimientos. Cuyo máximo exponente se fija en la figura de Newton, al que podemos considerar el “San Pedro” del culto al racionalismo ilustrado. El gran santo de ese momento histórico llamado La Ilustración, donde nacen enormes figuras de la sabiduría y la ciencia. Creyéndose en ellos del mismo modo que antes la Sociedad había tenido fe en los mas destacados hombres del cristianismo. Por todo cuanto desde este tiempo, en las naciones ilustradas, los representantes del clero pasan a un segundo plano; ocupando las élites los científicos y los investigadores. Todo lo que genera una etapa basada en la razón, donde cualquier idea no fundamentada en principios científicos carecía de sentido.
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ABAJO: Billete antiguo de una Libra, con la efigie de Isaac Newton; un científico que principalmente buscaba a Dios, a través de sus estudios. Tanto fue así, que sus escritos teológicos superan con mucho las horas y hojas que dedicó al tema empírico. Algo similar le sucedía a Kepler, quien necesitaba darse respuestas místicas a través de la mecánica celeste. Ambos se plantean un Universo creado bajo unos parámetros y proporciones matemáticas, regidas por las reglas de belleza y armonía que contiene la música. Partiendo desde esa premisa que nos puede parecer una locura, lograron resolver el movimiento de los astros o las distancias y equilibrios entre ellos; formulando Newton la ley de gravitación universal y Kepler sus “tres leyes”. Todo ello generó un pensamiento que prevalece en el siglo XVIII y donde la verdad será la palabra del científico; que como estos dos genios, lograban resolver los misterios de la vida. Una nueva verdad que hará tambalear los cimientos de las creencias religiosas; hasta entonces indiscutibles, pero que desde la Ilustración comienza a enfrentase al conocimiento. Por cuanto las razones bíblicas o de fe dejaron de ser tenidas en cuenta, pasándose a creer en la verdad científica.
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C) - Del Rey Sol, al Faraón de Francia:
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Esta ideología ilustrada no solo aportó ciencia y filosofía; sino además indujo numerosos inventos que promovieron la Revolución Industrial. Por su parte, es en este siglo de “La luces” cuando se decide compartir los conocimientos y la cultura; haciendo creer a todos que definitivamente la sabiduría y la verdad “salían por fin del secretismo eclesiástico” y que se sacaban de los conventos, para ser divulgados. Siendo así como teóricamente se dan a conocer los misterios de la ciencia o de medicina; que la religión habría guardado bajo llave. Por cuanto decimos, durante el esa centuria del XVIII se crea un nuevo método de pensamiento, enseñanza y Sociedad. Aunque pese a sus innovaciones, la Sociedad siguió plenamente arraigada a la cultura anterior; pues su fin nunca fue destruir el mundo heredado, sino mejorarlo -pese a pretender modificar muchos de los valores religiosos y morales previos-.
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Aquel espíritu de la Ilustración provocó finalmente la Revolución Francesa; fracasando de lleno en sus intenciones y premisas, pues cuanto se planteó como una “fraternidad, igualdad y legalidad”, terminó en una carnicería civil sin parangón en la Historia gala. Pese a ello, los principios del ilustrado serían heredados por las élites del XIX; aunque tras los sucesos de Francia y con la llegada de Napoleón, el sistema de pensamiento entró en plena crisis. Ya que esa revolución que pretendió la justicia social, iniciada bajo las ideas de “las luces”; provocó lo nunca visto. Un enfrentamiento entre franceses, que cuando se encaminaba hacia una guerra civil, fue parado por quien se coronó emperador (pretendiendo instituir un modelo de Estado faraónico). Cayendo así en descrédito -o en el olvido- la Ilustración y los valores del siglo XVIII; donde tantos filósofos habían escrito sobre teoría política y durante el que multitud de científicos aportaron infinidad de avances. Consecuentemente, todo llevó a pensar que aquel arsenal de ideas “luminosas”, en el fondo tan solo habían servido para promover luchas intestinas; obligando a Francia a retornar al pasado y a las fórmulas más antiguas (como la del imperio). Así y tras comprobarse que la Humanidad no puede gobernarse por leyes científicas, ni por razones puras; las élites europeas a comienzos del XIX consideraron que los problemas sociales no debían ser resueltos por la ciencia, ni menos por la religión. De tal modo, debieron pensar que era mejor regirse por la intuición, el orden, la milicia y la emoción (olvidando la razón). Llegando a crear unos Estados y países utópicos (cuasi “ilusorios”), asentados en valores imaginarios, donde los intelectuales cayeron en la melancolía o en la nostalgia. Pretendiendo retornar a los tiempos de los caballeros, a Egipto o a Roma -promoviendo modas como el nuevo imperio, el romanticismo y el neoclasicismo-.
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Mientras los ideales de la Ilustración habían quedado totalmente heridos, la Inglaterra de comienzos del XIX logró mantenerse unida en esos valores; pero desde la visión del sistema teocrático británico. Lo que finalmente llevó al resto de naciones a a imitar el Reino Unido, instituyendo de nuevo monarquías absolutistas en toda Europa, tras la expulsión de Napoleón. Debido a ello, gran parte del viejo Continente pasó a “desconfiar en sí mismo”; dejando de creer en su ciencia, en sus ideas y en su pasado. Máxime cuando la autoridad moral partía desde un imperio como el Inglés; que sustituía en gran parte al español, en sus funciones de ultramar y en su labor “occidentalizadora” del Planeta. Debido a esta situación tan extraña, desde 1850 los sentimientos y las ideologías europeas se “maximizaron” hacia los extremos. Existiendo una parte de población continental que se avergonzaba de pertenecer a imperios rococós; mientras el resto vivía el sueño romántico de los reinos coloniales. Asimismo, los filósofos y los hombres de estudio se dividieron; distinguiéndose entre quienes apoyaban la mentalidad imperial y quienes la denostaban. De tal modo, llegó la crisis y ruptura social a fines del siglo XIX; con opiniones enfrentadas. Donde los militaristas chocaban frontalmente con quienes se oponían a todo ejército y propugnaban una Europa internacional, sin fronteras, ni clases. Provocando todo ello un Continente tan erosionado en sus principios, como fraccionado socialmente; con una población que solo atendía a dos posturas contrarias. Donde fue una excepción la Inglaterra victoriana; que permaneció inamovible a los principios ilustrados y hacia su monarquía imperial. Junto a una España decimonónica paupérrima, con enormes crisis económicas; que ajena al mundo europeo, llegó a intentar una “Restauración”, pretendiendo imitar el sistema inglés -en estas fechas de ruptura-.
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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Portada del libro HISTORIA DE LA DECADENCIA Y CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO de Edward Gibbon (ed. Turner). A mi juicio, lo vivido en Europa desde la aparición de la Ilustración, es muy semejante a lo sucedido durante la caída de Roma. Siendo similares las crisis ocurridas desde el siglo IV en el Imperio, con las del siglo de las Luces y la posterior Revolución Francesa, seguida de las guerras del XIX, que llegan hasta 1945. Todo ello a mi entender sería comparable con los hechos que se sucedieron en Roma desde la subida al Trono de Constantino el Grande, en el año 306; hasta la segregación del imperio, a partir del 456. Comenzando la crisis en Roma cuando se hace oficial la nueva religión, que ya era la de una gran mayoría de su población. Lo que actúa sobre aquel imperio del mismo modo como la Ilustración hizo en Europa: Llevando a desaparecer la cultura anterior y dividiendo el Continente, tras terribles luchas intestinas. Ciento cincuenta años de transformación y segregación del imperio o de Europa; provocados por profundos cambios sociales que se acompañan de una gran decadencia de las élites y del abandono de los valores antiguos.
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Por todo lo que decimos, desde el siglo XVIII y hasta mediados del XX en Europa se vivió algo semejante a lo ocurrido en Roma entre el 306 y el 456; cuando una terrible crisis llevó al descrédito del sistema clásico. Derrumbe de valores motivado porque su antiguo Estado Imperial había quedado obsoleto, al estar cimentado sobre la esclavitud y la milicia. Utilizando los antiguos romanos una gran dureza y crueldad para dominar a pueblos que conquistaban (absolutamente atrasados e incívicos). Para lograr sus fines, llegaban a diezmar las legiones, a crucificar a los insurrectos e invadidos y a celebrar juegos circenses con quienes no se sometían o con los esclavos y presos de guerra (donde la muchedumbre aplaudía la masacre personas en la arena). Unos métodos y un Estado que en sus comienzos se aceptaba y que además era el más avanzado por entonces.
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Pero con el tiempo, el propio carácter civilizador de la estructura romana, hizo que sus ciudadanos comenzasen a denostar aquellos valores basados en la milicia, la fuerza y la veneración al Emperador. Por cuanto decimos, las persecuciones de Diocleciano sobre los cristianos y los horrores hasta entonces cometidos; provocaron que se fuera extendiendo la nueva religión cristiana (al observar la población multitud de martirios y excesos). Una filosofía de paz, que se oponía a la esclavitud y cuyo problema principal residía en que atacaba a las bases primarias del Imperio (cimentadas precisamente en el culto al emperador, en las legiones y en los esclavos). Por cuanto la aceptación del cristianismo como religión oficial provocaría finalmente un nuevo orden. Todo lo que posteriormente llevó a la división, la anarquía y a infinidad de guerras internas. Principalmente cuando Teodosio sube al trono en el 379 y comienza a perseguir a quienes no eran cristianos de Nicea; fomentando las matanzas de paganos y sobre todo de herejes arrianos. Unos hechos semejantes a lo sucedido en la Revolución Francesa; cuya idea era de “igualdad, fraternidad y legalidad”, termino pasando a cuchillo a todo aquel que no fuera reconocido como revolucionario. Así, del mismo modo que hicieron en 1789, en el 379 se utilizó una filosofía de paz y fraternidad para cometer crímenes y persecuciones; lo que provocó un periodo decadente. Crisis que en Francia entroniza a Napoleón y que en Roma terminará acabando con el imperio, entorno al 456. Momento en que las invasiones bárbaras se acompañan de contiendas civiles, degradando todo el sistema; llegando a negarse el sentido propio de Roma, su ideología inicial y su filosofía de Estado.
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Tras la caída del Imperio Romano, surgirá de sus cenizas el Imperio Cristiano. Que comienza a renacer tres siglos más tarde, con los primeros intentos de reunificación bajo la nueva religión. Cuyos principios civiles y sociales eran muy semejantes a los que tuvo el antiguo Imperio; aunque bajo una filosofía nueva, dominada por el cristianismo (que reinterpretó y modificó toda la visión del Mundo Clásico). De un modo muy similar, durante el siglo XVIII surge La Ilustración, expandiendo sus ideas y su pensamiento como una religión de igualdad, fraternidad y legalidad. Todo lo que eclosiona en la revolución de 1789; aunque esta incorporación de nuevas filosofías y ciencias al espectro continental conllevó multitud de revueltas, guerras y regresiones (llegándose a las peores crisis que jamás conoció Europa, sucedidas entre 1789 y 1845). De un modo semejante, Roma sufrió el deterioro y caída desde que el cristianismo se extiende por su territorio; debido a que los principios imperiales de crueldad y belicismo estatal, se oponían a los de esa fe. Provocando todo tipo de luchas internas, crisis y enfrentamientos; principalmente cuando Tedosio utiliza el cristianismo como forma de poder y para atacar a todo aquel que no siguiera su culto. Algo similar sucedió en Europa desde fines del siglo XVIII y hasta mediados del XX (cuando el idealismo ilustrado se apodera de las mentes iluminadas; generando ciento cincuenta años de choques y conflictos).
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ABAJO: Interesante patena de vidrio fechada en el siglo IV, recientemente hallada en las cercanías de Cástulo (perteneciente al Museo de Linares, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). A nuestra derecha fotografía de la pieza de cristal, restaurada; tal como se muestra en las vitrinas de Linares. A la izquierda el cartel explicativo, donde se observa la iconografía de Cristo en Majestad, sujetando la cruz y los Evangelios; rodeado por dos personajes con áurea (que se suponen apóstoles). A los lados, dos palmeras muestran claramente el origen africano de la evangelización de la Penísula Ibérica; de donde llegó el cristianismo durante ese siglo IV por mano de mártires como San Felix y San Cucufate (venidos desde Argelia y Túnez). Procedía el nuevo culto de tierras africanas, lo que nos lleva a pensar que los primeros conversos peninsulares debieron ser arrianos. Tal como puede serlo esta patena, cuya representación no solo contiene palmeras (el famoso árbol de la vida de Cartago) sino dos personajes junto a Jesús que más bien parecen la Virgen y María Magdalena. Como hemos dicho anteriormente, las modificaciones filosóficas y de pensamiento que conllevó la expansión de la nueva religión, provocarían la inevitable caída del Imperio; basado en la fuerza, la crueldad, la milicia y el poder. Valores de la Edad del Hierro, que quedaron obsoletos tras cientos de años de paz y que fueron cuestionados en el siglo IV.
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D) – La caída del Imperio Cristiano:
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Cuanto vimos en el epígrafe anterior explica por qué Europa llegó a un siglo XX envuelta en turbulencias y tensiones. A consecuencia de no poder superar La Ilustración, que se impuso desde el siglo XVIII como un nuevo tipo de pensamiento y religión; provocando finalmente la caída de la corona de Francia, en el 1789. Una Revolución Francesa, asentada sobre las bases ilustradas, que fue tan trágica como cruel; por lo que pronto regresaría a este país la monarquía -repetidamente-. Primero en la figura del emperador Napoleón y después en la de un absolutismo paralelo y similar al que se impone en casi todas las naciones europeas. Reinstaurándose desde 1815 en todo el Continente casas reales estrechamente emparentadas, con la finalidad de evitar nuevos conflictos (para que no surgiera “otro” Bonaparte, desestabilizando y sembrando de sangre Europa). Pese a los intentos de equilibrio, en verdad había una enorme rivalidad entre estos reyes de familias tan cercanas; y más aún se odiaban los países que aquellos gobernaban. Por cuanto los choques y las tensiones fratricidas comenzaron tras la muerte de Victoria de Inglaterra; quien era madre, tía o abuela, de la mayoría de esos monarcas.
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De ese modo, mientras la Europa del siglo XIX fue dirigida por emperadores de opereta y de cuento romántico; el pensamiento ilustrado continuó existiendo. Aunque tras el fracaso de la Revolución Francesa, sus teóricos fueron radicalizándose al verse rechazados por los principios absolutistas decimonónicos (dominantes entonces). De este modo surge una ideología de izquierdas que paulatinamente fue endureciéndose; y que desde las Trade Unions (de 1824) va convirtiéndose en un pensamiento maximalista reafirmado con la aparición de El Manifiesto Comunista (Londres, 1848). Obra de Engles y Marx que completará la idea “socialista científica” con la publicación de El Capital, unos veinte años más tarde.
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De ese modo consideramos que comenzó la última fase de caída del “Imperio Cristiano”. Siguiendo un proceso a imagen y semejanza del final de Roma; y así, citando a Marx diremos que: "La historia ocurre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa” (4) . De tal modo, a mi juicio podemos equiparar la aparición del socialismo científico, con uno de los hechos más trascendentes durante la caída del Imperio Romano; como fue la invasión de Alarico. Pues si comparamos el surgimiento del comunismo y el derrumbe de las monarquías europeas, con lo sucedido en Roma. Llegamos a intuir muy semejantes, la sublevación de los godos, con la creación de aquella nueva fuerza de izquierdas. Un levantamiento contra el orden establecido que alcanza su victoria desde el 408, cuando Alarico se declara enemigo del monarca de Roma y decide asediar la capital del Imperio. Llegando a asolar Italia, sometiéndola a la hambruna y conquistando sus ciudades principales. Momento en que el emperador Honorio (hijo de Teodosio) no puede evitar que su hermana Gala Placidia sea capturada por el invasor; ni menos repeler el saqueo de Roma, que cae definitivamente en manos de Alarico en el 410. Unos hechos que podríamos considerarlos paralelos al Octubre de 1917 (la Revolución Rusa) y a la primera Guerra Mundial.
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ABAJO: Cuadro comparativo realizado por mí, en el que veremos el paralelismo entre la “caída del imperio romano” y la del “imperio cristiano”; dos sistemas, nacidos el uno del otro. Del tal manera, mientras Roma fue fundada hacia el siglo VIII a.C. y entró en profundo declive desde el año 379; el Sacro Imperio fue creado hacia el siglo IX-X y comienza a decaer desde el 1700 (con la Ilustración) llegando a la crisis de 1789 (la Revolución Francesa). Observemos en el cuadro superior el momento en que Constantinopla es invadida por los otomanos (1453 d.C.), haciendo ello que lleguen a Europa nuevas ideas y filosofías desde la derrotada Bizancio -lo que finalmente generará el Renacimiento y posteriormente la Ilustración-. Ello podemos compararlo al momento en que Roma crea el Imperio (27 a.C.) y comienzan a forjarse nuevas filosofías; ideas entre las que triunfa el cristianismo (que se expande desde el año 40). Más tarde, en Roma se producirán las persecuciones de los seguidores de Cristo (durante los siglos de las dinastías imperiales); del mismo modo que sucede en Europa cuando se lleva a cabo la Reforma, intentado renovar la Iglesia; lo que provocará dos bandos y la persecución del contrario, en cada zona dividida -atacando a católicos en países protestantes y a protestantes entre los católicos-. En el año 306 sube al trono romano Constantino, autorizando la religión cristiana; tras los martirios de Diocleciano. De forma similar en la Europa del siglo XVIII, Newton y Leibnitz reforman todas las bases de la matemática y la física; generando y confirmando un nuevo movimiento del que surgirá la Ilustración (como nueva fe social).
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Más tarde, en Roma llegaremos al año 379, con la llegada de Teodosio; una fecha que podemos comparar con el año 1789 en Europa. Pues este emperador comienza con la persecución de los paganos, obligando a todo ciudadano del imperio acatar la religión cristiana de Nicea. Ello genera un descrédito y unos desequilibrios enormes; del mismo modo que sucedió en 1789, cuando siguiendo las pautas y las teorías de la Ilustración se lleva a cabo la Revolución Francesa (que finalmente también fue una persecución). Es este el momento que podemos considerar el comienzo de la caída de Roma (año 379) y el del Imperio Cristiano de Europa (año 1789). Pues en el primer caso, tras Teodosio, su hijo Honoriono no pudo evitar el asedio de los godos y que su reino fuera invadido por Alarico (que roba a su hermana para tomarla por esposa y generar una dinsatía descendiente de la imperial). Instante histórico de Roma que comparamos con la aparición del comunismo a mediados del siglo XIX y con la gradual caída de las monarquías europeas decimonónicas desde 1875. Pudiendo ser paralela la aparición de Atila en el año 450 y el fin del Imperio Romano, con el surgimiento de los fascismos y las ideologías radicales a comienzos del siglo XX; lo que provoca el derrumbe total del Imperio Cristiano, cuya fecha límite sin duda sería 1945.
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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Pilar y capitel visigodo de la iglesia de San Salvador de Toledo (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). El mundo godo heredará el imperio romano de un modo parecido como el socialismo y los Estados Unidos (nacidos en 1776) heredaron la Europa de las monarquías absolutistas: Tras enormes crisis de valores, una gran decadencia y continuas guerras intestinas (motivadas por la corrupción y la pérdida de sentido del Estado). Durante unos doscientos años el mundo godo fue el sucesor directo de la Roma Imperial de Occidente; tanto que hacia el año 800 el imperio vuelve a surgir gracias a ellos. Creado ya como un nuevo imperio, el Cristiano de Europa; cuyo origen estuvo en la coronación de Carlomagno (el año 800), que culminará con el Sacro Imperio Romano Germánico, que surge el 962 (con la de Otón). Tras ello, se producirá un “renacimiento” llamado “Románico” -regreso a Roma que se desarrolla del siglo XII al XIII- desde el que surgirán los restantes movimientos culturales y artístiscos.   
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ABAJO: Disco de Theodosio (o Teodosio) tal como lo muestra el Museo Romano de Mérida -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Es una réplica del original hallado en Almendralejo, que guarda la Real Academia de la Historia. Teodosio, nacido en España (probablemente en Coca) es el emperador que motiva realmente la regresión de Roma. Pues si desde Constantino se había admitido la religión cristiana debido a la conversión generalizada en la población y a las atrocidades que Diocleciano hizo con los seguidores de Cristo. Teodosio actuó de manera radical, admitiendo solo el cristianismo de Nicea, intentando erradicar toda otra secta (como la arriana) y persiguiendo a los que siguieran creencias diferentes. Promoviendo matanzas de paganos, prohibió los juegos y destruyó los templos no cristianos; demoliendo hasta el Serapeum de Alejandría -y probablemente su biblioteca-. Todo ello erosionó el prestigio del cristianismo y el de las autoridades romanas, que se vieron de nuevo en evidencia (tal como sucedió con Diocleciano, cuyos martirios de seguidores de Cristo solo sirvieron para que aumentasen los bautismos). De tal manera, consideramos que Teodosio fue para el cristianismo algo similar a la Revolución Francesa para las teorías de la Ilustración. Pues ambos casos motivaron la desconfianza de todos, hacia la ideología que promulgaban. Ya que la etapa de Teodosio, al igual que la Revolución, terminó siendo un baño de sangre y una venganza de unos contra otros. Finalmente, debido a las persecuciones y al descrédito de Teodosio, su hijo Honorio cayó en manos de los godos; quienes eran arrianos y por lo tanto herejes muy perseguidos por su padre. De igual forma, tras la Revolución Francesa surgió un periodo de regresión y negación del mundo ilustrado, debido a la escabechina que realizaron en nombre de los valores “igualdad, fraternidad y legalidad”.
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Tal como planteamos, es posible comparar la caída de las monarquías europeas del siglo XIX, con la desaparición de Roma. Observando que tras Alarico y la debilidad total de Honorio, se sucederán decenios conflictivos en los que el mundo godo va ganando terreno al latino, hasta que finalmente heredará gran parte del Imperio de Occidente. Llegándose así hasta el año 430, cuando esos nuevos dueños se hacen definitivamente con Hispania, Galia y Britania (que caerá en manos de los distintos pueblos francos). Momento semejante a nuestros años treinta (del siglo XX); cuando tras el desastre de la primera Guerra Mundial y la crisis de las luchas fratricidas entre las diferentes monarquías europeas; triunfa el socialismo. Aunque asimismo se produjo por entonces el nacimiento de los fascismos, surgiendo figuras como la de Hitler. Un personaje que considero semejante a Atila; quien en plena crisis absoluta, aparece con sus hordas hacia el año 450, pretendiendo arrasar y dominar a godos y romanos. Así fue como los nazis, al igual que los hunos, no lograron subyugar Europa y finalmente fueron derrotados -principalmente por los godos-. Aunque poco después (tras el 456) podemos considerar que Roma ya termina; al igual que en 1945 el Continente europeo entra en una nueva fase; tras la derrota alemana y el dominio de Rusia junto al mundo anglosajón.
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De esa manera el Imperio romano se diluyó desde la fecha dada (el 456) y tardará tres siglos y medio en volver a resurgir, renaciendo como un Imperio Cristiano. Un nuevo mundo europeo heredado por los godos, que se organizan como un Estado de Estados y bajo la guía común de la religión católica. Todo lo que se logra hacia el 800, con la famosa coronación de Carlo Magno como rey de los romanos, que daría paso al posterior Sacro Imperio fundado el 962. Una unión europea de países cristianos que con sus crisis y sus diferencias, se mantuvo uniforme y estable hasta la Revolución Francesa. Momento en que la religión queda apartada como fundamento de poder, sucediéndose infinidad de rupturas en el Continente (durante el siglo XIX); lo que aboca a las dos Guerras Mundiales y a la Revolución Rusa. Todo lo que llevará a que en 1945 definitivamente podamos decir que desapareció el Imperio Cristiano de Occidente -después de permanecer en crisis desde 1789-. Siendo sustituido por otras fuerzas y otros países (ajenos a la Europa continental) que desde esa fecha lideran su destino.
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SOBRE ESTAS LÍNEAS: De nuevo otro gráfico, aunque en este caso ya vemos la trayectoria de los dos imperios (el romano y el cristiano).
Para una mejor comprensión de las fechas y hechos que damos los analizaremos paso por paso:
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Siglo VII a.C.: Fundación mítica del imperio romano
Año 800 (d.C.): Coronación de Carlomagno -fundación del Sacro imperio-.
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Años 509 a.C.: Inicio de la República romana
Año 962 d.C.: Creación del Sacro Imperio Romano Germánico.
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Siglo III a.C.: Nacimiento de la Roma clásica a imagen de la Grecia Helenística.
Siglos XI al XII d.C.: Se inicia en Europa el románico, como un renacimiento y regreso al modelo romano.
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Siglo I a.C.: República tardía; plenitud del mundo clásico.
Siglos XIII al XV: Nace el gótico, plenitud y superación en la Edad Media.
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Años 27 y 40 a.C.: Imperio romano. Nacimiento del cristianismo.
Años 1440 al 1453: Caída de Constantinopla y llegada de las bibliotecas bizantinas a Europa. Origen del Renacimiento, quattrocento.
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Siglos I, II y III d.C.: Dinastías imperiales, persecuciones de cristianos.
Siglos XVI y XVII: Del Renacimiento hasta los cismas de protestantes. Comienza el siglo XVI con libertad de pensamiento, pero desde 1525 se inician guerras y persecuciones de religión en toda Europa.
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Año 306: Constantino, la religión cristiana oficializada en Roma.
Desde 1700: El pensamiento ilustrado y científico, oficializado en el mundo protestante. Las zonas católicas lo considerarán herejías.
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Año 379: Teodosio sube al trono y prohíbe todo culto que no sea el cristiano de Nicea; comienzan las persecuciones de paganos (a consecuencia de ello muchos buscan el apoyo de los pueblos godos, que profesaban el arrianismo).
Año 1776: Independencia americana. Llevada a cabo con el apoyo francés y bajo los valores del siglo de las luces. Es la única revolución que triunfa (junto con la posterior de Rusia), en el epígrafe final hablamos de ella.
Año 1789: Revolución Francesa. Bajo la ideología ilustrada, la utopía se convierte en un desastre. Todo ello mancha el buen nombre de la ilustración, cuyas teorías se ponen en duda al observar las consecuencias de la revolución.
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Año 408: Alarico se declara enemigo de Roma; asedia la capital y rapta a la hija del emperador Teodosio. Comienza el declive final con las sucesivas guerras intestinas e invasiones.
Año 1808: Napoleón acaba con las revueltas de la revolución y extiende su poder por Europa; este será también el comienzo del fin en el imperio cristiano de Europa; aunque muchas de sus naciones intentarán regresar a las colonias imperiales.
Año 1848: Manifiesto comunista.
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Años 456-476: Caída del Imperio Romano.
Año 1875: Crisis de los imperios coloniales europeos.
Año 1914: Guerra entre las monarquías europeas (Gran Guerra).
Año 1917: Revolución Rusa.
Año 1930: Los fascismos.
Año 1941-45: Segunda Guerra mundial. Final de los imperios cristianos de occidente.
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ABAJO: De nuevo un gráfico de fechas; en este caso recogidas de modo más lineal y junto la foto de una preciosa lápida fundacional. Se trata de una estela de consagración de la basílica de Sta Mária de Mérida (siglo VII); perteneciente al Museo de Arte Visigodo emeritense -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Sobre y bajo ella, podemos ver de nuevo las cronologías de las que hablamos.
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E) – Conclusión; La caída del Imperio Cristiano y las revoluciones que triunfaron:
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Cuanto hemos expuesto en el epígrafe anterior muestra el modo en que surgió y desapareció el Imperio Romano y el Cristiano; ambos nacidos y caídos de maneras muy parecidas. Así vimos que de forma paralela, Roma se prolongó durante un milenio -aproximadamente- y tardó ciento cincuenta años en disolverse (decayendo paulatinamente desde el 408 d.C.). De un modo semejante, el imperio cristiano de Occidente se origina desde el Sacro Imperio (que surgió tres siglos después de Roma); entrando en crisis con la Revolución Francesa, para desaparecer después de las Guerras Mundiales -durante una fase de crisis decadente de siglo y medio-.
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Todo ello nos muestra un paralelismo indiscutible en el cual vemos que los godos heredaron Roma; del mismo modo que las dos únicas revoluciones que lograron triunfar en el siglo XVIII y XX, serán las que más tarde gobernarán sobre Europa. Nos referimos a la Rusia posterior a 1917 y a los Estados Unidos nacidos de las teorías ilustradas y que en 1776 lograron la independencia. Una separación de Inglaterra conseguida con el apoyo de Francia; lo que a su vez motivará que años más tarde los norteamericanos avalasen la Revolución Francesa. Aunque tristemente aquella otra revuelta no tuvo una misma orientación; pues el enemigo en el caso de los galos estaba dentro del territorio y la liberación allí consistió en acabar con todo individuo que no pensase como uno mismo... .
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ARRIBA : Capitel del tetramorfos (con los cuatro evangelistas) en el museo arqueológico de Córdoba -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Este capitel de mármol fechado en el siglo VII, es un ejemplo de la belleza y sencillez del estilo visigodo. Donde se guardaban las formas clásicas de manera simplificada y esquematizada (tal como actualmente parece haber sucedido con las artes, que sufren un periodo de enorme esquematización o simplificación).
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ABAJO: Cancel del siglo VII, perteneciente al museo de arte visigodo de Mérida -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Estos bloques de piedra, eran usados en los edificios públicos e iglesias, para marcar la separación entre zonas; señalando con aquellas paredes pequeñas los lugares que debían ocupar personajes de relevancia, los sacerdotes y etc.. El que tenemos en foto, es de una enorme belleza y sencillez; representando árboles y lo que parecen palmeras y un granado -el fruto de Perséfone-. A mi juicio, cuanto sucede en el mundo del arte contemporáneo es muy semejante a lo que se vivió durante la época visigoda. En la que se pretendió imitar el mundo clásico romano, aunque por falta de medios y de técnica; todas las artes se simplificaron llegando hasta expresiones tan sencillas como el naif.
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Antes de las imágenes expusimos cómo las dos únicas revoluciones que triunfaron durante el declive del Imperio Cristiano, fueron: La de Estados Unidos (llevada a cabo entre 1775 y 1783) y la posterior de Rusia (nacida directamente de la Primera Guerra Mundial). Habiendo sido esos dos los únicos casos en que finalmente se llegó al gobierno de ideologías nacidas desde la ilustración y de teorías totalmente ajenas al Imperio Cristiano. Debiendo considerarse a mi juicio, que ambos casos tienen un paralelismo absoluto con la de los godos, germanos y francos en Roma -la aparición histórica de Rusia (la Unión Soviética) y de los Estados Unidos-. Quienes finalmente se hacen con los restos del imperio; viniendo a asediarlo tras su decadencia plena, en el año 408. Momento en que aquellos pueblos de la Europa central y del Norte, heredan realmente el sentido y la fortaleza del sistema romano. Tanto que ya en el siglo IX Carlomagno deseó hacerlo renacer; algo que logran los germanos en el 962. Recreando su arte, al que llamaron románico; recomponiendo sus leyes, a las que denominaron fueros; o rehaciendo sus costumbres y formas de vida.
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Todo lo que en verdad realizaron esos pueblos que heredaron Roma, fue imitarla y finalmente volver a crearla. Aunque en el Mediterráneo se llame bárbaros a estos godos, con un enorme sentido xenófobo -un apelativo que significaba salvaje, además de inculto e incívico-. Pero en verdad, aquellos bárbaros lograron oponerse a una Roma decadente y salvar gran parte de sus valores. Tanto que los merovingios, los visigodos, los francos o los germanos; fueron los verdaderos sucesores del Imperio Romano de Occidente. Sustituyéndolo en un momento histórico en que las familias hipanorromanas, galorromanas o italorromanas; vivían la plena decadencia, la incultura y hasta la podredumbre. Tanta como para que estos nobles romanos se dedicasen a perseguir a paganos, a los herejes arrianos o a los mitraicos; del mismo modo como antes habían hecho con los cristianos: Destruyendo sus imágenes, derrumbando sus templos, quemando bibliotecas y matándolos de las maneras más crueles (tan solo por profesar un culto distinto). Una decadencia romana que generó infinidad de luchas intestinas, mandadas por gobernantes tan corruptos como decadentes. Todo lo que puede compararse con los sucesos vividos en Europa durante la primera mitad del siglo XX. Cuando las guerras fratricidas solo llegan a superarse en su degradación y degeneración, con hechos tan terribles como el Holocausto nazi.
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Finalmente añadiremos que cuanto hemos expuesto y reflexionado, nos lleva a pensar que si los norteamericanos y los rusos realizan sobre el Imperio Cristiano la misma función que los godos hicieron en el romano: Luchar contra su corrupción, participar en las guerras intestinas y heredar sus formas de vida. No nos ha de caber la menor duda, de que en los tiempos venideros -en un siglo al máximo-; unos y otros fundaran un nuevo orden que sucederá a esa Europa que murió en el siglo XX (tras ciento cincuenta años de crisis). De tal modo, todo lo que hoy se denomina globalización debería atender a esa idea de regeneración y renovación del Mundo Clásico. Aunque también parece claro que esa globalización no llega a entenderse de pleno; debido a que las bases filosóficas del “nuevo mundo” por venir, aún no han sido del todo definidas. Ademas a ello se suma uno de los problemas actuales que reside en que la estética y ética del arte contemporáneo. Un arte que ha quedado en “estado bárbaro”; ajeno a la filosofía clásica y buscando tan solo estéticas muy sencillas o simples (como sucedió en etapa goda). Una crisis artística y de valores que se superará cuando surja un nuevo renacimiento, que busque el regreso a las fórmulas clásicas -tal como hizo en su día el románico y más tarde el quattrocento-.
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IMAGEN AL LADO: Excavación y restos en el interior de la basílica de Santa Eulalia de Mérida (del siglo VI) -agradecemos a esta institución nos permita divulgar la imagen-. Como ya hemos comentado en otros artículos, Santa Eulalia fue una de las más veneradas en España durante los inicios del cristianismo. Pues al parecer se trataba de una niña de Mérida, que con unos doce años sufrió martirio por no querer rendir culto a los dioses paganos (en época de Diocleciano, hacia el año 304). Sabemos que el cristianismo entró a la Península en gran parte desde África, ascendiendo por la ruta de la Plata; en muchos casos importado por legionarios romanos que se dirigían a sus puestos de milicia situados en Lugo, Astorga y León. Ello explica la importancia de esta santa y de su basílica en Mérida, que poco después de su muerte (desde la época de Constantino) ya se convirtió en un lugar de culto y peregrinación.
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ABAJO: Tres planos de una misma pilastra del siglo VII; tal como se exhibe en el Museo Visigodo de Mérida (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imagen). Si observamos las fotos detenidamente veremos el “eclecticismo” y mezcla de estilos que contiene el pilar. Que por un lado parece egipcio, en otras zonas asemeja el arte sirio y en otros cantos es ya una pieza tardoromana y goda. Ello se debe a la herencia que guardó el pueblo visigodo de España, que en verdad sucedió en gran parte todo cuanto supuso Roma -cuando los hispanorromanos ya apenas recordaban en el siglo VII, lo que había sido aquel imperio-. Pese a ello, la simplificación es la pauta que muestra cómo aquellos bárbaros no habían resuelto el mundo clásico y sus misterios artísticos; porque nunca conocieron los métodos para crear técnicamente esculturas como las griegas o las romanas (algo que tan solo se volvió a lograr en época del Renacimiento). A mi juicio, algo semejante sucede hoy en día con las artes, las letras y la filosofía; cuya simplificación actual en música, pintura o literatura, solo demuestra aquella incapacidad para entender el mundo clásico (de un modo semejante y como pasaba en época de los godos).
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CITAS:
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(1): PARA COMPRENDER MEJOR LO QUE SUPUSO LA INQUISICIÓN EN EL MARCO DE FELIPE II, PODEMOS LEER EL SIGUIENTE TEXTO DE LAS:
Actas del Simposium (1/4-IX-1993) EL ESCORIAL 1994
Felipe II, El Escorial y la ciencia europea del siglo XVI
JOSE MANUEL SÁNCHEZ RON
III. EL ESCORIAL, CIENCIA E INQUISICIÓN
SIC: “el rey Felipe no dudó en promulgar en septiembre de 1558, desde Valladolid, una pragmática anunciando su intención de endurecer l censura de libros para proteger a sus subditos dlas herejías que amenazaban a la religión católica. La idea era que ningún librero pudiese importar, poseer vender libros cuyo contenido atentase contra las enseñanzas de la Iglesia romana -pag. 50- (...) Aunque los distintos índices (1559, 1584, 1612, 1632, 1640 y 1707) se concentraron en libros teológicos de la Reforma y traducciones vernáculas de la Biblia, también incluyeron autores y textos científicos” -pag. 51-
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En la pag 52, aparece una referencia de libros y autores famosos prohibidos; entre los que encontramos:
Keplerus, Joannes 1632
Osiander, Andreas 1584
Paracelsus, Teophrastus 1584
Rheticus, Georgius 1584
Servetus, Michael 1559
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En la pag. 53 vemos un listado de libros prohibidos:
La distribución por religiones es consistente con los datos anteriores. En la primera clase predominaban los luteranos (43%), protestantes (34%) y calvinistas (10%), seguidos a distancia por católicos (4%)
tipos de libros prohibidos
Medicina........................... 203 ............... 53
Astrología......................... 110 ................ 41
Matemáticas.................... 82 .................. 16
Filosofía natural.............. 54 ................... 25
Historia natural................ 50 ................... 7
Geografía........................ 37 ................... 6
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pag 56 menciona la solución para poder adquirir ejemplares para la biblioteca de EL Escorial, debido los muchos que estaban prohibidos:
SIC: “La solución definitiva llegó en 1613, ya muerto, pues, Felipe II, a través de una licencia especial, otorgada por el Inquisidor general Sandoval el 12 de noviembre; en ella se confirmaba el permiso para tener libros prohibidos, aunque con acceso reservado exclusivamente al Prior, al bibliotecario y a los catedráticos del Colegio de El Escorial. En esta licencia se dedicaba un apartado específico a obras científicas, en el que se decía lo siguiente: «Y así mismo damos licencia al religioso que ha hecho la botica del dicho convento, para que sólo él y no otra persona alguna, para las destilaciones de las Quintas esencias y para otros usos de importancia pueda tener y provecharse de algunos libros de la facultad de medicina, cuyos autores son de la primera clase»”.
(2): (Ѵ5 : 2) + ½ = 1,6180339887498948482045868343656 = F
(3): Desde la época de Newton, la afinación bien temperada se basa en raiz de dos. De tal modo, para lograr una Escala de doce notas se aplica actualmente “Lambda” que equivale a 12Ѵ2 (raíz doceava de 2) = 1,0594630943592952645618252949463 = (2 elevado a 1/12).

(4): CARLOS MARX "Dieciocho de Brumario, de Luis Bonaparte", Capítulo I

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